chan2No toda cultura es individualista. Pero en el mundo occidental, tendemos a admirar a los llaneros solitarios. Nuestros héroes son fuertes y autosuficientes, y suelen caminar solos. A menudo, la iglesia occidental tiende a esta clase de individualismo. Escuchamos el llamado de Jesús de tomar nuestra cruz y seguirlo, y decidimos seguirlo sin importar lo que otros digan o hagan. Por supuesto, esta es la respuesta correcta, pero debemos tener cuidado aquí. Aunque todo individuo debe obedecer el llamado de Jesús, no podemos seguirlo como individuos.

El contexto apropiado para cada hacedor de discípulos es la Iglesia. Es imposible hacer discípulos separados de la Iglesia de Jesucristo. Míralo desde esta perspectiva: el Nuevo Testamento está lleno de mandamientos para hacer esto o aquello por “los otros”. Ámense unos a otros, oren unos por otros, anímense unos a otros, etc. Así que ¿cómo podemos enseñarles a las personas a “guardar todo lo que yo les he mandado” si no hay nadie a quien amar, o nadie con quien orar o a quien alentar? Es imposible lo de “unos a otros” si estás solo. Es imposible seguir a Jesús si estás solo. No podemos decir que seguimos a Jesús si abandonamos la Iglesia que Él creó, la Iglesia por la que Él murió, la Iglesia a la que Él confió su misión.

Enseñar a la gente a obedecer los mandatos de Jesús es un proceso que no tiene fin y que requiere que entrelacemos nuestras vidas con las de los creyentes que nos rodean. Como hacedores de discípulos nos uniremos con otros creyentes, les ayudaremos a vencer el pecado que los estanca, y los desafiaremos a crecer para llegar a ser hacedores de discípulos más efectivos.

Primero, asegurémonos de no ser culpables de quitarle importancia a la Iglesia de Dios de ninguna manera. No es un club social; no es un edificio y no es una opción. La Iglesia es vida y muerte. La Iglesia es la estrategia de Dios para alcanzar a nuestro mundo. Lo que nosotros hacemos dentro de la Iglesia importa. Tendemos a comparar la vida de la Iglesia con eventos y programas. Pero esto no es lo que hace a una Iglesia. Los programas ayudan en la medida en que faciliten la vida y misión de la Iglesia, pero no podemos comparar los eventos bien armados con la salud de la Iglesia.

Dios se interesa en la manera en que nos amamos unos a otros y la manera en que nos dedicamos a su misión. La Iglesia es un grupo de personas redimidas que viven y sirven juntas de tal manera que sus vidas y comunidades sean transformadas. Lo que importa es la interacción que tengas con las personas que Dios ha colocado en tu vida. Si no estás conectado con otras personas, sirviendo y siendo servido por otros, alentando y siendo alentado, entonces no estás viviendo como Él desea, y la Iglesia no está funcionando como Él se propuso.

A lo largo de la Biblia, vemos imágenes de la Iglesia global (que incluye a todos los seguidores de Jesús en todos lados) y sobre la iglesia local (que incluye seguidores particulares de Jesús en un lugar particular). De las 114 veces que se menciona a la “iglesia” en el Nuevo Testamento, al menos noventa se refieren a una específica reunión local de creyentes que se han unido por comunión y misión. Dios quiere que cada seguidor de Jesús sea parte de una tal reunión bajo el liderazgo servicial de pastores que pastorean a la Iglesia para la gloria de Dios.

A pesar de la clara prioridad que la Biblia pone en los creyentes de ser parte de una iglesia local, muchos seguidores de Cristo intentan vivir la vida cristiana apartados de un compromiso serio y personal con una iglesia local. Las razones son muchas. Somos autosuficientes e independientes y la clase de interdependencia mutua e incluso sumisión y responsabilidad ante otros de que nos habla la Biblia, nos asusta. A veces somos indecisos, y vamos de una iglesia a otra buscando el “lugar perfecto” y la “gente perfecta”. Muchos de nosotros fuimos heridos en el pasado por cosas que sucedieron a nuestro alrededor en la iglesia, y otros de nosotros simplemente no vemos la importancia de estar específicamente conectados a una iglesia local.

Pero la Biblia dice que la iglesia local es importante. Dios ha colocado en las iglesias locales líderes que nos enseñan su Palabra y cuidan de nuestras almas (Hebreos 13:17; 1 Pedro 5:1–8; 1 Timoteo 3:1–13; 5:17; Tito 1:5–9). Dios nos ha unido en iglesias locales para guardarnos unos a otros de pecar y de alejarnos de Cristo (Gálatas 6:1–5; Mateo 18:15–20). Dios nos ha mandado a reunirnos en asambleas locales donde predicamos la Palabra de Dios, celebramos la Cena del Señor, bautizamos nuevos creyentes, oramos y nos alentamos unos a otros (Hechos 2:42; Hebreos 10:24–25). Luego nos separamos para cuidar de los creyentes y para compartir el evangelio con los incrédulos (Hechos 2:43–47). Claramente, ser un discípulo y hacer discípulos implica comprometer tu vida a una iglesia local, donde te reúnes con otros creyentes bajo un liderazgo bíblico para crecer en la semejanza de Cristo y para expresar el amor de Cristo al mundo que te rodea.

―Tomado del libro Multiplícate por Francis Chan. Publicado por Casa Creación. Usado con permiso.

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VIDA CRISTIANA