istock 3277366“No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano; porque no dará por inocente Jehová al que tomare su nombre en vano”(Éxodo 20:7).

Una vez escuché a alguien decir: “Lo que pasaba con los discípulos en el libro de Hechos fue una revelación del nombre de Jesús”.

Cuando escuché esta declaración algo se iluminó en mí y comencé a orar por una revelación de su nombre. Como ya dije antes, necesitamos revelación, no enseñanza. Tal vez hemos escuchado muchas enseñanzas sobre el nombre de Jesús y todavía no tenemos una revelación. El Espíritu Santo revela la Palabra a aquellos que la buscan, así que pida revelación.

Poco después de haber pedido revelación acerca del nombre del Señor, la recibí con respecto a tomar su nombre en vano.

Sabemos que uno de los Diez Mandamientos tiene que ver con no tomar el nombre del Señor en vano. La palabra “vano” significa inútil, que no da fruto, que no tiene provecho, tonto o irreverente. El Espíritu Santo comenzó a mostrarme cuán a menudo las personas toman el nombre del Señor en vano. No solo los no creyentes, sino los creyentes, aquellos que nos hacemos llamar cristianos. Primero Él trató conmigo a nivel personal con respecto a esta práctica y cuando vi lo que yo estaba haciendo, mi corazón se entristeció y me arrepentí por completo. Entonces comencé a notar cuán a menudo otros toman su nombre en vano.

Permítame explicarme.

Yo siempre pensé que tomar el nombre del Señor en vano es unir su nombre a una palabra de maldición. Pero significa mucho más que eso. La traducción inglesa The Amplified Bible traduce Éxodo 20:7 así: “No usarás ni repetirás el nombre del Señor tu Dios en vano [es decir, a la ligera o frívolamente, en falsas afirmaciones o profanamente]; porque el Señor no dará por inocente al que tomare su nombre en vano”.

La parte de usar o repetir el nombre de Dios “a la ligera o frívolamente” realmente me hizo sentir culpable. Yo tenía ciertos malos hábitos que me hacían incumplir con este tercer mandamiento, pero estaba engañada y ni siquiera me daba cuenta de que lo hacía. Tenía el hábito de decir cosas como “ay, Dios mío” cuando veía algo chocante o cuando escuchaba una noticia sorprendente, incluso cuando algo se me caía o alguno de los niños rompía algo. Puede que los cristianos hayan comenzado a usar su nombre así inocentemente, pensando que estaban reconociéndole o clamando a Él en una determinada situación. La oración completa sería: “… muévete con poder en esta situación”, o “…ayúdame a ser más cuidadosa”, o “…ayúdame a estar calmada”. Pero ahora simplemente usamos su nombre a la ligera como algo que decimos. El Señor me reveló que su nombre es más que solo una frase.

Hay poder en el nombre del Señor y su nombre debe ser temido de manera reverente. En Malaquías 1:14 leemos: … “Porque yo soy Gran Rey, dice Jehová de los ejércitos, y mi nombre es temible entre las naciones”. Es decir, usted y yo necesitamos tener tal reverencia por el Señor y todos sus nombres, que nos asuste usar cualquier de esos nombres santos sin un propósito.

De hecho, la Iglesia necesita más reverencia por las cosas de Dios, punto. En la Iglesia se ha perdido mucho en este aspecto y creo que es vital que regresemos a un temor y asombro reverente de Dios, su nombre y su obra.

El Espíritu Santo me dijo que en ocasiones operamos con cero poder debido a una mezcla de positivos y negativos. Si usted y yo queremos ver el poder de Dios liberarse cuando pronunciemos el nombre de Jesús, entonces no podemos usar su nombre de manera frívola o ligera en otras ocasiones.

Escucho a cristianos decir cosas como “Ay, Dios” “Dios mío” y “Santo Dios” y no cuando oran sino simplemente como una expresión. Yo era culpable de esto. Podía estar cansada, me estiraba y decía: “Ay, Dios, ¡estoy muerta!”. Nunca antes le había dado importancia pero ahora sé que es pecado que yo use su nombre de manera tan ligera.

Un día estaba bromeando con mi hijo mayor quien había llegado a nuestra casa para hablar conmigo de negocios justo cuando nos disponíamos a cenar. Hablé con él un poco y luego, con cariño y en broma (pero también en serio) estaba tratando de que se fuera para que los demás pudiéramos cenar. Yo no quería seguir hablando de negocios y él sí, así que al final bromeando le mostré la puerta y le dije: “¡Fuera, en el nombre de Jesús!”. De inmediato sentí una convicción desgarradora en mi corazón. El Espíritu Santo me había estado revelando lo que estoy contándole aquí, y sin dudas ese día entendí lo que me quería decir.

Según la Biblia hemos recibido autoridad para echar fuera demonios en el nombre de Jesús. Hay muchas ocasiones en las que ministro a personas con la esperanza de que salgan demonios si hubiera alguno que está oprimiendo a la persona a quien estoy ministrando. ¿Pero cómo puedo esperar ver manifestarse en ese nombre si unas veces lo uso en serio y otras de manera frívola?

Recuerde, mezclar positivos y negativos le dejará sin poder alguno. Agradezco mucho la revelación que el Espíritu Santo me dio sobre este asunto y espero que le ayude a usted como me ha ayudado a mí.

Un día estaba hablando de esta revelación con mi empleada doméstica mientras ella planchaba. Era algo nuevo para mí y estaba ansiosa de compartirlo con alguien y ver cómo le impactaba. Hablé con ella brevemente y ella empezó a llorar, yo podía ver cómo la convicción de parte de Dios vino sobre ella. Lo mismo sucedió con otras dos señoras que trabajan en nuestra oficina. Creo que esta verdad es muy importante y le animo a que examine su propia vida y su conversación y le pida al Espíritu Santo que le señale cualquier momento en que usted use el nombre del Señor en vano.

En Isaías 52:4-6 leemos: Porque así dijo Jehová el Señor: Mi pueblo descendió a Egipto en tiempo pasado, para morar allá, y el asirio lo cautivó sin razón. Y ahora ¿qué hago aquí, dice Jehová, ya que mi pueblo es llevado injustamente? Y los que en él se enseñorean, lo hacen aullar, dice Jehová, y continuamente es blasfemado mi nombre todo el día. Por tanto, mi pueblo sabrá mi nombre por esta causa en aquel día; porque yo mismo que hablo, he aquí estaré presente.

Los paganos blasfeman su nombre todo el día, dice el Señor, pero su propio pueblo conocerá su nombre y lo que este significa. Tal vez los paganos no respeten ni den reverencia a su nombre, ¡pero que nunca se diga de aquellos que nos llamamos cristianos que tomamos su nombre en vano!

Hace poco estaba sentada con una amiga cristiana, una señora encantadora que ama a Jesús y basa su vida en sus principios. Durante nuestra conversación ella usó el nombre del Señor en vano (a la ligera o frívolamente) cinco veces, en una hora. Solo me di cuenta por lo que Dios me había mostrado a nivel personal.

No creo que tenemos idea de cuán serio es este problema, y le animo a tomarlo en serio. No busque la condenación, pero si se siente condenado, arrepiéntase y pida la ayuda del Espíritu Santo en el futuro.

―Tomado del libro La Palabra, el nombre, la sangre  por Joyce Meyer. Publicado por Casa Creación. Usado con permiso.

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VIDA CRISTIANA