En 1 Corintios 1:30 Cristo es hecho nuestra sabiduría primero y luego nuestra justicia, santidad y redención. ¡La sabiduría es lo primero! Jesús, como nuestra sabiduría, es lo más importante. Hay una diferencia entre sabiduría y conocimiento. El conocimiento se hincha de orgullo. Puede volvernos arrogantes y orgullosos. Pero la sabiduría nos hace humildes, deseosos de aprender. Puedes leer muchísimo y acumular cantidad de conocimiento, y aun así carecer de sabiduría. Tampoco te vuelves sabio solo porque envejezcas o tengas más experiencia en la vida. La sabiduría no es natural. No importa si eres joven o viejo, si tienes o no experiencia, si has estudiado en la universidad o no. La sabiduría viene del inmerecido favor de Dios.

Mira lo que declara la Palabra de Dios acerca de la importancia de la sabiduría: "La sabiduría es lo primero. ¡Adquiere sabiduría! Por sobre todas las cosas, adquiere discernimiento. Estima a la sabiduría, y ella te exaltará; abrázala, y ella te honrará; te pondrá en la cabeza una hermosa diadema; te obsequiará una bella corona" (Proverbios 4: 7-9).Verás, el ascenso y el honor resultan de recibir a Cristo como tu sabiduría.

Recuerdo que solía orar cada día por una cosa que en los inicios de mi iglesia era esencial: pedía que la sabiduría de Dios nos guiara en todo lo que hiciéramos. Era ese el centro de mi oración. No quería basarme en mi propia sabiduría para llevar adelante la iglesia, sino depender de la sabiduría de Cristo. Y en efecto, fue durante esa época de creer para recibir la sabiduría de Dios que ¡el Señor abrió mis ojos al evangelio de la gracia!

Cuando se abrieron mis ojos al evangelio del inmerecido favor de Jesús, comenzaron a cambiar vidas drásticamente, y a transformarse, y de solo unos pocos cientos de personas a mediados de los noventa, hoy la cantidad más grande de asistentes a los servicios del domingo supera las veintidós mil preciosas almas. Cuando me piden que explique cómo creció nuestra congregación, mi respuesta es simple y clara: fue y sigue siendo enteramente por el inmerecido favor de Jesús. Sé que es la gracia y solamente ella lo que hizo que nuestra iglesia tuviera un crecimiento tan explosivo. Antes de que creciera tanto en cantidad de personas, el Señor me preguntó si haría algo. Yo pasaba tiempo en su presencia y un día estaba leyendo su Palabra. Entonces me preguntó si yo predicaría a Cristo en cada sermón. Sinceramente, pensé antes que nada que si predicaba a Jesús en cada mensaje, la gente dejaría de asistir y nuestra iglesia se haría cada vez más pequeña. Pero el Señor me insistió entonces: "Si dejan de venir ¿seguirás predicando a Jesús en todos tus mensajes?". Como todo joven pastor, yo era ambicioso y quería que la iglesia creciera. Sin embargo, me sometí al Señor y dije: "Sí, Señor. Aunque la iglesia se reduzca, ¡seguiré predicando a Cristo!".

No podía saber que en realidad era una prueba del Señor, porque desde el momento en que empecé a predicar a Jesús, a develar su amor y perfección así como su obra cumplida, domingo tras domingo, nunca volvimos a mirar atrás como iglesia. No me daba cuenta de que a lo largo de todos esos años en que oraba pidiendo sabiduría, la sabiduría de Dios me llevará a revelar el evangelio de gracia, un evangelio que no está adulterado por la ley ni por las obras humanas, y que se basa enteramente en la obra cumplida por Jesús. Eso es lo que hace la sabiduría. Siempre te guía hacia la persona de Jesús y la cruz.

Hemos hablado de la sabiduría como lo principal, pero ¿sabes lo que es el "espíritu de sabiduría"? Observa la oración que pronunció el apóstol Pablo por la Iglesia de Éfeso: "Pido que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre glorioso, les dé el Espíritu de sabiduría y de revelación, para que lo conozcan mejor. Pido también que les sean iluminados los ojos del corazón para que sepan a qué esperanza él los ha llamado, cuál es la riqueza de su gloriosa herencia entre los santos, y cuán incomparable es la grandeza de su poder a favor de los que creemos. Ese poder es la fuerza grandiosa y eficaz" (Efesios 1:17-19, énfasis añadido).

¿Lo vas entendiendo? El espíritu de sabiduría y revelación ¡está en el conocimiento de Jesús! Cuanto más conoces a Jesús y tienes la revelación de su inmerecido favor en tu vida, tanto más tendrás el espíritu de sabiduría. Te desafío a repetir esta oración pidiendo sabiduría con regularidad, porque cuando aumentas el conocimiento de Jesús, Él te guía con toda seguridad al buen éxito en todos los aspectos.

-- Extracto tomado del libro Favor inmerecido de Joseph Prince. Una publicación de Casa Creación. Usado con permiso.

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VIDA CRISTIANA