doveHay muchos aspectos de la fe. Sin embargo, el más brillante de ellos ¡es la confianza! La confianza es algo que tenemos, y decidimos qué hacer con ella. Decidimos en quién o en qué poner nuestra confianza.

¿En dónde ha puesto usted su confianza? ¿La ha puesto en su empleo, en su patrono, en su cuenta de banco o en sus amigos? Tal vez haya puesto su confianza en sí misma, en su antecedente de éxitos pasados, en su preparación académica, en sus talentos naturales o en sus posesiones. Todas estas cosas son pasajeras, y están sujetas a cambio. Solo el Señor es inmutable. Solo Él es la Roca inconmovible.

Como hijos de Dios, debemos recordar quién nos ha librado en el pasado y quién nos librará en nuestras tribulaciones presentes, y colocar nuestra confianza en el lugar correcto, que únicamente es en Dios. La confianza no está molesta, porque ha entrado en el reposo del Señor. La confianza no está confundida, porque no tiene necesidad de apoyarse en su propio entendimiento. La confianza no entra en el raciocinio carnal; sino que deja que Dios sea Dios.

Por otro lado, creo que la vida debe ser una celebración. Existen demasiados creyentes que ni siquiera se gozan la vida, cuánto más celebrarla. Hay muchas personas quienes verdaderamente aman al Señor Jesucristo y van camino al cielo, pero pocos de ellos se están disfrutando el viaje. Durante muchos años fui una de esas personas. . . al igual que Marta.

“Aconteció que yendo de camino, entró en una aldea; y una mujer llamada Marta le recibió en su casa. Ésta tenía una hermana que se llamaba María, la cual, sentándose a los pies de Jesús, oía su palabra. Pero Marta se preocupaba con muchos quehaceres, y acercándose, dijo: Señor, ¿no te da cuidado que mi hermana me deje servir sola? Dile, pues, que me ayude. Respondiendo Jesús, le dijo: Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas. Pero sólo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada” (Lucas 10:38-42).

Marta estaba afanada haciendo lo que yo solía hacer, corriendo de un lado a otro tratando de hacerlo todo perfecto para impresionar a Dios y a todos los demás. Compliqué mi relación con el Señor porque tenía un enfoque legalista con respecto a la justicia. Fui en busca de muchas cosas: respuestas a mis situaciones, la prosperidad, la sanidad, el éxito dentro del ministerio y cambios en mi familia. Tan solo me sentía bien conmigo misma cuando sentía que estaba logrando algo. Y resentía a las personas que eran como María, quienes se lo disfrutaban todo. Pensaba que deberían de estar haciendo lo que yo hacía.

Mi problema era que tenía demasiado de Marta y nada de María. Amaba a Jesús, pero no había aprendido nada respecto a la vida sencilla que Él quería que yo viviera. Descubrí que la respuesta estaba arraigada en la fe, aprendiendo lo que era estar sentada a los pies de Cristo, escuchando sus palabras, y confiando en Dios con todo mi corazón y mi alma.

―Tomado del libro Celebre la sencillez por Joyce Meyer. Publicado por Casa Creación. Usado con permiso.

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VIDA CRISTIANA