Hay una cita de Eleanor Roosevelt que define muy bien la "paciencia": "Usted debe aceptar lo que venga y lo único importante es que lo enfrente con valor y con lo mejor que pueda dar de sí mismo". Jesucristo, en la forma profunda y sencilla que hablaba, dijo: "Con vuestra paciencia ganaréis [o poseeréis] vuestras almas" (Lucas 21:19, nota de la autora).

La paciencia es un poder extraordinario que, si logramos hacerlo parte de nuestro diario vivir, disfrutaremos de una paz interior y una energía que nos abrirá las puertas para una vida plena. Los seres humanos vivimos en una lucha continua y directa entre lo emocional y lo racional. Muchas veces nos sentimos enredados entre lo que nos gustaría y lo que deberíamos hacer. Es imposible negar que la emoción es la manera en que Dios nos demuestra que estamos vivos.

Así es la vida. Hay momentos de amor, paz, compañerismo y, a la vez, hay tiempos de tensión y presión. El secreto está en apaciguar el ritmo de nuestra mente y hacer que la paciencia trabaje para nosotros.

Varias de las premisas que hacen que los humanos no actuemos pacientemente son:

1. El tiempo

¿Te has fijado cuán impetuosa y acelerada vive la mayoría de las personas? La velocidad es la orden del día. Se come rápido, se conduce rápido. Las personas se desplazan aceleradamente de aquí para allá, generando estrés y ansiedad. Es gracioso ver cuán ansiosa actúa una persona hiperactiva, junto a una de esas personas de carácter apacible y calmado.

Cuando uno está acostumbrado a vivir deprisa y le toca realizar alguna labor con una de esas personas tranquilas, es torturante. La mente va a mil revoluciones por minuto, y lucha por mover, aunque sea mentalmente, a la persona apaciguada y relajada. La paciencia es una de las habilidades más difíciles de lograr porque implica tranquilizarse y permitir que las cosas sigan su curso. La paciencia nos enseña que todo en la vida tiene un tiempo. Es cuando creamos una lista de prioridades y actividades, sin olvidar incluir un tiempo para disfrutar, relajarnos e, incluso, no hacer nada. La paciencia nos lleva a crear un balance entre lo realmente urgente y lo importante.

El tiempo es nuestro y sólo nosotros tenemos el poder para decidir cómo lo utilizamos a nuestro favor, permitiéndonos vivir un día a la vez. A veces intentamos hacer tanto en un período corto de tiempo, que olvidamos disfrutar el proceso. Al finalizar el camino trazado y llegar a la meta, estamos tan extenuados física y emocionalmente, que no disfrutamos el éxito.

2. La incertidumbre

La mayoría de las personas son intolerantes ante la incertidumbre. Queremos saberlo todo, tener información precisa y actualizada. Es una necesidad imperiosa conocer exactamente para dónde vamos, cuándo, cómo, por qué, para qué y con quién. Todo tiene que ser inspeccionado minuciosamente y, por supuesto, hay que fiscalizarlo todo. Claro está, hay que estar alerta y no podemos andar por la vida enajenados. No obstante, el deseo compulsivo de querer controlarlo todo no permite que tengamos la paciencia para esperar. La realidad es que, en momentos donde viene la incertidumbre, hay que saber que muchas cosas están fuera del alcance de nuestras manos. Es bueno saber dónde estás parado, siempre y cuando puedas dar lugar en tu vida a nuevas cosas, nuevos sentimientos, nuevas personas y nuevos eventos.

3. La ambición

La ambición descontrolada produce la competencia desmedida entre las personas, provocando que estén siempre a la ofensiva o a la defensiva. ¿Conoces personas que siempre ganan? Y si no ganan, empatan. Son las que saben todo y lo hacen todo perfectamente. Por supuesto, lo que hicieron los demás en el pasado está lleno de errores y defectos que estas personas "perfectas" van a corregir en su inmensa sabiduría y poder. Además, nadie les puede decir qué hacer o darles un consejo. La necesidad imperiosa de querer más día a día, producto de compararse constantemente con los de arriba, les aleja del "aquí" y "ahora". Viven fuera de la realidad y no se autoanalizan. Ellos anhelan superarse. No hay nada malo en ello, pero cuando superarse se convierte en una ambición desbordada y obsesiva, no entienden que corren el peligro de convertirse en personas insensibles. La ambición no les permite ser pacientes con ellos mismos y mucho menos con los demás. Menosprecian a los que no han alcanzado los logros que ellos disfrutan. Tienen fama y dinero, pero la mayoría de las personas que están a su alrededor realmente no se sienten cómodas. Solamente toleran su presencia por compromiso o conveniencia.

