istock 3042917 250x130Si usted leyera el libro de Proverbios y viera todas las promesas fundamentales hechas para la persona que camina sabiamente, se daría cuenta de que la reverencia y la adoración son el principio de la sabiduría. Rápidamente, vería por qué la reverencia y la adoración son tan importantes.

La Biblia dice que quienes caminan en sabiduría serán ricos. Vivirán una larga vida y serán extremadamente felices. Serán bendecidos, tan bendecidos que los envidiarán  (Pr. 3:1-18).

Pero no existe sabiduría sin adoración. Actualmente, muchas personas buscan conocimiento, y eso es bueno, pero la sabiduría es mejor.  La sabiduría es el uso correcto del conocimiento. El conocimiento sin sabiduría puede hacer que la persona se llene de orgullo, lo que finalmente arruinará su vida. Una persona sabia siempre será conocedora, pero no todas las personas conocedoras son sabias.

Estimo que en nuestra sociedad actual exaltamos el conocimiento más de los que debemos. La educación parece ser el principal objetivo de la mayoría de la gente, y sin embargo, nuestro mundo decae moralmente en forma vertiginosa. La educación es buena, pero no es mejor que la sabiduría. La Palabra de Dios nos dice que clamemos por sabiduría; que la busquemos como la plata y el oro; que la hagamos una necesidad vital de la vida. No hay nada más importante que la sabiduría, y el principio de ella es la reverencia y la adoración.

¿Desea usted que los ángeles trabajen a su favor? Entonces comience a adorar a Dios, porque la Biblia dice que su ángel acampa alrededor de los que le temen y adoran, para guardarlos y defenderlos. Es realmente asombroso cuántas promesas están destinadas a los que adoran.

¿Quiere estar seguro de que todas sus necesidades serán satisfechas? Entonces comience a adorar a Dios, porque la Biblia dice que nada faltará, ni tendrán necesidad alguna, aquellos que verdaderamente temen y adoran al Señor con reverencia.

“Bueno si es así, ¿por qué Dios no se mueve en mi vida?”, puede estar preguntándose.

Creo que Dios sí lo está haciendo. Creo que está haciendo cosas grandes en su vida. Él realiza cosas grandes en todas las áreas de nuestras vidas, aunque no podamos verlas. Generalmente pasamos más tiempo contando lo que nos falta que lo que tenemos. Pensamos más en lo que perdimos que en lo que dejamos, y eso nos impide ver cuán bendecidos somos realmente.

Tener un corazón agradecido es parte de la adoración y, ciertamente, esa es la actitud de un adorador. Dios de lo poco hace mucho y de la nada lo mejor. Creó el mundo que vemos de lo que no existía. De acuerdo a 1 Corintios 1, Él usa lo que no es y lo que no sirve para realizar su obra. Así que si no tenemos nada podemos dárselo a Dios y algo puede hacer Él con eso. Dios nos proveerá lo necesario para nuestras vidas sin problema. Si solo le adoráramos, si le dejáramos nuestra carga y obedeciéramos las instrucciones que nos ha dado, nuestras necesidades estarían cubiertas siempre y abundantemente.

Yo he perdido mucho en mi vida. Fui abusada en mi niñez, con lo que perdí la oportunidad de ser realmente una niña. Por mucho tiempo resentí verdaderamente lo que había perdido. Lamentaba los años perdidos que nunca recuperaré; lamentaba haber tenido un mal comienzo en la vida, pues sabía que muchos de mis problemas de adulta provenía de allí.

Al fin, vi que no podía hacer nada acerca de lo que había perdido, y comencé a mirar lo que había dejado. Una cosa sí puedo decir, tengo el resto de mi vida y usted también. Aun si los años que ha vivido no han sido placenteros, todavía le queda su futuro.

Comencé a adora a Dios en el momento preciso de mi vida, y confié en que Él sería fiel a su Palabra. Le entregué lo que me había quedado, diciéndole: “Señor, aquí estoy. No soy gran cosa, peor si tú puedes usarme, soy tuya”.

Lo animo a que comience a adorar a Dios ahí donde usted se encuentra; adórelo a Él por lo que tiene y olvídese de lo que no tiene. Pues nada falta cuando adoramos. Mientras adoramos a Dios, Él llena todas nuestras necesidades.      

—Tomado del libro La batalla es del Señor por Joyce Meyer. Publicado por Casa Creación. Usado con permiso.

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