En algunos países de Latinoamérica es normal escuchar de secuestros virtuales, se trata de llamadas telefónicas que realizan los presos a algún número de teléfono y genera una confusión para obtener un botín en dinero. Se presume que quieren robarle el dinero a las personas para subsistir dentro de las unidades penales. Este hecho me ha llevado a pensar en los secuestros que nos realizamos a nosotros mismos en los pensamientos, sentimientos y emociones. Puede decirse que son virtuales, como si se tratara de una oscura virtud.


A la luz de la Biblia podemos descubrir que en Cristo tenemos una nueva mente, una nueva forma de vivir y por ende nos liberamos de los secuestradores virtuales que nos invaden a diario. Esos pensamientos que nos estancan en un sitio y nos confunde con la idea de que no somos capaces, o no somos aptos, o no somos quienes Dios dice que somos. Muchas veces nos encontramos batallando con nuestra fe y con lo que leemos en las Escrituras creyendo que no podemos, que no tenemos potencial. Sin embargo, el apóstol Pablo sigue vigente con su declaración que dice: "Todo lo puedo en Cristo que me fortalece" (Filipenses 4:13) y la promesa que nos fue heredada por boca del profeta Jeremías es nuestra fortaleza: "Porque yo sé muy bien los planes que tengo para ustedes -afirma el Señor-, planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza". (Jeremías 29:11 - NVI).


Ese futuro y esa esperanza no se condicen con nuestros secuestros virtuales, son nuestro escudo para repelerlos. Las autoridades penales, policiales y judiciales aconsejan que frente a cierto tipo de llamadas telefónicas los receptores corten inmediatamente la comunicación y llamen al 911 para informar de la situación lo antes posible. Nuestra arma espiritual frente a nuestras debilidades deben reaccionar con la misma rapidez y destreza que la persona que recibe una llamada telefónica con información poco precisa sobre sus seres queridos.


Me contaron del caso del hijo de un pastor, un muchacho que trabaja en un banco. Él estaba en su rutina laboral, su padre y su esposa trabajan juntos en la oficina de la iglesia. El pastor recibe una llamada: "Su hijo y su nuera están siendo secuestrados". Por la obviedad de la mentira el pastor respondió: "¡Es imposible! Mi nuera y mi hijo no están juntos". El interlocutor respondió: "Ahora no, pero cuando salga de su oficina reuniré a ambos, mientras reúne tú el dinero que te pido, si quieres ver vivos a tu hijo y su adorable esposa". La comunicación se terminó allí. El pastor le contó a su nuera, no sin antes llamar a su hijo, quien estaba muy tranquilo en sus labores cotidianas. Una hora después, el supuesto secuestrador llamó de nuevo y anunció que tenían a la nuera con ellos. De manera que acordaron un encuentro para la entrega del botín. La policía alertada por la situación había tomado cartas en el asunto y lograron apresar a la persona que fue en busca del dinero del rescate, que estaba vinculada con dos delincuentes presos en la penitenciaría de la ciudad.


En nuestras vidas espirituales los malos pensamientos, nuestros sentimientos revueltos y nuestras emociones exaltadas son esos secuestradores que nos llaman por teléfono para anunciarnos que nuestros seres queridos están en situación de peligro. A veces nos desespera y no llegamos a recordar que todos los planes de Dios para con nosotros no son de calamidad, sino de bienestar con un fruto que da esperanza. Nos olvidamos y vale la pena recordar que "Dios es nuestra fortaleza"(Zacarías 9:12, NVI).


En Romanos 8:28-31 dice: "...sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito. Porque a los que Dios conoció de antemano, también los predestinó a ser transformados según la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. A los que predestinó, también los llamó: a los que llamó, también los justificó; y a los que justificó, también los glorificó. ¿Qué diremos frente a esto? Si Dios está de nuestra parte, ¿quién puede estar en contra nuestra?".


Si llenamos nuestra mente de todas estas y otras citas de las sagradas escrituras, los secuestradores virtuales de nuestra mente están repelidos, presos en sus propias celdas, sin posibilidad de acceder a un teléfono para llamarnos de nuevo. Aceptemos el desafío de tomar distancia y medidas de seguridad, para que nuestra vida no sea afectada por las situaciones que nos apartan de la paz y serenidad de saber que Dios es nuestra fortaleza, que todo nos ayuda a bien, que en el Señor tenemos un futuro de esperanza y que la vida eterna la podemos comenzar a vivir aquí en la tierra, mientras repelemos a los delincuentes presos que quieren secuestrar nuestros corazones.


Dr. Esteban Fernández es el presidente para América Latina BÍBLICA - Sociedad Bíblica Internacional y el vicepresidente del Concilio Global Casa Sobre la Roca I.C.I.

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VIDA CRISTIANA