Isaías obtuvo un destello de la gloriosa Iglesia que Jesús volverá a buscar. Él escribió: "Levántate, resplandece; porque ha venido tu luz, y la gloria de Jehová ha nacido sobre ti. Porque he aquí que tinieblas cubrirán la tierra, y oscuridad las naciones; mas sobre ti amanecerá Jehová, y sobre ti será vista su gloria. Y andarán las naciones a tu luz, y los reyes al resplandor de tu nacimiento. Alza tus ojos alrededor y mira, todos éstos se han juntado, vinieron a ti; tus hijos vendrán de lejos, y tus hijas serán llevadas en brazos. Entonces verás, y resplandecerás; se maravillará y ensanchará tu corazón, porque se haya vuelto a ti la multitud del mar, y las riquezas de las naciones hayan venido a ti (60:1-5).

Isaías describió la extraordinaria vida que Dios ha llamado a la iglesia a vivir. Sin embargo, he conocido a muchas personas en mis años de ministerio que tienen la actitud o la creencia de que Dios un día pronto caerá sobre la Iglesia con un gran avivamiento. Es casi como si estuviéramos esperando que Él, de repente, se despierte, se levante y traiga un importante derramamiento de su poder sobre la Iglesia.

A medida que han pasado los años y he meditado cada vez más en esto, he llegado a la conclusión de que Él nos está esperando a nosotros. Él está buscando una generación que crea. Isaías declara que la gloria de Dios será tan fuerte sobre nosotros que los perdidos vendrán a nuestra luz. Llegarán en tropel y una gran cosecha de almas entrará en su Reino eterno.

Sin embargo, su gloria y su poder no descenderán. En cambio, mire lo que dice Isaías: "La gloria de Jehová ha nacido sobre ti". No desciende del cielo, sino, por el contrario, nace desde nuestro interior. ¿Podría ser que abriremos la tapa como Iglesia y finalmente
comenzaremos a creer a Dios? ¿Podría ser que nuestra fe finalmente se vuelva como la de la Iglesia primitiva, pero incluso más fuerte? ¿Creeremos realmente lo que Jesús dice y lo buscaremos con una fe incesante? ¡Creo que Dios nos está esperando! Él vio de antemano
que habría una generación que finalmente lo entendería, que "el justo por la fe vivirá", y finalmente recibiría y manifestaría la gloria extraordinaria que estuvo a disposición de todas las generaciones anteriores, pero que debido simplemente a no creer, ellos la
perdieron.

¿Ve lo importante que es la fe? ¿Puede ver ahora por qué la Biblia nos dice que sin ella es imposible agradar a Dios (véase Hebreos 11:6)? Somos llamados a lo extraordinario, ¡pero no podemos obtenerlo sin una fe incesante! Quitémonos nuestras ropas de seriedad.
No somos personas de este mundo; somos real sacerdocio, una generación santa, una estirpe diferente de personas. Tenemos la naturaleza divina, somos hijos e hijas de la Luz, con un poder muy grande en nuestro interior.

El diablo no es rival para la gloriosa Iglesia que Isaías profetizó. ¿Por qué no hemos perseguido lo que pertenece a Jesús con máxima persistencia? Él pagó el precio para liberar a las naciones, y ellas son su herencia. Él nos dio su autoridad para ir y que se salven los perdidos, y enseñarles cómo vivir como Él. Jesús nos dice: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los
días, hasta el fin del mundo (Mateo 28:18-20).

Esas son las palabras de Él para usted y para mí. Toda autoridad en el cielo y en la tierra le es dada a Él, pero inmediatamente dice: "Por tanto, id...". Él nos ha transferido su autoridad y espera que nosotros vayamos y establezcamos aquello por lo cual Él pagó. Ahora nosotros hemos de ir en su nombre, en su lugar, con su autoridad, porque somos uno con Él, "pues como él es, así somos nosotros en este mundo" (1 Juan 4:17). ¿Entiende cuánto nos ha otorgado Él? Hemos de avanzar incesantemente y traer el cielo a la tierra: en nuestra propia vida y en el mundo de nuestra influencia.

¿Se está levantando su fe? Por favor, entienda que no puede ser retenida, vencida ni derrotada por nada ni nadie. Usted es el único que puede tirar la toalla. ¡Ninguna fortaleza de las tinieblas puede detener su fe! Jesús dice: "He aquí os doy potestad... y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará" (Lucas 10:19). Él nos ha dado su autoridad, la autoridad que ninguna otra cosa desbanca. Él nos la ha confiado a nosotros y aclara: "nada os dañará".

Es momento. Ahora es el momento, no dentro de diez años, ni siquiera dentro de un año. Ahora es el momento de que la Iglesia se levante y camine extraordinariamente en el poder de la gracia por medio de la fe incesante. Deje de mirar su capacidad y enfóquese en la autoridad de Él, su poder que reside dentro de usted. ¡Él nos ha dado mucho! No hay límite a lo que podemos hacer para ayudar a las personas a entrar en la plenitud de vida.

-- Extracto tomado del libro Extraordinario de John Bevere. Una publicación de Casa Creación. Usado con permiso.

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VIDA CRISTIANA