istock 7717586xsmallSi tomamos el tiempo para conocer a la gente de manera más íntima, puede que nos caiga mejor. Hay muchas razones por las cuales decidimos demasiado rápido que alguien no nos cae bien, pero ninguna es válida. Tal vez tiene un tipo de personalidad que nos recuerda a alguien que nos hirió en el pasado. Puede que tomemos decisiones acerca de él basadas en su apariencia, su peinado, o el automóvil que manejan o cómo se visten. Me tomó unos cuantos años para darme cuenta que yo rechazaba la gente que me recordaba a mi padre. Él era un hombre rudo, negativo y generalmente antipático, así que preferí la gente que no tuviera ninguna de esas características, aunque yo misma era así. Si Dave no me hubiera visto más allá de mi exterior, nunca hubiéramos tenido tan siquiera una primera cita.

La primera vez que Dave me vio, estaba lavándole el auto a mi madre frente a nuestra casa, y estaba recogiendo a un vecino para llevarlo a alguna parte. Decidió coquetearme y dijo: “Oye, cuando termines de lavar el auto, ¿te gustaría lavar el mío?”. Respondí con firmeza, y con un tono de voz escueto: “Si quieres tu auto lavado, ¡lávalo tú!”. Sin embargo, mi exterior áspero no disuadió a Dave. A menudo ha compartido que le intrigaba, y decidió ahí mismo que yo era la chica para él. Lo único que puedo decir es que él definitivamente había dominado la habilidad de creer lo mejor de la gente. Poco después de aquel encuentro, me pidió salir con él, y luego de cinco citas, ¡me pidió que me casara con él (el hombre trabajaba rápido)! A menudo digo que Dios lo guio a casarse conmigo antes de que tuviera el tiempo para descubrir cuántos problemas yo tenía con los cuales tendría que ayudarme pacientemente a resolver en el transcurso de los próximos años. Hemos estado casados desde el 1967, pero si él me hubiera juzgado superficialmente, o de vistazo, se hubiera perdido una maravillosa oportunidad de servir a Dios juntos.

Quisiera saber cuántas mujeres se quieren casar, pero rechazan a un hombre tras otro porque esos hombres no encajan en la idea preconcebida de las mujeres de “el hombre perfecto”. También quisiera saber cuántos hombres se quieren casar, pero rechazan a toda mujer de quien no se sienten atraídos de inmediato. Hay mucho más acerca de la gente de lo que el ojo pueda ver. Todos tienen una historia, y si tomáramos el tiempo para conocer a la gente mejor, la veríamos de una manera distinta a cómo la veríamos si no lo hiciéramos.

Digamos que Sonia llevaba tiempo orando que Dios la guiara al hombre con quién había de casarse. Tenía treinta y tantos años, se sentía sola, y anhelaba fervientemente un esposo. Un amigo le arregla una cita con Juan, pero de un sólo vistazo decidió terminantemente que él no era el hombre para ella. Era un trabajador que no tenía un título universitario, y además, no era más alto que ella y tenía diez libras de sobrepeso. ¡Él no era lo que ella tenía en mente!

Unas pocas semanas después, fue presentada a Jorge. Él era alto y guapo, se había graduado de una universidad prestigiosa, y estaba subiendo rápidamente la escalera del éxito como un corredor de inversiones. Dentro de unos pocos meses se casaron, pero dentro de un año se divorciaron. Sonia no sabía que Jorge tenía un temperamento violento, era manipulador y controlador, y tenía un vicio de juegos. Ella se impresionó tanto por sus cualidades superficiales que aunque ella se había dado cuenta de algunas fallas, puso excusas por todas ellas y dijo “sí, acepto” por todas las razones equivocadas.

Se le rompió el corazón a Sonia, se sentía como una fracasada, se sentía más sola que nunca y extremadamente desanimada. Un sábado por la mañana, estaba sentada sola en un café, viendo la lluvia caer, pero cuando alzó la mirada vio a Juan, el hombre que había rechazado rápidamente por causa de sus cualidades superficiales. Juan se detuvo para saludarla, y como era un hombre sensible y cariñoso, se dio cuenta rápidamente que Sonia estaba emocionalmente herida. Juan comenzó a llamarla para darle seguimiento y animarla. Le ofreció un oído atento, amabilidad y comprensión. Dentro de poco, Sonia se dio cuenta que él era un hombre íntegro y de buen carácter. Él manejaba el dinero sabiamente, y aunque aún no tenía los cuarenta años, tenía un auto nuevo y un hogar pequeño muy bonito, y libre de deudas. Sonia pronto se enamoró profundamente de Juan, y ninguna de las cosas que antes le habían molestado le preocupaban ahora en absoluto. Hubiera podido evitarse un divorcio, mucha agonía mental y emocional y un año de miseria, si hubiera tenido la sabiduría de conocer a la gente antes de aceptarla o rechazarla.

