holinesslNuestra cultura popular podría decir que la moralidad sexual no tiene nada que ver con el carácter; pero, Dios “lamenta” no estar de acuerdo: La moralidad sexual tiene todo que ver con el carácter. Y el carácter es muy importante para Dios. De manera que si queremos andar en el destino que Dios ha planeado, vamos a tener que entender lo que Él tiene que decir acerca de la pureza sexual.

No malinterprete lo que estoy diciendo aquí, Dios nos hizo para ser seres sexuales. Él quiere que toda persona disfrute una vida sexual maravillosa, satisfactoria, con su cónyuge. Sin embargo, al igual que con cualquier otro regalo que Dios nos ha dado, tenemos la responsabilidad de dominar ese regalo de manera que lo complazca a Él. Dios está observando para ver si somos fieles gobernadores en esta área de nuestras vidas también. Recuerde, si somos fieles en lo poco, Dios sabe que Él puede confiarnos lo mucho. Pero si somos infieles en lo poco, Dios dice que también seremos infieles en lo mucho (vea Lucas 16:10).

Es muy importante entender esto porque una persona que sea inmoral en esta área de su vida, también lo será en otras áreas. Una persona que engañe a su cónyuge, también engañará a su empleador (o a su país). Esta no es una idea que yo me haya inventado. Esto es, sencillamente, lo que Dios dice en Su Palabra. Dios dijo que alguien que sea infiel en lo poco, también lo será en lo mucho (vea Lucas 16:10). Yo no dije eso; ¡Jesús lo dijo! De manera que nuestra conducta sexual sí le importa mucho a Dios. Es muy importante que seamos hallados fieles en esta área de nuestras vidas.

El carácter es un asunto fundamental. Si el carácter funciona, el resto de la casa funciona. Si la base es mala, todo lo demás será malo. Nunca podemos ser inmorales “solo” sexualmente porque la inmoralidad sexual abre la puerta a una multitud de otros pecados. Si somos inmorales sexualmente, también mentiremos y engañaremos, porque tenemos que esconder nuestro pecado. La Biblia dice que el rey David era “un hombre conforme a mi [el de Dios] corazón” (Hechos 13:22). Aun así, la inmoralidad sexual lo llevó a mentir y, con el tiempo, a asesinar en un intento de cubrir su pecado.

Por eso es que estoy tan triste de ver que nuestra cultura ha decaído al punto en que muchos podrían decir que la inmoralidad sexual de un líder no tiene impacto en su capacidad para liderar. A pesar de ser tan horrible, es una aleccionadora indicación de que nuestra nación necesita avivamiento y arrepentimiento, y debería motivarnos a escudriñar nuestros propios corazones y a orar. Sin embargo, independientemente de las ideas populares que la cultura promueva, solamente las ideas de Dios importan realmente.

En el reino de Dios, el carácter tiene todo que ver con estar listo para liderar. Dios dice que tenemos que ser hallados fieles en lo poco antes de que Él nos ponga sobre lo mucho (vea Lucas 16:10). Así que es importante para nosotros entender que si cedemos en esta área, estamos poniendo en riesgo el destino que Dios nos dio.

Por supuesto, Dios es un redentor por naturaleza. Si hemos caído en esta área y, sinceramente, nos arrepentimos de corazón ante Dios, Él nos perdonará y restaurará. Sin embargo, si persistimos en la inmoralidad, no entraremos en nuestro destino. ¿Por qué? Porque Dios está buscando administradores en quienes Él pueda confiar completamente.

Esta es la prueba de la pureza, y en nuestra sociedad sensual cada uno de nosotros enfrenta diariamente esta prueba crítica. Sin embargo, podemos inspirarnos en la historia de José. Cuando se enfrentó a esta gran tentación, ¡José la aprobó con gran éxito! Génesis 39 cuenta la historia. 

