Como madres, nuestra influencia afirmativa es como la brisa que firmemente envía el velero de la vida de nuestros hijos a través de las aguas de la vida. Ayudar a nuestros hijos es alcanzar sus destinos -para alcanzar todo el potencial que Dios les ha dado- es uno de los aspectos con mayor recompensa en nuestro trabajo como madres. Pero tenemos que tener cuidado. Es muy tentador imponer nuestras expectativas a nuestros hijos, tratando de empujarlos hacia la dirección que nosotros queremos en lugar de guiarlos hacia la dirección que Dios tiene planeada para ellos desde el comienzo de los tiempos. Nuestro reto es aprender a ser el viento para sus velas sin soplarlas fuera del curso que Dios ha fijado en sus vidas.

Summer Sanders, nadadora olímpica estadounidense, piensa que: "Los campeones se hacen, no nacen". En su libro ella explica que ser buenos padres es la clave que hace que las experiencias en la vida de los niños sean positivas y poderosas. Sanders ganó dos medallas de oro, una de plata y una de bronce en las Olimpíadas de 1992. Ella considera que sus padres fueron una gran influencia para ella y que la ayudaron a alcanzar ese nivel de competencia mundial. Su madre y su padre no la forzaron a triunfar, simplemente la apoyaron gozosamente con motivación positiva y constante confianza que ellos siempre la respaldarán ganara o perdiera. Ella considera que sus padres le dieron lo que muy pocos hombres y mujeres jamás reciben: "La infinita satisfacción y la confianza en sí mismo se logra cuando se hace lo que a uno le gusta y sabe que se está alcanzando su potencial total".

¿Cómo podemos abrir la puerta del potencial de su hijo de una manera sana y firme? La Biblia nos da la clave cuando nos dice: "Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él" (Proverbios 22:6). En otras palabras, Dios destinó a nuestros hijos de una manera extraordinaria encausada hacia una dirección incomparable. Nuestro trabajo es reconocer la dirección, para después motivar e instruir a nuestros hijos para que crezcan y se desarrollen como Dios quiere.

En el campo de la educación, podemos aplicar esta idea para identificar los estilos de aprendizaje de nuestros hijos (auditivo, visual o quinestésico). En el área de personalidad, podemos aprender a tratar a cada niño según su temperamento (ya sea colérico, sanguíneo, melancólico o flemático). Cuando se trata de habilidades y talentos, podemos dirigir a nuestros hijos hacia actividades en las cuales demuestren sus aptitudes (como deportes, música, arte, drama, académicos).

Nuestros hijos se están embarcando hacia una emocionante aventura. ¿Quién sabe qué les depara el futuro? Solo Dios; Aquel que construyó sus barcos, traza sus cursos y quien ahora nos da el privilegio de ser viento en sus velas. ¡Cómo madres positivas, que nuestra afirmación, motivación y amor incondicional les ayuden a llegar a su destino!

--Tomado del libro El poder de una madre positiva de Karol Ladd. Una publicación de Casa Creación. Usado con permiso.

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VIDA CRISTIANA