¿Habrá alguien que usted haya decidido que no le cae bien y ha dejado fuera de su vida sin verdaderamente tomar el tiempo de conocerlo? Estoy segura que la respuesta para la mayoría de nosotros es “sí”. Muchas personas se quejan que no tienen amigos o que se sienten solas, pero quizás deciden demasiado rápido a quién deciden permitir entrar a sus vidas y a quién no.

Aquella persona en el trabajo que usted evita todo el tiempo, porque usted ya ha decidido que no le caen bien, puede estar dolido y en necesidad de su amistad o un oído atento. Puede que ella sea la amiga que usted viene pidiéndole a Dios, pero nunca lo sabrá si no les da una oportunidad.

Puedo pensar en una cantidad numerosas de personas que me han impresionado inicialmente, y ahora que me pregunto por qué, tengo que admitir que no tengo razón buena alguna. Uno es un hombre que veo con regularidad en un café que frecuento. Es un hombre mayor con el cabello blanco muy largo, y parece ser alguien singular. (Claro, asumo que en mi orgullo yo soy el estándar de la normalidad. ¡Ay!) Un día pensé: ¿Y si este hombre fuera un ángel? Al fin y al cabo, la Biblia dice que a veces hemos hospedado a ángeles sin saberlo (vea Hebreos 13:2). Eso puede ser demasiado para algunos de ustedes, pero estoy dispuesto a tomarlo en consideración en mi pensamiento. Ahora que lo pienso, ¡su cabello blanco largo es algo angelical!

Jesús fue rechazado por muchas personas porque Él era un individuo singular. Es algo gracioso pensar que la mayoría de la gente religiosa de la época, los fariseos, ¡rechazaron al Hijo de Dios! Juan el bautista ciertamente era singular: vagaba por el desierto vestido como un hombre salvaje, comiendo langostas silvestres y miel, y predicando cosas que la gente no estaba acostumbrada a oír. Con toda honestidad, muchos de los siervos escogidos de Dios son personas que usted y yo nunca hubiéramos escogido para realizar la tarea que Dios les asignó. Creo que me está entendiendo. Muchas personas maravillosas no encajan en nuestra “manera de pensar” de cómo deben ser. Quiero que la gente me dé una oportunidad y que tome el tiempo de conocer mi verdadero “yo”, así que he decidido que me esforzaré más a hacer lo mismo por ellos.

Jesús no escogió ayudar o hacerse amigo de la gente basado en la percepción de los demás hacia ella. Todos se sorprendieron cuando Jesús fue a casa de Zaqueo, porque Zaqueo era uno de los principales recaudadores de impuestos, y los recaudadores de impuestos no sólo eran odiados pero también se conocían por su deshonestidad. ¿Por qué haría eso Jesús? Honestamente, a Él no le importó lo que la gente pensaba de Él, pero estoy segura que Él fue muy cuidadoso acerca de lo que Él pensaba de otras personas. Le dio a Zaqueo una oportunidad, y por haberlo hecho, Zaqueo declaró solemnemente que daría la mitad de sus bienes para devolverle a la gente lo que él se había llevado con deshonestidad (vea Lucas 19:1-8). Muchas personas florecerían en algo mejor comparado con lo que actualmente son si tan sólo les diéramos una oportunidad.

Jesús tocaba a los leprosos, y eso era algo que más nadie hacía (vea Mateo 8). Él le habló a una mujer necesitada en un pozo, y los hombres judíos no hablaban con mujeres samaritanas (vea Juan 4). Viajó con una mujer que tuvo previamente siete demonios y hacían que ella viviera como prostituta (vea Lucas 8). Él escogió discípulos que nosotros hubiéramos rechazado como no aptos para el trabajo, y comió con “publicanos y pecadores” (vea Mateo 9:11). Jesús rompió todas las reglas del día y nos dio una nueva: Amarnos unos a otros, así como Él le ama (vea Juan 13:34).

―Tomado del libro La conexión de la mente por Joyce Meyer. Publicado por Casa Creación. Usado con permiso. 

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VIDA CRISTIANA