La actividad angelical se arremolina y se mezcla con las cosas del Espíritu. Los ángeles están conectados con la gloria de la adoración y con las necesidades de los creyentes. Están especialmente en consonancia con la disciplina espiritual de la oración y son activados por una búsqueda de Dios sincera del corazón en oración. En la Escritura parece que la adoración angelical incluye vigilar las oraciones de los creyentes. En dos ocasiones, se ve que los ángeles se ocupan de las oraciones de los creyentes.

Primero, en la dramática escena de adoración que se encuentra en Apocalipsis 5, el Cordero toma el rollo de manos del ángel fuerte. Este libro es un recuento de todas las pruebas de la humanidad a lo largo de las épocas. Solamente nuestro Señor Jesús, por su sacrificio, puede restituir lo perdido. En esta poderosa visión, el Cordero muestra los signos visibles de haber sido inmolado (consulte Apocalipsis 5:6-7).

Cuando el León/Cordero toma el libro, una adoración triunfal estalla entre los redimidos y las huestes celestiales. Al comenzar la adoración, hay una mención misteriosa de los ángeles y nuestras oraciones: "Y cuando hubo tomado el libro, los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos se postraron delante del Cordero; todos tenían arpas, y copas de oro llenas de incienso, que son las oraciones de los santos".

Parece que las oraciones de todos los creyentes a lo largo del tiempo son atendidas por los ángeles. Las oraciones son vistas como "copas de oro" de "incienso". Esta imagen nos regresa a la adoración en el templo donde el incienso ardía ante la nube de gloria de la presencia de Dios. Los ángeles mantienen nuestras oraciones como olor fragante ante el trono de Dios. Las oraciones son apreciadas en el cielo y están al cuidado de las huestes de adoración. En la referencia bíblica anterior, las huestes de ángeles tocan sus arpas (kithara en griego, de la cual proviene la palabra guitarra). Mientras tocan y adoran, las oraciones ascienden como incienso ante el trono de Dios: "Y de la mano del ángel subió a la presencia de Dios el humo del incienso con las oraciones de los santos. Y el ángel tomó el incensario, y lo llenó del fuego del altar, y lo arrojó a la tierra; y hubo truenos, y voces, y relámpagos, y un terremoto" (Apocalipsis 8:4-5).

Al desarrollarse está escena, las oraciones de los creyentes desatan las siete trompetas de los ángeles de juicio en la tierra. Observe que nuestras oraciones "ascendieron ante Dios de la mano de los ángeles". ¡Entonces nuestras oraciones fueron lanzadas de nuevo a la tierra como fuego! Esta poderosa imagen de la oración se confirma en Salmos 141:1-2: "Jehová, a ti he clamado; apresúrate a mí; escucha mi voz cuando te invocare. Suba mi oración delante de ti como el incienso, el don de mis manos como la ofrenda de la tarde". Observe la imagen del incienso y la oración. Los ángeles de la adoración atienden el clamor sincero del pueblo de Dios.

Los ángeles reúnen todas nuestras oraciones, y estas son ofrecidas a Dios como un sacrificio. Hasta que la respuesta esté lista arden ante el trono de Dios como sacrificio fragante. Los ángeles atienden nuestras oraciones y son agentes utilizados para responder nuestras oraciones. En su momento, el Espíritu Santo y los ángeles de fuego se mueven para responder las oraciones justas de los creyentes. Un claro ejemplo de la manera en que esto funciona está registrado en Lucas 1:8-12.

Zacarías estaba sirviendo como el sumo sacerdote y ofrecía incienso mientras todo el pueblo estaba fuera del templo orando a la hora del incienso. El pueblo sabía que la oración junto con el sacrificio y adoración, eran poderosos y efectivos. En ese momento las obras invisibles de Dios se hacían visibles. Asombrosamente el ángel de Señor apareció a la derecha del altar del incienso. ¿Qué hacía este ángel? Él estaba reuniendo las oraciones de los creyentes como siempre lo hacía, pero aquel día se le apareció a Zacarías. ¿Por qué se manifestó el ángel? Porque Zacarías y Elisabet habían estado orando con gran seriedad toda su vida por un hijo. A la hora del incienso, la hora de la oración, el ángel que vigila la oración, se mostró. Esta escena termina con Zacarías quien, temeroso, dudó de la palabra de Gabriel y fue dejado mudo para que no pudiera hablar incredulidad ni contradecir la palabra de fe afirmada por su esposa Elisabet. Los ángeles responden a "la voz de su palabra" (Salmos 103:20); por lo tanto, Gabriel no podía permitir que ni una sola palabra de incredulidad se pronunciara durante el embarazo de Elisabet.

Sus oraciones le importan a nuestro Padre y activan la ayuda angelical. Recuerde que ninguna oración pasa inadvertida o permanece sin respuesta. Me doy cuenta de que para algunos de ustedes, esto no tiene sentido, cuando han orado por sanidad y esta no llega, o cuando han sufrido mucho y parecen no tener alivio. Sin embargo, vemos que nuestras oraciones han sido encomendadas a los ángeles hasta el momento indicado. Como aliados con los ángeles, debemos fortalecernos en el poder de la oración y pasar tiempo regularmente con Dios.

-- Extracto tomado del libro Nuestros aliados invisibles de Ron Phillips. Una publicación de Casa Creación. Usado con permiso.

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