Así como un recién nacido necesita alimento y cuidados, también los "nacidos de nuevo" en el Señor los necesitan. Dios está llamando a su Cuerpo no solamente a predicar el evangelio, sino también a discipular a los nuevos creyentes. Un nuevo creyente que es alimentado y criado por la amorosa fraternidad cristiana y por la Palabra de Dios crecerá fuerte en la fe. Existe un llamado especial en la actualidad para el Cuerpo de Cristo a discipular a los nuevos creyentes.

Un discípulo no es solamente un creyente, sino también un seguidor devoto. Jesús ordenó lo siguiente a sus propios discípulos: "Por tanto, vayan y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes. Y les aseguro que estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo" (Mateo 28:19-20). Estas palabras difieren
de lo que habló en Marcos 16:15: "Vayan por todo el mundo y anuncien las buenas nuevas a toda criatura". Un mandamiento es anunciar y otro es hacer discípulos.

Algunos cristianos creen que si no están preparados para darle seguimiento a un nuevo convertido, entonces no deberían predicarle el evangelio. Aunque ver que un nuevo creyente sea cuidado es un deseo noble, la gente es salva por su fe en Jesús. Hechos 2:21 dice: "Y todo el que invoque el nombre del Señor será salvo". Romanos 10:9-10 declara: "Que si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor, y crees en tu corazón que Dios lo levantó de entre los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para ser justificado, pero con la boca se confiesa para ser salvo". Además, Juan 1:12 afirma: "Mas a cuantos lo recibieron, a los que creen en su nombre, les dio el derecho de ser hijos de Dios".

La salvación viene cuando la gente cree en Jesús y lo recibe por fe en su corazón. Es una obra de gracia que necesita una revelación, como en Mateo 16:16 cuando Pedro declaró que Jesucristo es el Hijo del Dios viviente. En Romanos 10:13-15, el apóstol Pablo enseñó que todo aquel que invoque el nombre del Señor será salvo. Pero para creer, estas personas necesitan escuchar el evangelio y eso requiere que alguien les predique. Usted y yo podemos caminar en esta unción para ganar almas. Jesús nos comisionó para predicar las buenas nuevas a los perdidos. La palabra compartida, suelta una revelación de Cristo que, en su momento, produce fe. Cuando comparta el evangelio hágalo con la confianza de que la Palabra no volverá vacía, sino que cumplirá los propósitos de Dios (consulte Isaías 55:11).

Creo que cada vez más veremos que el discipulado se desarrolla mediante la amistad. Muchos cristianos en la actualidad ni siquiera conocen a sus vecinos. Sin embargo, conocerlos es fácil si nos tomamos el tiempo de hacerlo. Todos estamos abiertos a un poco de ánimo y amabilidad, y a menudo es el lugar donde comienza el discipulado. Posiblemente veremos que el discipulado fluye si hacemos un esfuerzo consciente de conocer a nuestros vecinos, a nuestros colegas, a los niños que juegan en el parque y a sus madres, a los que hacen ejercicio en el gimnasio o a los nuevos visitantes de la iglesia. Invite a la gente a casa o invítelos a tomar un café. Todo comienza haciendo un esfuerzo por conocer a la gente.

El Espíritu Santo tiene muchas maneras en las que nos podemos expresar para cumplir con su mandato de discipular. Entienda que todos estamos ungidos para el discipulado y fluirá fácilmente cuando sigamos la dirección del Espíritu. Usted puede entrar fácilmente en la unción para predicar el evangelio y para discipular a los creyentes porque "pues Dios es quien produce en ustedes tanto el querer como el hacer para que se cumpla su buena voluntad" (Filipenses 2:13). Si estamos llenos de la Palabra y del Espíritu, entonces la sabiduría fluirá de nuestro corazón y nuestra boca. Esté abierto a su dirección y haga discípulos. Un bebé necesita una gran cantidad de amor, afirmación, buena comida y cuidado práctico. Hemos recibido gratuitamente su amor e instrucción, así que demos con libertad bajo su dirección.

-- Extracto tomado del libro La luz pertenece a las tinieblas de Patricia King. Una publicación de Casa Creación. Usado con permiso.

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VIDA CRISTIANA