Jesús ofreció a los miembros de su equipo el beneficio de la conectividad: Me moveré con ustedes mientras crezcan y juntos podemos hacer que un rinoceronte se suspenda en el aire o que se mueva una montaña. Los vehículos que podían hacer que esto ocurriera fueron la fe y la oración. Mucho antes de que los teléfonos celulares se inventaran, Jesús ya estaba conectando a su equipo en el campo vía comunicación «láser». Y el alcance fue ilimitado.

Una vez, recibí una llamada de Bob Jewell, uno de nuestros facilitadores. Me dijo: «Laurie, he estado orando por ti todos los días».

Yo le dije: «Bob, sé que lo has estado haciendo; puedo sentirlo».

Eso me hizo preguntarme qué tan lejos pienso que llegan mis oraciones. Me incliné ahí para renovar mi confianza en el poder de la oración que tiene alcance ilimitado, y para ser un sólido y consistente transmisor, más que una débil señal que se interrumpa siempre que aparece una montaña.

La tecnología ha ofrecido a los equipos múltiples maneras de permanecer en contacto los unos con los otros. Adobe Systems, una compañía de alta tecnología, transmite por Internet sus reuniones mensuales. El grupo de ventas de Pepsi se mantiene en contacto a través de un vídeo mensual que detalla las estrategias de ventas. El gigante farmacéutico Merck no sólo envía diariamente una hoja de noticias impresa a todos sus empleados, sino que también ha lanzado un portal global en su red interna para mantener a sus empleados conectados. Toda esta conectividad es para ayudar a la gente a sentir y recordar que no están solos.

Cuando Jesús estaba lejos de su equipo, en una de sus últimas noches en la tierra, él oró así: «Ellos fueron tus regalos, y me los diste a mí... Yo... te pido que los guardes del mal... Te pido que estén conmigo en el Paraíso».

Juan 17, de donde se tomó la cita anterior, es uno de los más bellos ejemplos de la forma en la que Jesús administró a su equipo. Oró por ellos, constantemente, y les enseñó a orar. Qué tontos somos cuando tomamos nuestros celulares para hablar el uno con el otro, pero nos sentimos cohibidos y avergonzados acerca de conectarnos con Dios verbalmente frente a otros.

Pero no todas las oraciones deben expresarse verbalmente y de forma abierta. Donna, una ex directora de equipos para una corporación multinacional, me comentó que a menudo ella era voluntaria en iglesias en países extranjeros durante su tiempo libre. Una de esas iglesias estaba tratando de conducir un avivamiento y distribuyó múltiples piezas de literatura e invitó a predicadores de renombre para ayudarles a llevar a cabo la actividad, pero no parecía ocurrir nada. Al escuchar del trabajo de Donna en otras iglesias, el pastor la invitó a hablar. Ella dijo: «No hablaré, pero sí oraré».

Reunió a varios de los miembros de la iglesia y, el sábado anterior a la actividad, pasó todo el día orando en el auditorio, yendo silla por silla. Me dijo que en algunas sillas ella simplemente no podía continuar, sino que fue llamada a pasar varios minutos intensos y concentrados. Luego de doce horas, ella y su equipo de oración dejaron el resto para el servicio del domingo por la mañana.

Cuando llegó la mañana siguiente al auditorio, el pastor se levantó y dijo: «Donna dijo que no hablaría aquí, pero le voy a pedir que de cualquier manera nos dirija unas palabras».

Donna se levantó, tomó el micrófono en sus manos y lo ondeó sobre la audiencia. La gente comenzó al instante a arrodillarse. En unos cuantos minutos, la audiencia entera se arrodilló con lágrimas en sus ojos y comenzó a rogar que el Señor entrara a sus corazones.

Donna dejó el escenario bajo la mirada atónita del pastor. Donna me miró y me dijo: «El avivamiento llegó a ese lugar, y yo nunca dije nada en voz alta».

Pastor, ¿está usted usando el poder de la oración a favor de su equipo? ¿Y acaso no es la oración, después de todo, la máxima tecnología de comunicación? Jesús oró constantemente. Fue bilingüe en ese sentido, pues combinaba el lenguaje terrestre con el lenguaje celestial, y enseñaba a su equipo a hacer lo mismo. Él administró a sus equipos con oración.








Laurie Beth Jones es reconocida conferenciante y autora de éxitos como Jesus CEO Enseñe su equipo a pescar y varios otros libros. Este artículo es tomado de su libro publicado por Casa Creación.
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VIDA CRISTIANA