machomanSin dudas, las interpretaciones masculinas del texto religioso han servido como herramientas para la subyugación de la mujer y la depravación de los derechos de igualdad de las mujeres, como lo expresó el ex presidente Jimmy Carter. La fe debe servir como plataforma de liberación en lugar de cautividad. Que una denominación o secta religiosa descalifique a una persona basándose en su sexo, es teológicamente incompatible con el mensaje de Cristo. Que esa fe se use como arma de opresión en el hogar para contextualizar el papel de un género en particular a un estatus subyugado, es moral y bíblicamente reprensible.

Lo cierto es, que hay pasajes en la narrativa bíblica que si se sacan de contexto sin aplicar la hermenéutica apropiada, parecen reforzar la noción de un machismo ordenado por Dios o de un estatus secundario de las mujeres. No obstante, las enseñanzas cristianas nos hablan de una fuerza igualadora mucho mayor que cualquier intento político o legislativo hacia la igualdad. El apóstol Pablo declara en Gálatas 3:28: "Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús" (énfasis del autor). En esencia, Dios ordenó emancipación e igualdad.

Como estadounidense hispano, el machismo no se limita a los púlpitos y los bancos, sino que también está incrustado en la realidad de una cultura étnica que por siglos ha limitado a la mujer en muchos de nuestros países latinoamericanos. Irónicamente, en muchos de nuestros círculos religiosos de mayor crecimiento, fueron las mujeres las que dirigieron el camino como pastoras, fundadoras de iglesias y administradoras. Surge la pregunta: ¿cómo una cultura conocida por restringir el papel de la mujer en el contexto cultural se reconcilia con mujeres líderes de congregaciones? Subsecuentemente, también podemos preguntar si la yuxtaposición ofrece soluciones para aquellos que se encuentran debatiendo el papel bíblico de la mujer en el hogar y la iglesia.

La respuesta descansa en el ADN de una comunidad de fe pentecostal. Desde el papel de la mujer en la familia al papel de la mujer en el púlpito, la comunidad de fe pentecostal se destaca por dirigir y remover las ataduras de la opresión por género, tanto en la sociedad como en los corredores de la fe. Existe una razón de por qué globalmente encontramos una correlación entre esta comunidad próspera y el surgimiento de mujeres como líderes en todas las facetas de la vida. Esta Iglesia, desde el principio, ha abrazado la igualdad de género. Hoy día, el pentecostalismo no sólo está transformando la fe cristiana, pero creo de todo corazón que es una herramienta de liberación de los grilletes teológicos que han esclavizado a las mujeres en todo el mundo religioso.

Mientras los bautistas, católicos y otras denominaciones que se adhieren a un marco tradicional aún debaten el papel de la mujer en la sociedad y el ministerio, la Iglesia pentecostal está dirigiendo el camino para facilitar la ortodoxia bíblica y la igualdad de géneros.

Al final del día, mientras la fe estadounidense adquiere mayor influencia hispana, la Iglesia de los Estados Unidos podría ver bien a la mujer en todos los roles y las posiciones en la iglesia, el hogar y la sociedad, inclusive en el liderazgo denominacional y como oráculo principal en ortodoxia bíblica y de renovación, en gran parte, gracias a que la Iglesia está mirando más allá del machismo y adoptando igualdad bíblica. En la Iglesia del siglo 21 muchos hijos e hijas espirituales de todas las tendencias estarán agradecidos de los hispanos cristianos que removieron la parcialidad y la limitación mientras exponen la gloria de Dios.











 

Rev. Sammy Rodríguez es el presidente de la Conferencia Nacional de Liderazgo Hispano Cristiano (NHCLC, por sus siglas en inglés) que sirve a más de 25,000 iglesias hispanas en los Estados Unidos.

Use Desktop Layout
VIDA CRISTIANA