sunriseAl estar todos en Adán, todos pecamos con él. Al ser expulsado Adán y salir del paraíso, todos lo hicimos también. Salimos y no había forma de regresar. Se tenía que crear un puente, un camino, una puerta para el regreso. Ahora bien, “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho”, (Juan1:1-3). Jesús es el principio. Jesús descendió y se humilló hasta la muerte de cruz y al tercer día resucitó. “El principio” resucitó para traer un nuevo principio, una nueva creación para cada uno de nosotros. Por tal razón el apóstol Pablo declara que Jesús es el primogénito de la nueva creación. Estableció un nuevo principio para crear una nueva vida en él y un nuevo camino que nos regrese al Padre. Gracias a la muerte y resurrección de Cristo hoy podemos decir que las cosas viejas pasaron y él hace todas las cosas nuevas.

 

Al establecer prioridades seremos trasladados de un lugar a otro. Dios nos sacará de la cola y nos pondrá por cabeza. Los hijos de Dios hemos cometido el error de ser cabeza dentro de los templos y ser cola en la ciudad. Tenemos que recuperar la posición de cabeza. La posición de cola nos ha llevado a esfuerzos con pocos resultados, a conformarnos con menos de lo prometido por Dios, a vivir arrinconados y aceptar lo que diga la sociedad. En cambio, la posición en la cual Dios nos establece es la de cabeza. De la cabeza salen las leyes, ideas, gobierno y plataformas donde se manifestará el reino de Dios. Mejor posición, mejores resultados.

El rey David después de haber pecado es confrontado por el profeta, se arrepiente y ora de esta manera: “Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí” (Salmos 51:10).David le pide a Dios que cree en él un corazón limpio. Llegó un punto en la vida de David que reconoció que necesitaba un corazón nuevo y limpio. ¿Por qué no la había pedido antes? Porque David sabía que le costaría mucho. Él conocía que Dios podía crear un corazón nuevo y limpio dándole sepultura al corazón sucio, pero para que haya un nuevo comienzo le debemos de dar fin a lo existente. En la muerte de las cosas se encuentran los nuevos comienzos y en los nuevos comienzos está el poder de la creación.

Muchos de nosotros deseamos grandes cosas para nuestra vida, nuestra familia y ministerios, pero no estamos dispuestos a darle sepultura a áreas que carcomen nuestro ser interior. David, siendo rey y desempeñando un sinnúmero de responsabilidades, no tenía un corazón limpio. En ese mismo escenario podríamos estar nosotros como esposo, esposa, padre o madre, ministro o líder sin tener un corazón correcto ante lo que somos, hacemos y tenemos. Para que el poder de Dios se manifieste en nosotros debemos morir a nuestras emociones, sentimientos, religiosidad, costumbres y tradiciones. En el principio nosotros no éramos y Dios creó, ahora podemos desaparecer para que Él cree en nosotros un corazón limpio. La muerte anuncia un nuevo principio y la creación de grandes cosas. El poder creativo de Dios añadirá todo lo que nos falte cuando detenemos todo y volvemos a iniciar.

Pertenecíamos a un equipo misionero en España y después de varios años el equipo comenzó a desintegrarse. Quedamos mi esposa y yo con nuestra hija de un año. Estábamos decididos a regresar a Puerto Rico, pero después de orar fervientemente por dirección, el Señor nos reveló que lo que estaba sucediendo era parte de un proceso en nosotros. La realidad es que ese proceso nos desarmó por completo. Tuvimos que morir a nuestros deseos y a nuestra vida. Pero a la vez que moríamos a nosotros mismos Dios fue acelerando su obra en nosotros. Comenzamos a experimentar un crecimiento sin precedente y definitivamente hubo una detonación espiritual en nuestras vidas. Era mayor lo que Dios nos tenía preparado para después del proceso. Pudimos vivir la definición de morir a nosotros mismos. En cada fin nace un comienzo. Debemos provocar el fin de muchas cosas para que tengan lugar los comienzos que tanto hemos esperado y necesitado.

La primicia es lo primero de una cosecha. Las cosas que tengamos se pueden convertir en primicias o en el sobrante. Cuando logramos convertirlas en primicias tenemos la seguridad que sobre ellas estará el favor de Dios y el poder de crear lo que haga falta. Jesús enseñó a sus discípulos a dedicarle a Dios lo primero: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”, (Mateo 6:33). Cuando le entregamos la primicia de nuestra vida, él añade lo que nos falte y si lo que nos falta no existe, Él lo crea y lo añade. El sistema y la filosofía del mundo está dirigida a buscar las añadiduras, pero en el sistema del reino de Dios las añadiduras siguen a los que dan sus primicias al Rey.

