haggard-9972Después que el pastor de Colorado, Ted Haggard admitió haber cometido un embarazoso fracaso moral con un prostituto en noviembre de 2006, la comunidad cristiana no estaba segura qué hacer con él. Algunas personas lo rechazaron completamente. Unos pocos lloraron y oraron por el pastor y su devastada esposa. Todos tratamos lo más posible de seguir adelante, sabiendo que la Iglesia estadounidense sufrió una gran herida a raíz de la dura prueba.

Foto cortesía de Nora Feller Photography

Yo no supe qué decirle a Haggard cuando la noticia salió a la luz pública hace dos años y medio. Como muchos otros que han leído sus libros, escuchado sus sermones y admirado su iglesia, me sentí traicionado. Le envié un corto e-mail para dejarle saber que estaba orando. Después que apareció a principios de año en el documental de HBO, The Trials of Ted Haggard (Las pruebas de Ted Haggard), decidí preguntarle si deseaba hablar con Charisma sobre su proceso de restauración.

Él y Gayle manejaron hasta Orlando, FL y hablamos por más de dos horas mientras almorzamos. Pensé que sería incómodo, pero ambos fueron corteses y estuvieron deseosos de abrir sus corazones. Parece que todavía llevan mucho dolor. Aún tienen heridas abiertas por el hecho que los más feos detalles de sus vidas privadas fueron transmitidos por la televisión nacional.

Los Haggards estuvieron de acuerdo en hacer una entrevista impresa y les di la libertad de escribir sus respuestas de manera que se aseguraran que nada quedara distorsionado. Quise que expresaran sus corazones claramente. A continuación encontrarán una breve versión de esa entrevista.

Charisma: Probablemente se siente que ha ido y vuelto al infierno desde la caída moral en 2006. ¿Cómo está ahora?

Ted Haggard: Mi visita al infierno en la Tierra como consecuencia de mis acciones fue tanto devastadora como reveladora. Tuvo que "caerme un árbol encima", pero sí aprendí. Como resultado, mi vida espiritual es, sin duda, más fuerte. Me estoy convirtiendo en el hombre que siempre oré ser. Convertirse en un leproso ante los ojos de los demás, como mínimo me ha hecho humilde.

CH: ¿Planifica regresar al ministerio?

TH: Desde que salió el documental en HBO, The Trials of Ted Haggard (Las pruebas de Ted Haggard) en enero, hemos tenido millones de visitantes en www.tedhaggard.com y miles de e-mails que han venido con palabras de ánimo e invitaciones para hablar y escribir. Aparecimos otra vez en el programa de Oprah, nos presentamos dos veces en la cadena Fox y hemos hablado en otros lugares. Todo es humillante y embarazoso, pero sí parece que está ayudando a otros y estamos siendo recibidos con más amor y respeto que nunca en mi vida.

CH: Por alrededor de un año estuvo baja la disciplina de un grupo de ministros. ¿Qué aprendió de ello?

TH: Aprendí lo que he estado enseñando a otros por años: Debemos vivir nuestras vidas como si no hubiese tal cosa como el secreto. Ahora me doy cuenta de las repercusiones que tuvo mi pecado en otros. El secreto le otorga poderes al pecado. Lo que debí haber hecho fue encontrar un lugar seguro donde confesar abiertamente mi pecado y encontrar el camino hacia el arrepentimiento efectivo. Lo siento mucho por aquellos a los que herí y defraudé en mi proceso.

En mi proceso, he encontrado que hay poco relleno para amortiguar las consecuencias del pecado en las relaciones. Dios nos perdona y nos restaura a través de la cruz. Él no se escandaliza por nuestros pecados y está totalmente preparado para lavarnos y restaurarnos. Pero entre las personas, el pecado pierde el derecho a la confianza y la buena voluntad. El pecado otorgó a otros una increíble autoridad sobre mi vida, mi familia, mis relaciones y todo mi trabajo. Es la forma número uno de perder la influencia personal y la habilidad de proteger y servir a aquellos que amamos y de quienes somos responsables. Mi pecado me deshumanizó, degradó e hizo impotente. Debido a mi pecado, no sólo yo, sino también mi esposa, mi familia y nuestra iglesia perdimos el control significativamente sobre nuestras vidas y lo que nos depare el futuro.

