SuperWomanLas mujeres poderosas siempre han sido mis heroínas. Incluso cuando era niña, tenía la sospecha secreta que se suponía que las mujeres fueran fantásticas. Crecí en la época de La mujer policía, Los ángeles de Charlie y La mujer maravilla. Todas ellas luchaban contra el crimen y eran mujeres campeonas. Una vez, en la escuela secundaria, me dijeron que me parecía a Linda Carter, la primera Mujer maravilla. ¡Eso me gustó! No solo porque ella era hermosa, sino porque la mujer también tenía cerebro. ¿Quién no quisiera ser una superhéroe? Tendría un magnífico traje, hermoso cabello y equipo mágico.  Además, tendría la oportunidad de ayudar a la gente, hasta rescatarla de situaciones de vida o muerte. Tendría el poder de cambiar lo malo a bueno. El bien siempre gana y el mal es vencido.

Todavía quisiera ser como una de esas sorprendentes heroínas. Pero sé que a las mujeres poderosas no les va tan bien. Ser mujer no siempre es genial, casi nunca es fácil. He llegado a darme cuenta que mi percepción de una superhéroe es un mito, un concepto ideal de lo que la mujer perfecta podría ser o hacer.

El nacimiento de mis hijos me abrió los ojos para darme cuenta que las verdaderas heroínas de este mundo son madres.

Siempre ha sido el plan de Dios bendecir al mundo a través del canal de las madres.  Después de todo, el cien por ciento de la raza humana ha nacido a través de ¡una mujer! Pero no estoy hablando solamente del nacimiento natural, aunque esa es la clave misma de nuestro propósito. Me refiero a nuestra capacidad de servir a otras mujeres, ayudarles a “dar a luz” a los sueños, planes y objetivos que Dios tiene para ellas. Podemos hacer lo mismo por nuestros esposos e hijos. Usted y yo, cada una es hija de una sola mujer, pero podemos ser madres espirituales de muchas.  Esta habilidad especial nos hace potenciales superhéroes.

Cuando Dios le revela su sorprendente plan a María, a través del ángel, Gabriel inmediatamente le habló de Elisabet. ¿Por qué? Porque él sabía que ella no podría cumplir sola este designio. Ella necesitaba a otra mujer que la acompañara desde el principio. Todas necesitamos madres espirituales en nuestras vidas que nos ayuden a cumplir todo lo que nuestro Padre celestial tiene reservado para nosotras. Hay muchas maneras de llegar a ser madres y numerosas oportunidades para dar vida. 

Ahora que soy adulta, casada con cuatro hijos, llevo una vida, aparentemente, ordinaria. Estoy rápidamente, pasando mis años de mediana edad, viendo a mis hijos convertirse en adultos, celebrando más de treinta años de matrimonio y tratando a diario de mantenerme al día en el cuidado de mi madre. Frecuentemente, me abruman mis muchos errores como esposa, mamá, hija y amiga. Si no tengo cuidado, me concentraré en mis pecados, creeré las mentiras del enemigo y seré convencida de que soy débil e indefensa.

Pero la verdad es, en alguna parte dentro de mí, todavía hay un susurro de una Mujer maravilla. Pienso que ese susurro también está dentro de usted.  Después de todo, cuando usted y yo clamamos el nombre de Jesucristo, al instante, nos volvemos una nueva creación. En ese momento, fuimos adoptadas en un linaje real.  Fuimos maravillosamente formadas en el vientre de nuestra madre, equipadas, aptas y facultadas por el Espíritu Santo para ser heroínas y para guiar a la gente a lugares de integridad, amor y victoria. Nuestro legado femenino es ahora uno de amor, gracia y vida eterna.

―Tomado del libro Mujeres en pie de guerra por Jan Greenwood. Publicado por Casa Creación. Usado con permiso.

Use Desktop Layout
VIDA CRISTIANA