doveDurante mis primeros años de ministerio, pasé gran parte de mi tiempo de oración pidiéndole a Dios que los dones especiales del Espíritu Santo operaran a través de mí. Para ser un ministro de poder, ciertamente los necesitaba. Todos los necesitamos. Pero yo no le di mucha importancia al fruto del Espíritu. Hasta que un día el Señor me recalcó: “Joyce, si hubieras usado la mitad de la energía y del tiempo en oración tratando de desarrollar el fruto del Espíritu cuando tienes los dones, ya tendrías ambos”.

Como cristianos, muchos de nosotros oramos para que Dios se mueva poderosamente a través de nosotros para ayudar a otros, y Dios quiere que oremos de esa manera. Él ha puesto a nuestra disposición dotes especiales de energía sobrenatural que la Biblia llama dones espirituales para utilizar con ese mismo propósito. Pero yo creo que nuestra primera prioridad debe ser el desarrollo de los frutos del Espíritu.

Somos conocidos por nuestro fruto, no por nuestros dones. Somos conocidos como seguidores de Jesús por nuestro amor por los demás, y por nuestro fruto Jesús es conocido. Una muestra del fruto del Espíritu, de la naturaleza de Dios, es una muestra del carácter de Jesucristo.

Tenemos que salir al mundo y dejar que el Espíritu Santo fluya a través de nosotros para mostrar el amor de Dios, su alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio, y ayudar a la gente con sus dones. Al enfocarnos en la importancia que Dios pone en el desarrollo del fruto de su Espíritu, nos daremos cuenta de que una puerta para la liberación de nuestros dones se moverá ampliamente.

Cuando el Espíritu Santo vive dentro de nosotros, tenemos todo lo que Él tiene. Su fruto está en nosotros. La semilla ha sido plantada. Debemos permitir que la semilla del fruto crezca y madure en nosotros al cultivarla.

Podemos cultivar todo el fruto centrándonos en el amor y dominio propio, primero y lo último en la lista. Todos los frutos provienen del amor y realmente son una forma de amor, pero se mantienen por el dominio propio. Si usted se está concentrando en desarrollar el fruto del amor, no será impaciente ni grosero con la gente. Usted será amable con ellos en apoyo y fidelidad. El dominio propio nos ayuda a tomar esas pequeñas decisiones durante el día para responder con el fruto y que rápidamente formemos un hábito. Si usted continúa cultivando este hábito, el fruto crecerá en una excepcional vida en el Espíritu.

Incluso cuando operamos en los más grandes dones espirituales, pero sin amor, no somos más que un gran ruido o alguien que no está haciendo ningún bien a nadie. El amor no es una teoría o palabrería, sino hechos. El amor conlleva acciones, haciendo lo que hay que hacer en cada situación.

Concéntrese en su caminar en amor y examine su vida: sus actitudes, su vida de pensamientos, lo que usted dice, cómo trata a las personas. ¿Cuán amable es usted con la gente? ¿Qué está haciendo por la gente? ¿Cómo está tratando a la gente que no lo trata bien a usted? Nuestra carne no siempre se siente como en amar a los demás, pero si queremos caminar en el poder espiritual y derrotar al enemigo, tenemos que decir: “Ya no vivo yo sino que Cristo vive en mí” (Gálatas 2:20 NVI).

Abundar en amor es lo más excelente que podemos hacer. Y debemos hacer todo con un espíritu de excelencia. No podemos ser una persona excelente y no caminar en amor. ¿Cómo podemos decir que caminamos en amor si no tratamos a la gente excelentemente?

Usted tiene el poder del Espíritu Santo para hacer lo correcto, no solo para hacer lo que usted siente hacer.

En el mundo de hoy, el cristianismo no tiene una gran reputación. La actitud que la gente tiene acerca de los cristianos a veces puede ser doloroso, porque nos ven desde la perspectiva del mundo. Pero, otra parte de eso es que los cristianos no siempre viven a la altura de lo que dicen creer.

Nosotros no operaremos en ningún fruto del Espíritu, ni caminaremos en el poder de Dios sin el dominio propio. El fruto del Espíritu no se trata de cómo nos sentimos, sino de lo que escogemos hacer. Dios nos da dominio propio para que nos disciplinemos. Sin dominio propio, no podemos tener las cosas que deseamos.

Dios quiere ayudarnos a disciplinar nuestros pensamientos y nuestra boca. Usted puede sentir que no tiene ninguna disciplina o control, ¡pero sí la tiene! Si el Espíritu de Dios habita en usted, ahí está. Dios nos ha dado espíritu de poder y amor, una mente calmada y equilibrada, y disciplina y dominio propio (2 Timoteo 1:7).

En la presencia de Dios necesitamos el amor de Cristo para que constriña y controle nuestro corazón. Ojalá y todo lo que hagamos y digamos sea una expresión del corazón amoroso de Dios.

El poder espiritual viene con una etiqueta de precio. Con el fin de caminar en el Espíritu hay que decir que no a algunas cosas a las que deberíamos más bien decir que sí, y sí a algunas que deberíamos decir no. Debemos seguir el impulso del Espíritu Santo a través de nuestro espíritu.

Caminar en el Espíritu requiere que nos mantengamos llenos del Espíritu. Esto se logra eligiendo continuamente lo correcto en cuanto a los pensamientos, las conversaciones, la compañía, la música, el entretenimiento, y otras cosas más.

Para hacer la voluntad de Dios debemos estar listos para sufrir. Si nuestra carne desea caminar hacia un lado y el Espíritu de Dios nos dirige hacia otro camino, una decisión voluntaria de ser obediente provocará sufrimiento en nuestra carne.

La buena noticia es que si optamos por caminar en el Espíritu a diario, moriremos al egocentrismo y ganaremos libertad para servir a Dios. Experimentaremos justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo. Viviremos en victoria no importa lo que venga contra nosotros. ¡Eso es vivir en poder!

―Tomado del libro Los secretos del poder espiritual por Joyce Meyer. Publicado por Casa Creación. Usado con permiso.

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