CH: Ningún ministro planifica caer moralmente. ¿Cuáles errores cometió que lo llevaron a tomar malas decisiones?

TH: Erróneamente pensé que podía manejar mis problemas sin avergonzar a mi familia y amigos. Le temí mucho a las consecuencias y a la vergüenza. No confiaba en otros como para hablarle de ello. Aunque le doy gracias a Dios que esta crisis sacó las cosas a la luz y ahora disfruto de franca comunicación y libertad.

CH: ¿Qué le dice a las personas que luchan con sentimientos homosexuales?

TH: No soy un psicólogo, por lo que no tengo ningún consejo para los que luchan con lo mismo que yo luché. Tampoco sé de seguro que la experiencia que viví de pequeño haya contribuido a mis problemas. Algunos de mis consejeros han hecho esa conexión y el tratamiento con esa experiencia removió completamente todo pensamiento y comportamiento compulsivo. Ya no lucho con deseos conflictivos como antes.

A pesar de lo que viví, no creo que mi experiencia de pequeño sea una excusa. Yo soy el responsable y me he arrepentido. Recomiendo mucho ir donde un consejero cristiano cualificado, a cualquier persona que está perdiendo la batalla con cualquier tipo de pensamiento o comportamiento compulsivo. Creo que nuestra generación de creyentes va a tener que aceptar que no siempre se trata de falta de fe cuando necesitamos consejería que nos ayude con la integridad. Si hubiese ido a consejería, probablemente hubiese evitado mi crisis completamente.

CH: ¿Cómo le ha tratado la Iglesia desde la caída?

TH: Un creciente segmento de líderes de iglesias está eligiendo perdonarnos y darnos la bienvenida públicamente. Otros líderes están callados, lo que pienso que quizás sea una manera de comunicar que somos irrelevantes o le damos vergüenza. Otros no han sabido qué hacer por lo que no han hecho nada. Cuando la gente es callada, mala, juzgadora, ignorante, está enojada o se mantiene distante, pienso que eso es justicia y no los culpo. Cuando otros son amables, dulces, amorosos, serviciales, compasivos y misericordiosos, lo considero un regalo y lo agradezco.

Gayle Haggard: Desde que regresamos a Colorado Springs, hemos descubierto que muchas personas de la iglesia estaban deseosas de reconectarse con nosotros tanto como nosotros con ellos. En esta atmósfera de amor y perdón, se lleva a cabo la verdadera sanidad y restauración.

CH: Gayle, las mujeres la han observado desde la distancia y se preguntan cómo se ha podido quedar con Ted. ¿Qué le diría a las mujeres hoy día cuyos maridos han tenido aventuras amorosas?

GH: La razón por la cual me quedé junto a Ted es que decidí que él vale la pena. Claro que estaba herida. Me sentí totalmente defraudada y traicionada. Mi corazón quedó destrozado. Pero tenía que creer que a pesar de todo el dolor, Ted me amaba y yo lo amaba y que nuestra relación era real. Determiné que valía la pena pelear por él, valía la pena pelear por nuestro matrimonio y el honor y la dignidad de nuestros hijos.

Animo a las mujeres con las palabras que me alentaron: "El amor cubre multitud de pecados" (1 P 4:8). Cuando insistí en perdonar y amar a Ted, me sané. Cuando lo juzgo y escudriño por todo el dolor que causó, empiezo a caer en la desesperación. El amor nunca falla; si escogemos amar y dejamos que él haga su trabajo, seremos mejores por causa de él.

 

 

*Para leer la entrevista completa sólo online, haga click aquí. Si desea leerla en inglés, haga click aquí.

 

J. Lee Grady es el editor de la revista Charisma, una publicación de Strang Communications.

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