cristoEn Mateo capítulo 6, Jesús habló de buscar primero el reino de Dios. Él sabía que los seres humanos siempre tratarían de lograr algo. Pero en lugar de buscar cosas que pensamos que nos harán felices, nos dijo que buscáramos primeramente su reino.

Cuando anticipamos conseguir las cosas que hemos anhelado, experimentamos una especie de euforia. Es la esperanza de que al conseguirlas van a hacer nuestra vida mejor. Somos atormentados, incluso intoxicados por la idea. La recompensa siempre parece ser más grande y mejor que lo que imaginamos, hasta que lo conseguimos. Entonces hay una decepción. Todo se siente bien por un momento, pero antes de darnos cuenta ya estamos en lo siguiente.

La forma en que perseguimos las cosas es la manera en que Dios nos persigue. Mateo 13:45-46 describe una apasionada búsqueda: "También se parece el reino de los cielos a un comerciante que andaba buscando perlas finas. Cuando encontró una de gran valor, fue y vendió todo lo que tenía y la compró".

El reino es como el hombre que encuentra el tesoro en el campo. Somos ese tesoro, y Dios nos persigue sin descanso. De hecho, Él está persiguiendo a cada ser humano, en todas partes del mundo. Él nos ha perseguido desde el principio, en el libro de Génesis. Él sabía que Adán y Eva habían pecado, pero regresó al huerto del Edén y le preguntó a Adán: "¿Dónde estás?" (Génesis 3:9). En lugar de enojarse con Adán, en vez de golpearlo con un rayo, Dios lo persiguió, y clamó: "¿Dónde estás?".

Dios está en persecución de usted y de mí. Él persigue lo que valora. Porque nos valora a usted y a mí, envió a su Hijo, Jesús, para perseguirnos. Si realmente supiéramos cuánto somos valorados, nunca trataríamos de ganar de nuevo nuestro valor con lo que vestimos, con el dinero que ganamos, lo bueno que somos en los deportes, lo popular que somos, inflándonos ni jactándonos de lo que podemos hacer. Si realmente supiéramos nuestro valor, no estaríamos haciendo cosas para obtener la aprobación de otras personas. Nosotros sabríamos que Dios nos ama tal como somos; su aprobación sería lo único que necesitáramos.

El fabricante da valor a las cosas que hace. Así como establece los precios de sus productos, Dios estableció su precio en nosotros. Nosotros somos su tesoro.

Usted es el tesoro que él persigue; es por eso que envió a Cristo, por usted.

No sólo está Dios persiguiendo incansablemente a todas las personas, sino que también está persiguiendo cada parte de cada uno de nosotros. Él no quiere una oración rápida ni simplemente secciones de nuestros corazones. Él quiere cada pieza de cada vida. Por el resto de nuestras vidas, nos mostrará aquellas áreas que no le hemos rendido totalmente. Él persiste para que podamos rendirnos y hagamos más espacio en nosotros para Él.

Imagine que su vida es como una casa. Invita a Jesús a su casa, pero sin darse cuenta, lo trata como al vendedor de aspiradoras que acaba de tocar el timbre de su puerta sin haber sido invitado y que es muy insistente. Usted no quiere dejar entrar al vendedor, pero si se es muy generoso en el momento, es posible que lo deje entrar al vestíbulo. Usted le da unos momentos para que le dé su discurso y lo despide.

¿Es eso lo que usted hace cuando los amigos vienen a su casa? ¡No! Usted les da a lo que quieran cuando quieran. Vacía la nevera para ellos. Anda con ellos, sea conveniente o no. Usted hace que se sientan bienvenidos. Usted quiere que se sientan como en casa.

¡Si sólo hiciéramos eso con Jesús! En lugar de ello, actuamos como si Él estuviera tratando de vendernos algo. Si por casualidad le permitimos entrar, lo limitamos a la parte que es correcta y formal de nuestra casa. Eso es lo que hacemos en la iglesia, así que lo hacemos en la sala de estar de nuestra casa. Nos sentamos derechitos y estamos pendientes de nuestros modales.

Eso no es lo que Jesús está persiguiendo en absoluto. Él quiere venir y familiarizarse con nosotros. Quiere conocer nuestros corazones, nuestros hogares y nuestras vidas. Él no nos está buscando sólo para visitarnos. Quiere que le demos las llaves. Después de todo, Él está a cargo. Él quiere ir a través de toda la casa y limpiarla.

Entonces, ¿qué hacemos muchos de nosotros? Le decimos: "Puedes entrar en mi vida, pero no vayas a ese armario. Es privado. Voy a hablar contigo sobre ello más tarde".

Hay algunos aspectos de nuestras vidas de los que nos avergonzamos. Hemos sufrido dolor a causa de las cosas que nos han sucedido, o cosas que nos hemos hecho a nosotros mismos o a los demás. Pero él no se avergüenza. Él quiere entrar en esas áreas. Él persigue incansablemente cada parte de nosotros. No es un Dios estirado de domingo en la mañana. Él está buscando que abramos todo el lugar. Él quiere entrar, reorganizar los muebles, derribar algunas paredes, rediseñar toda la casa si así lo desea hasta que todo quede a su satisfacción. No se conforma con una visita rápida en el vestíbulo.

¿Cómo debemos responder? Tenemos que dejar de perseguir lo que sea que estemos persiguiendo aparte de Él. Cualquier cosa que sirva como sustituto de Él debe salir. Cualquier cosa hacia la que corramos para dejar de correr hacia Él, debemos dejarla. Simplemente debemos parar y perseguirlo solamente a Él.

—Tomado del libro Resistente por Ron Luce. Publicado por Casa Creación. Usado con permiso.

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