butterflylUna joven profesional de la iglesia iba todos los días hasta su trabajo en autobús. Durante una charla ella me comentó que perdía mucho tiempo en el tráfico y en las largas filas, que tenía que levantarse muy temprano cada mañana para llegar a su trabajo a tiempo. Entonces dijo: “Me cansé de andar en autobús y de no tener mi propio automóvil. Ayúdeme a orar”.

A partir de ese día comenzó a orar en esa dirección. Comenzó a ver diferentes modelos de autos y a hacer sus cálculos financieros. Un día asistió a una feria de préstamos y cuál fue su sorpresa, un banco le ofreció financiarle un vehículo nuevo, y como añadidura, le ofrecían una promoción de combustible por todo un año. En menos de tres meses esa joven pasó de andar en autobús, a tener su propio automóvil.

 Las puertas se abrieron de par en par cuando ella clamó al cielo. Y a partir de ese momento dejó la incomodidad de viajar en autobús para pasar a vivir en la comodidad de su propio vehículo.

Dios puede cambiar tus circunstancias. Dios es bueno y quiere concederte los anhelos de tu corazón. Proponte cambiar tu historia. Confía en Dios. Provoca que la mano de Dios se mueva a tu favor. Enójate con la pobreza. Moléstate con la enfermedad. Reclama tus derechos.

Cierta vez le dije a alguien: “Aprende a manejar porque Dios te va a regalar un automóvil”. Esa persona me sonrió y me agradeció por la palabra que le había dado. Nos despedimos y no volvimos a hablar acerca del tema.

Cierto día llegó una persona a la oficina que estaba familiarizada con el trabajo espiritual y social que hacemos todos los días, e impulsada por un deseo de apoyar la obra de Dios nos dijo: “Quiero donar este automóvil para fulano de tal”. ¿Sabes quién era “fulano de tal”? Exactamente la persona a quién le había dado la palabra. Brinqué de alegría. Estaba muy feliz por “fulano de tal”. Pero sucedió que todavía no había aprendido a manejar. El automóvil pasó mucho tiempo estacionado en un garaje esperando qué esta persona aprendiera. Si creemos en Dios, necesitamos accionar. La acción es una muestra de fe.

Tras mis años de fe, entendí que cuando estamos esperando que Dios haga un milagro, lo oramos, lo lloramos y lo pedimos. Pero finalmente descubrí que el milagro está dentro de nosotros. Dios lo puso allí para que lo activáramos por medio de la fe. Dicen las Escrituras: “Para el que cree, todo le es posible”.

Moisés, cercado por el Faraón y sus soldados pero seguro del poder de su Dios, llegó a un lugar donde no podía escapar con el pueblo de Israel. Montañas por todos lados y al frente el mar. No había por dónde huir, pero Moisés continuaba teniendo fe en Dios.

Posiblemente te encuentres igualmente cercado por situaciones difíciles, pero la Escritura dice: “¿Habrá algo difícil para Dios?”. La respuesta es no hay nada difícil para él. Dios todo lo puede. Echemos a un lado la duda, la incredulidad y recordemos que Él es quien gobierna todo. Las cosas subsisten sólo por él.

Si no tienes paz en tu hogar. Si estás inundado de deudas. Si estás enfermo. Si necesitas mejorar tu condición financiera. Si no tienes casa. Si te sientes vacía por dentro. Empieza a orar todos los días y pídele a Dios que te ayude, que te inspire y que cambie esa situación. Declara la Palabra. Usa versículos bíblicos. Levanta tu vara como Moisés y marcha hacia adelante.

¿Por qué crees que no vemos milagros más a menudo en nuestra vida? Nos hemos acostumbrado al estado de ciertas cosas y simplemente no tratamos de cambiarlas, las aceptamos y punto. El hombre es un ser de costumbres, se acostumbra a un nivel económico, se acostumbra a la escasez, se acostumbra a la enfermedad, a las deudas, se acostumbra a ser menospreciado y a muchas cosas más.

Nos acostumbramos tanto a un estilo de vida que hasta nos oímos hablar así: “Mi problema, mi enfermedad, mi, mi, mi...”. No te apropies de las cosas malas. Aduéñate solo de las buenas cosas que el Señor tiene preparadas para ti.

