mike bickleCultivar una visión correcta de Dios es esencial para crecer en la oración. Demasiados creyentes tienen una visión incorrecta de Dios. Por ejemplo, muchos viven suponiendo algo muy común, y completamente equivocado: Que Dios es un supervisor enojado que nos obliga a orar y a soportar conversaciones con Él para probar nuestra devoción o un Dios estoico que no tiene ningún interés en nuestras vidas. ¡Nada podría estar más lejos de la verdad! Dios es un Padre tierno que ama profundamente a sus hijos, y Jesús es un Novio y Rey lleno de anhelo por su pueblo. 

En nuestra travesía para crecer en la oración, es esencial que establezcamos un fuerte  fundamento bíblico en nuestras vidas para que tengamos una visión correcta de Dios. La Palabra de Dios nos dice la verdad sobre quién es Él. Sin esa base, es difícil mantener nuestras vidas de oración.

A medida que vamos conociendo a Dios como nuestro tierno Padre y a Jesús como el Novio y Rey, somos energizados para buscar a Dios con todas nuestras fuerzas y experimentar nuevo deleite en nuestra relación con Él mientras crecemos en la oración. Nuestras vidas de oración son muy diferentes cuando vamos confiadamente a Dios con la seguridad de que Él nos disfruta y realmente se alegra al relacionarse con su pueblo.

Mi padre terrenal y yo éramos buenos amigos. Él era mi animador número uno, y durante mi niñez me daba confianza constantemente. Por esa razón no había nadie con quien me gustara más estar que con mi papá. Me gustaba estar con él porque sabía que él disfrutaba estando conmigo, y yo lo sentía.

Recuerdo la primera vez que descubrí que el Señor me quiere más de lo que me quería mi padre. Cuando vi esta verdad, quise estar con el Señor y hablar con Él mucho más que antes. ¡Se disfruta al hablar con alguien que realmente lo quiere a uno!

Hace varios años escribí un libro centrado en esta verdad titulado Pasión por Jesús. La gente suele preguntarme: “¿Cómo se logra la pasión por Jesús?”. Puedo darle la clave, es muy simple. Al aumentar nuestro entendimiento de su pasión por nosotros, despierta en nuestros corazones la pasión por Él. Encontrarse con el corazón de Padre de Dios es fundamental para crecer en la oración.

Justo antes de que Jesús muriera, le hizo un pedido extraordinario al Padre. Le pidió  “que el mundo conozca que tú [el Padre] me enviaste, y que los has amado a ellos [el pueblo de Dios] como también a mí [Jesús] me has amado” (Juan 17:23). Jesús quiere que sepamos ¡que su Padre nos ama de la misma manera que ama a Jesús! La oración de Jesús nos da una perspectiva del gran valor que tenemos ante los ojos de Dios. La revelación de que el Padre nos ama como ama a Jesús es una profunda afirmación de nuestro valor para Él.

Pablo nos dice que hemos “recibido el Espíritu de adopción por el cual clamamos: ¡Abba Padre!” (Romanos 8:15). En hebreo Abba es un término cariñoso para un padre, como “papito” en nuestra cultura; indica respeto pero también afecto e intimidad. La comprensión de Dios como “Abba” y el conocimiento de nuestra identidad como sus hijos adoptivos nos equipan para rechazar las acusaciones de Satanás de que somos fracasados sin esperanzas.  

Esta verdad, que el Abba Dios nos disfruta, aún en nuestra debilidad, es un ancla estabilizadora que nos da confianza en la oración. Como hijos e hijas de Dios somos capaces de acercarnos a su trono confiadamente y sin vergüenza o duda. Nuestra vida de oración no crecerá apropiadamente hasta que lleguemos a un lugar de confianza en Dios, sabiendo que Él nos ama y nos disfruta incluso en nuestra debilidad.

En el contexto de exhortar a los esposos a amar a sus esposas, Pablo describió el gran misterio de la redención como el matrimonio entre Cristo y la Iglesia (Efesios 5:29-32). Antes de que el Señor regrese, la Iglesia se verá como una novia llamando a su Novio Rey para que venga a ella, como escribe Juan en el libro de Apocalipsis: “Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven” (Apocalipsis 22:17). Todavía hoy, el Espíritu Santo hace hincapié en la identidad de la Iglesia como su esposa amada.

Como hijos de Dios estamos posicionados para experimentar el trono de Dios: somos herederos de su poder (Apocalipsis 3:21; Romanos 8:17). Como la novia de Cristo estamos en posición de experimentar el corazón de Dios. El mensaje del Novio trata de las ardientes emociones de Jesús para con su pueblo y su compromiso de compartir su corazón, su casa, su trono, sus secretos y hermosura con ellos.

En noviembre de 1995 tuve un sueño profético sobre esta verdad bíblica. En el sueño el Señor hablaba en forma audible mientras yo estaba en la plataforma de un enorme auditorio lleno de adultos jóvenes. Él decía: “Llama a la gente, Hefzi-bá”. Esta palabra me recordó un pasaje de Isaías: “Serás llamada Hefzi-bá… porque el amor de Jehová estará en ti… y como el gozo del esposo con la esposa, así se gozará contigo el Dios tuyo” (Isaías 62:4-5).           

El Señor continuó instruyéndome en este sueño, diciéndome en voz alta: “Dile a las personas que yo me deleito en ellas y me regocijo por ellas como un novio se deleita con su novia”. En el sueño, apenas llamé a su pueblo “Hefzi-bá” y declaré: “Y el Señor se deleita en ellos”, el poder de Dios los tocó y cambió sus vidas drásticamente. Me desperté de ese sueño y fui a Isaías 62:4.

El nombre hebreo Hefzi-bá lleva el significado de “el deleite del Señor”. Podemos estar seguros del amor de Dios porque sabemos que Él se deleita en su pueblo y en su relación con ellos como un Novio se deleita en su novia (Isaías 62:4-5).

El Señor está levantando una multitud de hombres y mujeres —cantantes, predicadores, evangelistas, escritores, intercesores, personas en el lugar de trabajo— en todo el mundo que proclamarán que Dios se deleita en su pueblo. Entonces será algo normal que el pueblo de Dios crezca en confianza en sus afectos por ellos en vez de apartarse con vergüenza como hacen muchos hoy en día. 

La forma en que vemos a Dios determina cómo nos acercaremos a Él en oración. Si lo vemos como a alguien distante y enojado, no querremos orar mucho. Cuando lo vemos como un Padre tierno y un Novio apasionado que desea que nos acerquemos a Él, oraremos mucho más. 

Muchos cristianos no tienen una visión de Dios como una persona que se deleita en su pueblo con un corazón alegre. En realidad, creo que muchos ven a Dios como alguien mayormente loco o triste. Pero la verdad es que su corazón está lleno de regocijo respecto a nosotros (Sofonías 3:17), y apropiarnos de esta poderosa verdad nos ayudará a crecer en la oración con gran confianza.

―Tomado del libro Crezca en la oración por Mike Bickle. Publicado por Casa Creación. Usado con permiso.

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