Honra a Jehová con tus bienes, y con las primicias de todos tus frutos; y serán llenos tus graneros con abundancia, y tus lagares rebosarán de mosto”, (Proverbios 3:9-10).

El deseo de Dios es que nuestros graneros estén llenos y esto es el resultado de nuestras primicias. Esta promesa no va dirigida a la siembra, sino al granero. El milagro de la abundancia lo provocan las primicias. La multiplicación no se refleja en la siembra sino después. “Bienaventurado el que no vio y creyó”. Dar honra primero a Dios con nuestros bienes es un privilegio. El enfoque del autor no está en la cantidad ofrecida sino en el orden, en las prioridades y en creer. Dios recompensa nuestra fe y el lugar que le demos a Él.

Vino entonces un hombre de Baal-salisa, el cual trajo al varón de Dios panes de primicias, veinte panes de cebada, y trigo nuevo en su espiga. Y él dijo: Da a la gente para que coma. Y respondió su sirviente: ¿Cómo pondré esto delante de cien hombres? Pero él volvió a decir: Da a la gente para que coma, porque así ha dicho Jehová: Comerán, y sobrará. Entonces lo puso delante de ellos, y comieron, y les sobró, conforme a la palabra de Jehová”, (2 Reyes 4:42-44).

Este hombre de Baal-salisa provocó una creación de nuevos panes al convertirlos en primicias. Este hombre sabía el código de la creación y de la multiplicación. Este hombre sabía que Dios creaba en el principio y convirtió las sobras de otros en primicias. Muchas de las cosas que Dios confía en nuestra mano tienen la capacidad de convertirse en primicias para Él. Si logramos convertirlas en primicias veremos una provisión milagrosa de Dios al igual que este hombre de Baal-salisa. Dios mismo nos dirige para que entreguemos primicias a Él con la intención de multiplicar el fruto de nuestras manos. Él siempre estará interesado en las primicias de lo que nos da. Dios nos llevará una y otra vez a entregar las primicias, no porque él las necesita sino porque nos quiere bendecir. Él nos dirigirá a grandes bendiciones; Él nos dirigirá a entregarle lo primero.

La oración es poderosa, pero la oración de mañana desata una unción creativa. El salmista expresó: “anunciar por la mañana tu misericordia, y tu fidelidad cada noche” (Salmos 92:2).Cuando oramos antes de hacer cualquier cosa estamos ofreciendo primicias del día a Dios. Al principio del día anunciamos su misericordia y en la noche será inevitable decir: “Dios ha sido fiel”. ¿Qué ocurre durante el día? El favor de Dios se manifiesta en ese día de primicias.

Habló Jehová a Moisés y a Aarón en la tierra de Egipto, diciendo: Este mes os será principio de los meses; para vosotros será éste el primero en los meses del año”, (Éxodo 12:1-2).En este momento Dios inicia un año nuevo, preparando al pueblo para la pascua. En otras palabras el Señor estaba diciendo prepárense para despedir el año. Mañana será otro día, otro mes y otro año. Hay momentos en nuestra vida que Dios nos dice así. Cuando Dios decide que termine un año o una temporada en nuestras vidas, Él lo hace. Así que nos debemos de preparar para una nueva temporada y el principio de otra. Antes de crear algo en nuestra vida, Dios provocará la sepultura de áreas de la misma.

Al establecer prioridades estableceremos el principio de creación. Nuestra vida, familia y ministerios necesitan el poder creativo de Dios para alcanzar madurez y altura espiritual. Al establecer prioridades le daremos fin al desorden y a las consecuencias del mismo, preparando un tiempo de refrigerio. Dios quiere manifestar las primicias del Espíritu Santo en nosotros y en todo nuestro entorno (lea Romanos 8:23).

Entreguemos a Dios nuestro estilo de vida para obtener uno mejor. Estableciendo prioridades llegaremos más lejos en menos tiempo, preservando la pasión y fuerzas. ¡Establezcamos el “principio” de grandes cosas!

 ―Tomado del libro Prioridades por el pastor Mario J. Guzmán. Publicado por Publicaciones Casa. Usado con permiso.

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VIDA CRISTIANA