Se abrieron las puertas de Harpo Studios, y todos entramos. Yo me dirigí al escenario, y todas las mujeres bien vestidas a sus asientos en el estudio -algunas para participar en la grabación de un show de Oprah y otras para participar de nuestro taller- y luego, después de que Oprah hizo las presentaciones de rigor, hicimos el taller juntos: treinta mujeres talentosas pero insatisfechas que buscaban dirección y propósito, un ejecutivo de los medios de comunicación inmensamente exitoso sentado en la primera fila, y yo.

Lo que se suponía que ocurriera era esto: mis ayudantes y yo debíamos aconsejar a cada una de las participantes durante algunos meses, para ayudarlas a redescubrir la pasión en su trabajo o a que buscaran otro trabajo, haciéndolas meditar en sus creencias, las personas y los obstáculos que las estaban perjudicando. Y luego, después de dar seguimiento a las participantes durante seis meses, debíamos reunirnos otra vez y ver los cambios que ellas habían hecho. Y lo captaríamos todo -el «antes», la jornada y el «después»- en un programa de una hora de duración.

Y realmente así ocurrió. Fue un buen programa. A mí me gustó, a Oprah también pareció gustarle, y lo que es más importante, las mujeres en ese taller hicieron cambios significativos y positivos en sus vidas. Y si esto hubiera sido todo lo ocurrido, habría sido suficiente: treinta mujeres cuyas vidas estaban «atoradas», ya no lo estaban y ahora estaban avanzando de nuevo. Pero esto no fue todo lo que sucedió. En las semanas que siguieron al programa, más de medio millón de personas accedieron el sitio Oprah.com y descargaron el taller de tres horas de duración. Y el tablero de mensajes se encendió como un espectáculo de fuegos artificiales en las Olimpiadas. Más de cien mil personas, en su mayoría mujeres, escribieron mensajes en Internet, algunas buscando ayuda, otras ofreciendo apoyo y consejo. ¿Cómo enfrento el cambio sin temor? ¿Cuándo es el momento apropiado para arriesgarse a hacer un cambio grande? ¿Cuándo debo ser egoísta y ponerme a mí primero, o es eso siquiera egoísta? ¿Puedo ser sensata, tener los pies en la tierra y disfrutar de seguridad financiera sin abandonar mi pasión? ¿Cómo puedo destacarme como madre, empleada y esposa sin perderme a mí misma en el proceso?

Estos retos se centran en una pregunta única que lo abarca todo: ¿cómo puedo vivir una vida plena y satisfactoria? ¿Reconoces esos retos, cierto? Los retos de cada persona surgen de los detalles específicos de su propia vida, pero es muy probable que te resulten familiares. Ya sea que trabajes fuera y estés criando a tus hijos, o te quedes en el hogar y estés criando a tus hijos; o bien que estés comenzando o ya estés bien establecida en tu carrera, o que estés en el sendero correcto pero te sientes demasiado estresada, o ya sea que sientas que estás muy lejos de tus metas y te sientes completamente perdida, estos retos son tus retos.

Cuando digo esto no quiero ser presuntuoso. Tal vez seas una de esas personas que siempre está enfocada, que se siente exitosa, con suficiente energía y tiempo, y que las pocas dudas que tienes son prontamente ahogadas por los muchos momentos de verdadera realización. Si lo eres, muy bien, has triunfado en darle forma a tu vida de acuerdo a tu diseño. Pero no es así con muchas de las mujeres. La mayoría de ellas lucha con los mismos desafíos que aparecieron en la sección de mensajes del sitio Oprah.com. Y no es culpa tuya. De hecho, cuando te fijas detenidamente en los datos referentes a la felicidad y el bienestar de las mujeres hoy día, descubres una paradoja extraña: Durante los últimos cuarenta años, las mujeres han asegurado mejores oportunidades, mayor realización, más influencia y más dinero. Pero a lo largo del mismo periodo de tiempo, han llegado a sentirse menos felices, más ansiosas, más estresadas, y, en números que siguen aumentando, están usando medicamentos para tratar de resolverlo.

--Extracto tomado del libro La mujer que lo tiene todo: Crea tu mejor vida escrito por Marcus Buckingham, publicado por Grupo Nelson. Usado con permiso.

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VIDA CRISTIANA