Eran sólo un puñado de hombres y mujeres, pero invadieron el mundo conocido. Y lo cambiaron. Les mandaron callarse la boca, pero no lo hicieron. Los persiguieron, pero no los vencieron. ¿Quieres ser uno de ellos? ¿Aceptarías ser parte del ejército de valientes que cambie el mundo?

Los líderes religiosos de Jerusalén dijeron a los discípulos: "A partir de ahora es ilegal predicar su mensaje" (ver Hch. 4:18). ¡No podían predicar a Jesucristo! Hoy existen luchas.

En los EE.UU., hay una batalla entre la moralidad y el libertinaje, los valores de la familia y los de Hollywood. Se batalla la defensa del matrimonio como la unión de un hombre y una mujer contra las muy promovidas aberraciones de la época. Se batalla para mantener en su lugar monumentos con los Diez Mandamientos, representaciones del pesebre donde nació Jesús y otros símbolos que son perseguidos por su conexión con la fe cristiana. Son modos de enfrentar persecución contra el evangelio.

Pero en otras naciones, hay gobiernos o instituciones que persiguen al cristianismo en forma más bien física. El hijo de un pastor en un país donde el cristianismo es perseguido, se graduó con honores en la escuela secundaria, pero al descubrir que es cristiano no le permitieron entrar a la universidad. Hay cristianos que sufren persecución, hasta prisión y muerte.

La Iglesia del primer siglo atravesó por persecuciones. ¿Cómo podrían enfrentar a sus poderosos adversarios? Se juntaron y oraron; y su oración tuvo cinco características que conmovieron el corazón de Dios (ver Hch. 4:23-31).

1. Oraron con pasión, casi diría desesperación, porque el fervor de oración se levanta cuando estamos en crisis. "Y ellos... alzaron unánimes la voz" (v. 24). Dios quiere que alces la voz. Que ya no ores con timidez o aburrimiento, sino con vehemencia. Dios responde a la oración apasionada.

2. Oraron "unánimes", de un mismo ánimo. Dijeron: "Soberano Señor", es decir, Dios que gobierna a los gobernantes. "Tú eres el Dios que hiciste el cielo y la tierra, el mar y todo lo que en ellos hay; que por boca de David tu siervo dijiste: ¿Por qué se amotinan las gentes, y los pueblos piensan cosas vanas?" (vv. 24-25). La paz llega a nuestras vidas cuando Cristo invade los corazones. Así que esa pregunta lanza un desafío para que empieces a pensar con sabiduría, para que vuelvas a los caminos de Dios.

3. Definieron bien la batalla, como una confabulación contra Jesucristo. "Se reunie­ron los reyes de la tierra... en esta ciudad contra tu santo Hijo Jesús, a quien ungiste" (vv. 26-27). La batalla no era contra una iglesia o un sistema, sino contra el mismo Jesucristo. La iglesia primitiva definió la batalla. Tú defines la tuya. Ésta es nuestra lucha: a­rrancar de las garras del diablo y el infier­no las almas perdidas. Somos un ejército de amor del evangelio de la paz. Tenemos que tener bien clara cuál es nuestra batalla.

4. Establecieron una prioridad: que el mensaje siga siendo anunciado. Podrían haber dicho "Señor, escóndenos, protégenos, líbranos del peligro y de las contrariedades, danos una vida fácil y tranquila". Mas bien oraron: "Y ahora, Señor, mira sus amenazas, y concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu palabra" (v. 29).

5. Oraron que aun lo milagroso fuera un apoyo para el mensaje. Piden que Dios les conceda la fuerza para predicar y mientras tanto, paralelamente a esto, que extienda su mano "para que se hagan sanidades y señales y prodigios mediante el nombre de tu santo Hijo Jesús" (v. 30).

Dios quiere que seas un mensajero del evangelio. Con estos principios, vas a hacer que tiemble tu casa (ver v. 31). En la oración comienza todo: la fuerza espiritual, la visión. Allí el Señor derrama los dones: "...y todos fueron llenos del Espíritu Santo". Oro que seas lleno del Espíritu Santo. Que tu casa tiemble con la presencia de Dios, y que anuncies su Palabra con valentía.

 


Sergio Scataglini fundó su propio ministerio, y su visión es impartirle a otros la pasión por una vida de santidad. Es el autor de los libros El fuego de Su santidad, ahora también disponible en tamaño bolsillo,  y  Las doce transgresiones, ambos libros publicados por Casa Creación.
Use Desktop Layout
VIDA CRISTIANA