Si estás esperando un milagro, actúa como si ya lo tuvieras. Eso se llama creer que lo vas a recibir. Dios puede sorprenderte y enviarte lo anhelado en un abrir y cerrar de ojos.

Hace algunos años ocurrió algo espectacular que me abrió la mente a muchos derechos que como cristiana poseía, pero simplemente por alguna razón no estaba usando.

Parte de nuestro ministerio es trabajar entre niños y niñas que han tenido algún tipo de problemas en su casa, ya sea que no tienen padres o que trataron de hacerles daño. Así que, tenemos un grupo de bellas personas que los cuidan las 24 horas.

Un día los niños fueron invitados a comer a un restaurante McDonald´s. Uno de ellos nunca había comido una hamburguesa y ese era su sueño. Ese mismo niño dijo: “Otro de mis sueños es algún día poder comprarle a mi mamá una orden de arroz combinación”. Cuando me lo contaron me di cuenta que en el mundo de ese niño una sencilla hamburguesa y una simple orden de arroz combinación se encontraban fuera de su rango de posibilidades, entonces la provisión de esos sueños era como un milagro para él.

Estoy casi segura de que lo que a él le falta, a ti te sobra. Así mismo es nuestra situación en el caso de Dios. Lo que a nosotros nos falta, a Él le sobra. Él quiere cumplir tus sueños. Lo que tú y yo necesitamos ni siquiera llega a ser pepinillo de hamburguesa para Dios. Él es el dueño de todo, aún de la plata y el oro. Así es que “deléitate en el Señor y él le concederá las peticiones de tu corazón”. Tenemos que quitar los ojos de nuestros problemas, de nuestra escasez, y empezar a ponerlos más en el Dios todopoderoso.

Desde entonces mi vida cambió completamente. Comencé a orar más y a incluir a Dios en todos mis asuntos. Acepté algunas cosas que me ocurrían, pero también comencé a pelear espiritualmente por otras que simplemente no me gustaban y debían ser cambiadas por la fe.

Conviértete en un productor de fe, de milagros. Tienes al Fabricante de milagros de tu parte. Lee la Biblia y permite que el Espíritu Santo te influencie por medio de la lectura de historias hebreas como la vida de Daniel, de José y de David. ¿Quieres ver milagros? Imprégnate de fe.

Dios es bueno, esa es su naturaleza. Nuestros milagros son el día a día de Dios. Cada uno de nosotros vive de acuerdo a su condición. Hay milagros generales como la sanidad, la conversión, entre otros. Pero hay otros que para ti son un milagro, pero para otros es algo sencillo.

Dios no te ha puesto límite. Puedes poseer todo cuanto anhelas de su presencia. Puedes echar mano y alcanzar absolutamente todas las promesas de Dios y apropiarte de ellas sin excepción. Sube de nivel. Toma lo que Dios te ha entregado. Levanta tu vara y da órdenes en tu mundo espiritual.

Posiblemente eres de las personas que ora todos los días pidiéndole al Señor que te bendiga grandemente, pero si somos sinceros, pregúntate: “¿Cuántas veces le decimos puntualmente: ‘Por favor paga mis deudas. Por favor sácame de este aprieto. Por favor trae salvación para mi familia. Dios, sorpréndeme’?”.

Un leproso se acercó a Jesús, se postró a sus pies y le dijo: “Señor, si quieres, puedes limpiarme”. La respuesta inmediata de Jesús de Nazaret fue: “Quiero; sé limpio”. Y al instante la lepra desapareció (Mateo 8:2-3).

¿Querrá Dios bendecirte? ¿Querrá Dios sanarte? ¿Querrá Dios que te sientes entre príncipes? ¿Querrá Dios que nada te falte?

Ora junto a mí:

“Querido Padre, sé que tú me amas y que tienes grandes bendiciones para mí. Te pido que me des sabiduría e inteligencia. Que tu Espíritu Santo me ayude a pedir como me conviene. Dame una fe que mueva montañas. Ayúdame a superarme, a ver tu mano poderosa en mi vida y en la de mi familia. Te pongo mi vida entera en tus manos para que hagas lo que quieras conmigo. En el nombre de Jesucristo. Amén”.

―Tomado del libro El Fabricante de milagros por Ilya Carrera. Publicado por Casa Creación. Usado con permiso.

 

 

 

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VIDA CRISTIANA