El capítulo veinticuatro de Mateo trata de las señales de los tiempos finales. Estamos familiarizados con la mayoría de ellos: guerras y rumores de guerras, terremotos, hambrunas y engaño generalizado. Pero hay otro signo del fin de los tiempos. Mateo 24:12 dice que "el amor de muchos se enfriará", debido a la maldad que habrá en la tierra.

Ese "muchos" se refiere a la iglesia, no al mundo. La presión de la maldad desenfrenada, la dificultad de las circunstancias e incluso el estrés de nuestro moderno estilo de vida producen una atmósfera tan sobrecargada de problemas que la mayoría de la gente hace caso omiso de caminar en el amor de Dios. En cambio, se concentra en sí misma, cuida de sí misma y trata de resolver sus propios problemas.
Eso es algo que Dios nunca nos dijo que hiciéramos. Si nos ocupamos de sus negocios, Él se ocupa de los nuestros. Debemos estar concentrados en representarlo apropiadamente a Él, y eso es imposible de hacer, a menos que caminemos en amor. Mientras lo hacemos, Dios nos da sabiduría para lidiar con nuestros problemas y nos libra de nuestros enemigos.

¿Ha notado que Dios no siempre nos da la capacidad para resolver nuestros propios problemas, pero que cuando somos impotentes para solucionar los nuestros, nos capacita para resolver los de algún otro?

En cierto momento de mi vida, me di cuenta de que, por así decirlo, estaba girando en el
vacío. Estaba tratando de resolver todos mis problemas, pensando que cuando mi vida
estuviera enderezada, podría seguir adelante ministrando a otros. El hecho es que iba hacia atrás, como muchos otros. Era necesario que echara mi carga sobre el Señor. Era necesario que hiciera lo que Él me mostraba con respecto a situaciones de mi vida sin enredarme en ellas. Era necesario que sembrara semillas en la vida de otras personas para ayudarlas, y entonces Dios traería una cosecha a mi propia vida.

Rehúse dejar que su amor se enfríe. Despierte el amor en su vida: hacia su cónyuge y hacia su familia, amigos, vecinos y compañeros de trabajo. Extienda su mano a otros que estén sufriendo o pasando necesidades. Ore por la gente y bendígala. Hágalo crecer hasta el punto de que uno de sus primeros pensamientos sea cada mañana cómo podrá bendecir a alguien en ese día.

--Tomado de La Biblia de la vida diaria, de Joyce Meyer. Una publicación de Casa Creación. Usado con permiso.

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VIDA CRISTIANA