En un domingo dado, se sientan dos tipos de adoradores en las bancas de las iglesias hispanas en Estados Unidos: los que están de manera ilegal en este país y los que no. Los asuntos que tienen que ver con la inmigración no sólo afectan la dinámica del ministerio, sino que lanza a la Iglesia hacia el campo político del momento. Por consiguiente, tres posibles resultados surgen conforme respondemos a esta ineludible tendencia. Ellos son:

  • Primero, si los pases de la legislatura que requieran que todas las corporaciones que tengan contacto con los indocumentados -incluyendo las corporaciones sin fines de lucro- se reporten a las autoridades, las iglesias meguarían o detendrían el alcance a este grupo objetivo para evitar las posibles ramificaciones legales.
  • Segundo, los inmigrantes latinos tal vez eviten asistir o concetarse con las iglesias, particularmente con las que no son dirigidas por hispanos.
  • Tercero, las principales denominaciones, como las Asambleas de Dios (la cual en los últimos años ha experimentado un crecimiento sin precedentes a través de sus congregaciones hispanas), podrían perder una porción considerable de sus congregantes.

Casi todas las principales denominaciones evangélicas, asociaciones o redes tiene un interés en la comunidad latina. La manera como los pastores y líderes respondan en este momento, determinará ya sea si los hispanos continuarán fraguando relaciones estratégicas con las iglesias que no son hispanas o si se aislan aún más, lo cual confirma el viejo paradigma de que los domingos es el día de más segregación en Estados Unidos.

Aunque todos concordamos en que Estados Unidos necesita proteger sus fronteras de la entrada de individuos que quieren hacernos daño, lo que debemos enfrentar como pastores y líderes de iglesias es qué hacer con los indocumentados o inmigrantes ilegales que se encuentran acá actualmente. Hasta ahora, la iglesia evangélica en este país se ha mantenido ante todo callada en cuanto a este asunto. ¿Por qué? Porque nosotros los evangélicos históricamente hemos resonado con los principios conservadores de la ley y el orden dentro de nuestra sociedad.

Sin embargo, el asunto de la inmigración le exige a la Iglesia reconciliar una sociedad fundada sobre el sistema de valores judeocristianas, con los pilares de la ley y el orden y la promesa de vida, libertad y la búsqueda de la felicidad. Considero que únicamente la Iglesia puede unir esos tres elementos, y los pastores y líderes deben tomar la iniciativa.

En primer lugar, tenemos que atender las implicaciones de esto para el ministerio. La legislatura recientemente pasó el proyecto de ley Sensenbrenner, conocido también como la HR 4437, el cual -en esencia- deportaría de 10 a 13 millones de inmigrantes ilegales actualmente en Estados Unidos. Los niños nacidos aquí pueden quedarse, pero no así los padres si son indocumentados. Éstos serán deportados a su país de origen.

En segundo lugar, debemos presentar una solución exhaustiva basada en principios bíblicos. ¿Acaso la Biblia no provee una guía sobre la inmigración? Levítico 19:33-34 muestra que: "Cuando el extranjero morare con vosotros en vuestra tierra, no le oprimiréis. Como a un natural de vosotros tendréis al extranjero que more entre vosotros, y lo amarás como a ti mismo; porque extranjeros fuisteis en la tierra de Egipto".

En tercer lugar, tenemos que hablar porque el futuro del país está en juego. Hay una guerra cultural en esta nación y la misma se debe pelear en las urnas, los medios masivos y los tribunales. La Iglesia necesita que los cristianos hispanos se levanten y se unan.

 

Rev. Sammy Rodríguez es el presidente de la Conferencia Nacional de Liderazgo Hispano Cristiano (NHCLC, por sus siglas en inglés) que sirve a más de 25,000 iglesias hispanas en los Estados Unidos.

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VIDA CRISTIANA