montanasHace casi veinte años, cuando comencé mi ministerio, yo estaba asustada. Tenía temor de ser rechazada. En esos días, que una mujer hiciera lo que yo hacía, era menos popular de lo que es en la actualidad cuando las mujeres predicadoras son aceptadas con mayor amplitud.

Sabía que había personas, especialmente personas nuevas, que venían a mis reuniones con la actitud de un juez. Sabía también que estaban pesando y analizando todo lo que veían y oían. Así que me inhibía al hablar, me comportaba como pensaba que ellos esperaban que lo hiciera, y adoptaba una actitud muy preventiva y cautelosa en todo cuanto hacía y decía porque quería agradarle a todo el mundo, y que todos me aceptaran.

Eso no es normal. Y no dará resultado. Tratar de obtener favor por su propio esfuerzo no solamente es una dura tarea; a menudo también es inútil. Generalmente entre más se esfuerza por agradar a alguien, más se equivoca, y menos atraída se siente la gente hacia usted.

El problema consistía en que yo estaba procurando ganar el favor natural. Esto era todo lo que yo sabía hacer. Hasta hace unos diez años no sabía nada acerca del favor sobrenatural. No sabía que era parte de la gracia. En efecto, en el Nuevo Testamento, las palabras gracia y favor son traducidas de la misma palabra griega charis. Pues bien, la gracia de Dios es el favor de Dios. Y el favor de Dios es su gracia, la cual hace que, a través del canal de nuestra fe, ocurran en nuestra vida las cosas que deben ocurrir. Es el poder de Dios que llega a través de nuestra fe para hacer lo que no podemos hacer por cuenta nuestra.

El favor, como la gracia, no se pueden comprar por la fe, pero ese es el canal a través del cual lo recibimos, así como todas las demás innumerables bendiciones de Dios.

Gracia es el poder que nos transforma y cambia nuestras circunstancias. No es por el poder o la fuerza humana que somos favorecidos, sino por el Espíritu Santo. Uno de los 25 nombres del Espíritu Santo que encontramos en la Biblia es "Espíritu de gracia". Es por el Espíritu de gracia de Dios que encontramos su favor (gracia) ante Él y los hombres.

Así que la gracia es el poder de Dios que llega mediante el canal de nuestra fe, pero en un área muy específica. Favor es la aceptación y la bendición que otros muestran hacia nosotros, porque la gracia de Dios brilla sobre nosotros. Dios hace brillar su luz y atrae la atención sobre nosotros.

Pues bien, aunque esa luz es real, generalmente es invisible para el ojo humano. En muchas ocasiones la gente ni sabe por qué nos mira con simpatía y favor. No sabe por qué les agradamos, por qué nos acepta, por qué confía en nosotros, por qué nos da su aprobación, se agrada de nuestra compañía, o nos prefiere. Sencillamente lo hace porque Dios hace brillar su luz de gracia sobre nosotros y nos otorga su favor.

Cuando descubrí el favor sobrenatural estaba agotada procurando ganar el favor y la aceptación de los demás. Desde ese momento comencé a confiar en Dios para su favor sobrenatural y esto alejó de mí la presión. Ya no tuve que preocuparme por la clase de impresión que causaba en todos aquellos que venían a mis reuniones.

Ahora casi cada fin de semana me paro frente a diferentes grupos, a quienes nunca antes he visto, para ministrarles. Si no hubiera aprendido a confiar en el Señor, por su favor (gracia), no podría hacerlo. La presión arruinaría mis nervios. Pero ahora esto no me causa la menor molestia.

Cuando confía en Dios para que le conceda su favor sobrenatural, éste alivia el estrés que se apodera de usted. En lugar de pretender hacer las cosas por sí mismo, se siente libre para disfrutar realmente lo que hace, porque ahora sabe que no es su problema cómo la gente decide reaccionar. Usted sencillamente da lo mejor de sí, hace lo mejor que puede y le deja los resultados al Señor.

Ya no hace lo que yo solía hacer ni procura ganar aceptación adulando a las personas que conoce. No necesita ser falso o hipócrita para impresionar a la gente. No tiene que disimular, manipular y andar de lisonjero, esforzándose y preocupándose día y noche, mientras se preocupa por hacer y decir las cosas de manera correcta para que los demás piensen bien de usted. Como yo, usted puede dejar de lado todo eso porque ya no busca el favor natural, sino el favor sobrenatural.

―Tomado del libro Si no fuera por la gracia de Dios por Joyce Meyer. Publicado por Casa Creación. Usado con permiso.

Use Desktop Layout
VIDA CRISTIANA