Después de esto, resultó que la mujer de su amo puso sus ojos en él y le dijo: ¡Acuéstate conmigo!”. Pero él se negó a hacerlo, y le dijo a la mujer de su amo: Como puedes ver, estando yo aquí, mi señor no sabe ni lo que hay en esta casa. Ha puesto en mis manos todo lo que tiene. En esta casa no hay nadie mayor que yo, ni hay nada que él me haya reservado, excepto a ti, puesto que tú eres su mujer. ¿Cómo podría yo cometer algo tan malo y pecar contra Dios?”. Y José hablaba con ella todos los días, pero no le hacía caso en cuanto a acostarse con ella o estar con ella; pero un día entró en la casa para cumplir con sus obligaciones, y como allí no había nadie, ella lo agarró de la ropa y le dijo: Acuéstate conmigo”. Pero él dejó su ropa en las manos de ella, y salió corriendo de allí (Génesis 39:7-12).             

Una razón muy sencilla por la que José pasó esta prueba con gran éxito es: Cuando la tentación se volvió muy grande como para que él la pasara por alto, ¡él corrió! Dios nos recomienda seguir el ejemplo de José y “huyan de la inmoralidad sexual” (1 Corintios 6:18, RVC). El significado literal de “huir” es “salir corriendo”. Entonces, Dios no dice que debemos alejarnos de la inmoralidad simplemente. ¡Él nos dice que huyamos de ella! Y eso es exactamente lo que José hizo, aunque haya tenido que dejar su ropa en las manos de la esposa de Potifar para poder huir.

Note que José llama a la inmoralidad: “gran maldad y pecar contra Dios” (Génesis 39:9). José huyó de la tentación porque él comprendía algo que nuestra sociedad parece haber olvidado; la inmoralidad sexual es mala y pecaminosa. Y José sabía que el mal hecho no sería solamente contra su amo, Potifar. José entendía, además, que esa inmoralidad sexual sería un mal hecho contra Dios, que eso dañaría su relación con su Señor. Así que, José, corrió.

De muchas formas, este es solamente otro aspecto de la prueba de la administración fiel porque, en los diez mandamientos, Dios nos prohíbe codiciar cualquier cosa que pertenezca a nuestro prójimo, incluyendo a la esposa de nuestro prójimo (vea Éxodo 20:17). La esposa de Potifar estaba tentando deliberadamente a José para que la codiciara, así que la administración de José estaba siendo probada en ese momento y en esa área. La pregunta ya no sería si José podría administrar las cosas de otro hombre de manera fiel; sino, ahora era: ¿Podría José ejercer una fiel administración de la esposa de otro hombre?

Sin embargo, aquí hay otra pregunta aún más importante. ¿Podría José dominar su propio cuerpo? ¿Podría él dominar sus propios apetitos y deseos? ¿Serviría José a Dios con fidelidad en esa área de su vida?

Esta es una pregunta muy importante y que cada uno de nosotros tendrá que enfrentar. Nos gusta pensar que podemos disciplinarnos a nosotros mismos a andar con Dios, pasar tiempo en la Palabra y pasar tiempo en oración. Pero muchos de nosotros no podemos, siquiera, dominar nuestros apetitos físicos de una forma que honre a Dios. Esta es una de las primeras áreas en las que tenemos que aprender a disciplinarnos a nosotros mismos porque si no podemos controlar nuestro cuerpo ¿cómo podríamos ser fieles en cualquier otra área? El apóstol Pablo comprendía esto.  En 1 Corintios 9:27, él dijo: “Al contrario, castigo mi cuerpo y lo obligo a obedecerme, para no quedar yo mismo descalificado después de haber enseñado a otros” (DHH).

Si no queremos ser descalificados del destino que Dios nos dio, tenemos que aprender a mantener nuestro cuerpo físico bajo control, y no solamente en el área de la comida. Tenemos que controlar nuestro apetito sexual también.

 —Tomado del libro Del sueño al destino por Robert Morris. Publicado por Casa Creación. Usado con permiso.

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