angelLa oración de Ezequías contiene tres importantes “puntos de poder” que debemos entender. Echemos un vistazo a cada uno cuidadosamente.

Primer punto de poder

“Jehová de los ejércitos, Dios de Israel, que moras entre los querubines, solo tú eres Dios de todos los reinos de la tierra; tú hiciste los cielos y la tierra” (Isaías 37:16).

Describir a Dios como el que “mora entre los querubines” era primeramente una referencia al arca de la alianza que estaba detrás del velo en el templo. Su tapa, hecha de una sola pieza de oro macizo, tenía dos querubines de oro que enfrentaban la gloria de Dios que descansaba sobre el propiciatorio. También en el templo de Salomón había dos querubines de mayor tamaño ubicados a ambos lados del arca, mirando hacia afuera, cuyas alas se tocaban entre sí y también tocaban las paredes a ambos lados. Hacer referencia a los querubines era una forma de declarar que Israel estaba orando:

Al verdadero Dios de los cielos, cuya presencia estaba en medio de ellos.

Al Dios de Moisés, que había establecido un pacto con ellos en el Monte Sinaí, donde reveló el diseño del arca.

Al Dios que había proporcionado expiación por ellos (anual, en el Yom Kipur o Día de la Expiación, cuando la sangre de un macho cabrío era rociada sobre el propiciatorio), lo que hacía de ellos un pueblo perdonado y reconciliado con Dios.

Sin embargo, el templo y sus muebles no eran más que “figura y sombra de las cosas celestiales” (Heb. 8:5). Así que con estas palabras Ezequías estaba declarando que existía una conexión entre el lugar santísimo en el templo y el verdadero Santo de los Santos en el mundo celestial superior. Él y el resto de los hijos de Israel estaban reconociendo que tenían una “palanca” sobrenatural.  Sabían que estaban apelando al Dios de todos los dioses en el más alto de todos los niveles, aquel que mora entre los querubines que viven en las alturas de los cielos, en la cúspide del universo espiritual.

Los querubines son seres celestiales únicos que tienen los rostros de cuatro criaturas (un buey, un león, un águila y un hombre). Están llenos de ojos por delante y por detrás; por dentro y por fuera; y proclaman sin cesar: “Santo, santo, santo es el Señor Dios Todopoderoso, el que era, el que es, y el que ha de venir” (Ap. 4:8, ver también Ez. 1:5-10). Su ocupación en un principio era “guardar el camino del árbol de la vida” (Gn. 3:24). Así que hacer un llamamiento a Aquel que “mora entre los querubines” es decir: “Dios Todopoderoso, no hay dios más alto que tú, ni autoridad mayor que la tuya. Eres omnipotente, omnipresente y omnisciente. Así como los querubines están llenos de ojos, en tu infinito conocimiento tú ves todas las cosas en el pasado y en el futuro, todas las cosas internas y externas, ocultas y manifiestas. Tienes la intención de llevarnos de regreso al dominio que Adán perdió en el principio y al árbol de la vida, la fuente de la vida eterna. Todos los demás dioses son falsos. Todos los demás dioses son impotentes. Tú eres santo y todos los reinos del mundo están sujetos a Ti”.

Acción a tomar: Reconozca a Dios como Aquel “que mora entre los querubines”, y como Aquel que tiene conocimiento y existencia infinitos. ¡Él es el Creador del cielo y de la tierra!

Segundo punto de poder

“Inclina, oh Jehová, tu oído, y oye; abre, oh Jehová, tus ojos, y mira; y oye todas las palabras de Senaquerib, que ha enviado a blasfemar al Dios viviente” (Isaías 37:17).

Esta es una petición para que Dios bloquee los diabólicos planes del enemigo, y para que se haga cargo de la batalla. Ezequías estaba diciéndole a Dios que si los judíos eran ridiculizados, Dios mismo estaba siendo ridiculizado, ya que el enemigo había declarado que el Dios de los judíos no tenía poder para liberarlos.

Acción a tomar: Pídale a Dios que incline sus oídos y sus ojos para que escuche lo que las fuerzas satánicas están conspirando en su contra, y que derribe sus planes. Pídale que se haga cargo de su batalla, diciendo: “Dios mío, ¡no dejes que los demonios se burlen de ti!”. ¡La batalla es de Dios, no suya!

Tercer punto de poder

“Ahora pues, Jehová Dios nuestro, líbranos de su mano, para que todos los reinos de la tierra conozcan que solo tú eres Jehová” (Isaías 37:20).

La palabra hebrea yasha se traduce como “salvar”, pero también como “defender”, “liberar”, “rescatar”, y “preservar”. Él es “Dios nuestro Salvador” (1 Tim. 2:3), “el Salvador del mundo” (Jn. 4:42), y “el Salvador de todos los hombres” (1 Tim. 4:10). El mismo nombre Yeshúa (Jesús) significa “salvación de Dios”, y su nombre es toda una representación de su naturaleza. Eso es lo que Él es. Eso es lo que Él hace. Él salva, ¡y todo es para su gloria!

 Acción a tomar: Pídale a Dios que lo salve, que lo defienda, que lo libere, que lo rescate, y que lo preserve. Declare sus títulos de Salvador sobre su vida, ¡y pídale que lo libere para que otros también puedan ver su gloria!

—Tomado del libro Oraciones poderosas, resultados sobrenaturales por Mike Shreve. Publicado por Casa Creación. Usado con permiso.

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