4. Las metas

Todos queremos alcanzar nuestras metas y sueños. Para ello trabajamos y nos movemos día a día, pero la impaciencia por lograr nuestras aspiraciones desenfoca y distorsiona la realidad de ese anhelado logro y éxito. ¿Cuán grande es tu sueño? ¿Cuál es el precio que estás dispuesto a pagar? Solamente tú tienes el derecho a determinar tus logros, el tiempo, el porqué y por cuánto. La paciencia y la tolerancia, tomadas de la mano, facilitan los logros. Ser tolerante es simplemente respetar y considerar las opiniones de los demás, aunque sean diferentes a las nuestras. La tolerancia reduce la naturaleza destructiva de la competencia y nos capacita para aceptar cuando hemos perdido. Regularmente, la persona intolerante se caracteriza por criticar y burlarse de los demás, aunque sea en forma sutil. Cuando está furiosa o frustrada, tiende a atacar al oponente de manera verbal y personal. Algunas veces humilla a otros, intentando ser graciosa. En ocasiones, la gente utiliza las bromas para lanzar críticas crueles y humillantes. Es un estilo muy cómodo de insultar, descargando las frustraciones y corajes en forma disimulada.

Cuando alguien nos hiere, perdemos la paciencia y la tolerancia. Atacar a nuestro verdugo da una sensación de desahogo. Sin embargo, al final, en realidad no hay una descarga, sino un cúmulo de sentimientos negativos que se pueden salir de control. Hace algún tiempo escuché a una persona decirle a otra: "Hoy tengo paciencia para una sola persona, y ten por seguro que no eres tú". ¡Cuánta paciencia tiene Dios con el ser humano! Él es perfecto y tolera nuestra imperfección. Él es paciente y acepta nuestra impaciencia. Nos ama a pesar de todo y está dispuesto a esperar que arreglemos nuestras imperfecciones poco a poco, paso a paso. Quizás te preguntarás: ¿Se podrá obrar en paciencia en momentos tan dolorosos cuando la enfermedad incurable te asecha a ti o a un familiar cercano...cuando la persona que amas te lastima y te engaña...cuando pierdes todo por lo que trabajaste tanto?

Hay muchas tragedias dolorosas que ocurren en la vida. Es precisamente en esos momentos cuando la paciencia y la tolerancia no deben dejar de operar. Cuando mi vida se viró al revés, tuve que dejar que la paciencia y la tolerancia me dirigieran. En los momentos cuando la impaciencia me sobrecogía, respiraba profundo y me decía: "Magali, no puedes descontrolarte. No puedes darte el lujo de descargar el coraje y permitir que el rencor y la amargura entren en tu corazón". La razón tenía que vencer sobre las emociones negativas que asaltaban mis pensamientos. Miraba a mis hijos, pensaba en los miembros de la congregación y volvía a repetirme: "Ellos necesitan que estés bien, que te mantengas en pie y pongas en práctica todo lo que les predicaste y enseñaste".

Las personas que te aman y amas se merecen que les des lo mejor de ti. Los que te lastiman se merecen que les demuestres que su maldad y egoísmo no son más fuertes que el amor, la paciencia, la fe, la misericordia y el valor que hay dentro de ti. Nunca subestimes tus virtudes ni tus capacidades. Nunca olvides que después de un día intenso con mucha lluvia, sale un arco iris. La vida nunca será fácil. A veces parece injusta, pero los altibajos son los que nos hacen fuertes y mejores personas, aunque en ese momento no lo veamos así. Cuando obramos en paciencia y tolerancia, parece como si estuviéramos aceptando la derrota, como si nos estuvieran controlando o burlándose de nosotros. Al final, queda demostrado que sólo estábamos confiando en Dios y en nuestra capacidad para asimilar el dolor y los problemas. El resultado será una persona con mucha más integridad y, sobre todo, una persona más fuerte mental y espiritualmente.

--Extracto tomado del libro Una mujer con poder interior de Magali Font. Esta es una publicación de Casa Creación que estará disponible a mediados de mayo de 2010. Usado con permiso.
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VIDA CRISTIANA