cristo“La paz os dejo, mi paz os doy; Yo no os la doy como el mundo la da” (Juan 14:27). Esta afirmación de Jesús está expresando que Él nos legó su paz. Jesús nos dejó su paz. Esto significa que vivir en estado de confusión, preocupación, ansiedad, temor y frustración es anormal para un creyente. Dios no desea que vivamos de esa manera. La Biblia nos muestra cómo recibir y vivir la paz que Jesús dejó para nosotros.

Como creyentes, tenemos una formidable cantidad de protección de Dios sobre nosotros y a nuestro alrededor (Salmo 91). Dios quiere bendecirnos abundantemente y siempre está  buscando maneras de hacerlo y de tocarnos con su amor para que estemos más abiertos a recibir sus bendiciones (ver Juan 10:10, Efesios 3:20, 2 Crónicas 16:9).

Pero nuestra salvación como cristianos no nos garantiza una vida libre de preocupaciones. Seguiremos encontrando problemas. Cada uno de nosotros en diferentes momentos de nuestra vida atravesamos épocas en que las cosas no ocurren como quisiéramos. Pero Jesús, el Príncipe de paz (ver Isaías 9:6), ha vencido al mundo. “Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo” (Juan 16:33).

En Juan 14:1 justo ante de retornar al Padre en el cielo, Jesús nos dejó estas palabras: “No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo” (Juan 14:27).

Romanos 14:17 nos dice que la vida en el Reino es justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo. Lucas 17:21 nos dice que el reino de Dios está entre nosotros.  Fuimos hechos justos o puestos en la posición correcta con Dios, cuando entramos en una relación personal con Jesús (ver 2 Corintios 5:21). El gozo y la paz son dos componentes del fruto del Espíritu Santo (ver Gálatas 5:22-23) y están dentro de quienes creemos en Jesús. Están listos para manifestarse. Entramos al gozo y la paz del reino de Dios cuando creemos.

En el siguiente pasaje se nos dice que el Dios de esperanza nos llenará con gozo y paz cuando creamos, de modo que abundemos y estemos rebosantes—desbordantes—de esperanza. “Y el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer para que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo” (Romanos 15:13).

Según el escritor de Hebreos, los que realmente creemos podemos entrar en el bendito reposo sabático del Señor.  “Por tanto, queda un reposo para el pueblo de Dios.  Porque el que ha entrado en su reposo, también ha reposado de sus obras, como Dios de las suyas. Procuremos, pues, entrar en aquel reposo, para que ninguno caiga en semejante ejemplo de desobediencia” (Hebreos 4:9-11).

En el descanso sabático del Señor podemos dejar el cansancio y el dolor de las obras humanas. ¿Qué se requiere para entrar a este reposo? Una actitud de fe como la de un niño.

Leemos en Marcos 10:15 que Jesús dijo a sus discípulos: De cierto os digo que el que no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él.

La fe de un niño es simple. Un niño no trata de entender todo y de hacer un detallado plan de cómo exactamente vendrá su solución. Él simplemente cree porque los padres le dijeron que se harían cargo del problema.

Si los miembros  de la iglesia han perdido el gozo de su salvación, algunas veces puede deberse a que el fundamento de su gozo está puesto en el lugar equivocado.

Cuando Jesús envió a los setenta a ministrar en su nombre a las necesidades de otros, ellos volvieron regocijándose de su poder sobre los demonios. Pero Jesús les dijo:... “no os regocijéis de que los espíritus se os sujetan, sino regocijaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos” (Lucas 10:20).   

Jesús nos dice que debemos regocijarnos, no porque tengamos poder sobre los demonios o las circunstancias de la vida, sino porque nuestros nombres están escritos en los cielos. Habacuc 3:18 dice: “Con todo, yo me alegraré en Jehová, y me gozaré en el Dios de mi salvación”. El gozo de nuestra salvación viene del gozo del primero y más grande de todos los regalos: el amor de Dios por nosotros tal como se expresó en su Hijo Jesucristo.

Como creyentes, nuestro gozo y paz no se basan en hacer y obtener, sino en creer. El gozo y la paz vienen como resultado de edificar nuestra relación con el Señor. El Salmo 16:11 nos dice que en su presencia hay plenitud de gozo. Si hemos recibido a Jesús como nuestro Señor y Salvador, el Príncipe de paz vive dentro de nosotros  (ver 1 Juan 4:12-15, Juan 14:23). Experimentamos paz en la presencia del Señor, recibiendo de Él y actuando en respuesta a su dirección. El gozo y la paz vienen de conocerlo, de creerle, de confiar en el Señor con la sencilla fe de un niño.  

―Tomado del libro No se afane por nada por Joyce Meyer. Publicado por Casa Creación. Usado con permiso. 

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VIDA CRISTIANA