La pregunta: “¿Qué hace el ayuno?” es una pregunta que me han hecho más veces de las que puedo recordar. Mi respuesta es siempre la misma: El ayuno y la oración le acercan más a Dios. Aunque puede que esa sea una respuesta breve, no es de ninguna manera simplista.

 El ayuno no es un requisito. El ayuno es una elección. Siempre que un creyente escoge comenzar un ayuno espiritual durante un día o durante varios días, elige salir de la rutina a fin de acercarse más a Dios. Yo escogí desarrollar un estilo de vida de oración y ayuno hace más de veinticinco años, y no conozco nada que haya sido más poderoso en mi vida cristiana. Es cierto en mi experiencia personal y es cierto para nuestra iglesia, como se evidencia por la multitud de poderosos testimonios que surgen de nuestro ayuno colectivo anual en Free Chapel. Estoy más convencido que nunca de que ayunar es una puerta mediante la cual Dios libera su poder sobrenatural en nuestras vidas. La elección es nuestra: podemos abrir esa puerta o ignorarla y seguir con nuestras rutinas.

Durante los últimos doce años, nuestra iglesia se ha comprometido a un ayuno anual de veintiún días en enero. Con cada año que pasa estoy más seguro de que este ayuno anual, apartado para honrar a Dios con lo “primero” de nuestro año, es verdaderamente parte del diseño y el llamado de Él. He sido testigo de profundos milagros en esta iglesia y mediante este ministerio a medida que hemos decidido buscar a Dios en ayuno y oración, cosas que no podrían haberse producido por nuestras propias fuerzas o esfuerzos. Me sorprendió descubrir que casi un millón de personas visitaron nuestra página web1 del ayuno durante un período de dos días en nuestro reciente ayuno anual. Personas de toda América y otras partes del mundo están comenzando a ver que el ayuno no es solo para unos pocos elegidos, sino que Dios es galardonador de todos los que le buscan con diligencia.

El ayuno es un breve período que libera recompensas a largo plazo. Es como tomar tiempo para afilar el hacha antes de cortar un árbol. Como con la mayoría de la tradición popular de los leñadores, ha circulado una historia durante años sobre dos leñadores que realizaban una competición de tala de árboles. En su libro, Tony Evans Speaks Out on Fasting [Tony Evans habla sobre el ayuno], el Dr. Evans hace referencia a una versión de esa divertida historia para ilustrar un punto clave relacionado con el ayuno. La historia dice que un joven y fuerte leñador desafió a un respetado leñador veterano a un concurso. El joven quería demostrar su valía, creyendo que podría talar más árboles en un día que el hombre más mayor. El concurso comenzó una mañana temprano. Apoyándose en su propia fuerza y energía, el joven comenzó a mover su hacha en el primer árbol y después en otro. A medida que progresaba el día, él estaba seguro de ganar porque podía ver que el otro hombre tomaba varios descansos pero, mientras tanto, el joven seguía manejando su hacha, haciendo caer un árbol tras otro. Al final del día, el joven estaba confiado, esperando el conteo oficial de los otros leñadores. Para su sorpresa, el leñador más mayor había talado al menos un tercio más de árboles que el joven. Con frustración, el hijo del leñador concedió la victoria a su competidor más veterano, pero quiso saber cuál era el secreto del hombre. Quería saber cómo se las había arreglado él para batirle considerando su edad y el número de descansos que tomó a lo largo del día. El hombre más viejo y más sabio respondió: “Hijo, lo que no entiendes es que cada vez que me senté para lo que tú llamabas un descanso, estaba afilando mi hacha. Un hacha bien afilada supone mucho menos trabajo, y los árboles caen más rápidamente”.

Debería concluir esta historia con la palabra selah, que significa pausar y pensar al respecto. El problema de tantas personas e iglesias en la actualidad son las hachas desafiladas. Las personas han perdido el filo o la vanguardia en sus vidas, sus hogares, sus matrimonios y su compromiso con el Señor. Semana tras semana puede que estemos en la iglesia cantando los cantos y levantando nuestras manos, pero no hay vanguardia en nuestra adoración; no hay vanguardia en la predicación. Todo ello se ha vuelto rutina y ritual desafilados.

 Cuando apartamos tiempo para el ayuno y la oración, vemos mayores resultados. Claro que puede seguir talando con un hacha desafilada como el joven de la historia, siguiendo adelante en sus propias fuerzas; ¡pero yo prefiero hacer más operando bajo el poder de Dios! Unos cuantos días en todo un año no es mucho, pero proporciona una gran recompensa.  El ayuno le hace recuperar su vanguardia, y le da la capacidad de hacer mucho más de lo que podría posiblemente lograr en sus propias fuerzas y su entendimiento finito.

En 2 Reyes capítulo 6, el profeta Eliseo había reunido a un grupo de jóvenes que anhelaban que él fuese su mentor. Aquellos denominados “hijos del profeta” habían sobrepasado el espacio de su lugar de vivienda, de modo que querían construir un edificio nuevo y más grande donde pudieran todos habitar, continuar en comunidad y aprender de Eliseo. Cuando le convencieron para hacerlo, todos se dirigieron al río Jordán, y cada hombre comenzó a cortar árboles para hacer los postes para una nueva vivienda. Mientras trabajaban, uno de los hombres no se dio cuenta de que la cabeza de su hacha se iba aflojando con cada potente golpe. De repente se salió del mango y cayó en el enlodado río. La cabeza del hacha de hierro se hundió con rapidez mientras el joven permanecía en la orilla, con el mango en su mano, devastado e incapaz de cambiar lo que acababa de suceder. Era un joven que anhelaba hacer algo grande para Dios, pero ya no podía ayudar a talar árboles al no tener otra cosa que el mango de un hacha. Había perdido el filo. Además, este joven había pedido prestada el hacha, y es probable que estuviese preocupado por no tener el dinero para sustituirla. No permita que la falta de finanzas le haga renunciar a su sueño. ¿Anhela hacer algo grande para Dios? ¿Siente que hay algo más que Dios tiene para que usted haga?

Quizá en una ocasión sintió la unción del Señor en su vida, e iba hacia adelante. Usted tenía filo. Su vida estaba consagrada a Dios, y tenía una profunda pasión por las cosas espirituales. Pero algo cambió. En estos momentos siente usted como si hubiera perdido su filo. Lo peor es que el enemigo le ha convencido de que no se ve, está fuera de su alcance, y nunca podrá usted reclamarlo. ¿Se ha creído la mentira de que su unción, su propósito, su sueño, su familia, sus hijos perdidos, todo ello se ha perdido para siempre? Dado el descenso económico que ha experimentado esta nación durante los últimos años, muchos se han enfrentado a difíciles circunstancias, al haber perdido empleos, haber perdido casas y autos, haber perdido el respeto y haber perdido toda esperanza. Pero quiero alentarle hoy a creer que Dios aún puede hacer que el hierro flote, y puede devolverle su filo o vanguardia.

—Extracto tomado del libro El ayuno de vanguardia por Jentezen Franklin. Una publicación de Casa Creación. Usado con permiso.

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VIDA CRISTIANA