talkingEntre todas las cosas vivas, activas sobre la tierra, es posible que no haya nada tan salvaje, impredecible y peligroso como la lengua humana. Sencillamente, no está dentro de nuestras habilidades el domarla.

Santiago 3:7-8 confirma esto: “Porque todo género de fieras y de aves, de reptiles y de animales marinos, se puede domar y ha sido domado por el género humano, pero ningún hombre puede domar la lengua; es un mal turbulento y lleno de veneno mortal”.

Entonces, ¿cuál es el punto, Robert?, podría pensar usted. Si es imposible domar mi lengua, ¿para qué estoy leyendo este artículo? ¡No pierda las esperanzas! Note que dijo que domarla no está en nuestras habilidades. Domar la lengua no es humanamente posible, pero la buena noticia es que Dios no es humano. Él puede domar la lengua. Después de todo, Dios creó la lengua, y Él escribió el manual del usuario. Él sabe cómo hacer la obra. Él dice muy claramente en Éxodo 4:10-12, donde leemos este extraordinario intercambio entre Dios y Moisés: “Entonces Moisés dijo al Señor: Por favor, Señor, nunca he sido hombre elocuente, ni ayer ni en tiempos pasados, ni aun después de que has hablado a tu siervo; porque soy tardo en el habla y torpe de lengua. Y el Señor le dijo: ¿Quién ha hecho la boca del hombre? ¿O quién hace al hombre mudo o sordo, con vista o ciego? ¿No soy yo, el Señor?  Ahora pues, ve, y yo estaré con tu boca, y te enseñaré lo que has de hablar”.

Aunque he leído el libro de Éxodo muchas veces, hay una frase extraordinaria en este pasaje que yo nunca había notado hasta hace poco. Moisés le dijo a Dios: “No soy elocuente”, con lo cual Moisés quería decir “No tengo una lengua domada”. Pero note que Moisés continúa diciendo que este era el caso tanto antes como después que Dios le habló en la montaña.

Esto es algo con lo cual, definitivamente, me puedo identificar. Yo tenía un problema con mi lengua antes de venir a Cristo, ¡y seguí teniendo un problema con mi lengua después de conocerlo! Por esa razón es una gran emoción leer la respuesta de Dios. El Señor básicamente le dice a Moisés: “¿Quién hizo tu boca, hijo? Yo soy quien puede hacer ver al ciego y hasta que el mudo hable. ¡Así que anda! Yo estaré con tu boca. Yo te enseñaré qué decir”.

Qué promesa tan sorprendente directamente de los labios de Dios: “Yo estaré con tu boca”. Me encanta el hecho de que Dios puede estar con nuestra boca cada momento de cada día para enseñarnos qué decir. Nosotros no podemos domar nuestra lengua, pero podemos someter nuestras palabras al Señor y dejar que Él las dome.

En el libro de Marcos encontramos un versículo que confirma cómo el Espíritu Santo puede llenar nuestra boca con las palabras correctas. Jesús estaba hablándoles a los discípulos antes de enviarlos a testificar. Él dijo: “Y cuando os lleven y os entreguen, no os preocupéis de antemano por lo que vais a decir, sino que lo que os sea dado en aquella hora, eso hablad; porque no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu Santo” (Marcos 13:11).

Aquí vemos que el Espíritu Santo puede darnos las palabras correctas para decir. Quizá usted haya experimentado esa situación precisa al hablar con una persona con una gran necesidad en su vida. Repentinamente, usted puede decirle las palabras correctas a esa persona; usted lo sabía en su espíritu y lo sabía debido a la reacción de la persona. Y usted le agradeció a Dios, porque nunca pensó en esas palabras antes.

No, usted no puede domar su lengua, pero Dios sí puede cuando usted la sujeta a Él. Y el agente que Dios usará para hacerlo es el Espíritu Santo. Sepa que cuando el Espíritu Santo empieza a obrar con poder en su vida, como lo hizo en las vidas de hombres y mujeres del Nuevo Testamento, el primer lugar donde Él comenzará a trabajar es en el campo de sus palabras.

Yo someto mi lengua al Espíritu Santo todos los días. Y cada día Él me ayuda a domar lo indomable.

― Tomado del libro El poder de sus palabras por Robert Morris. Publicado por Casa Creación. Usado con permiso.

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VIDA CRISTIANA