Dios nunca deja de moverse. Siempre está en transición. Por eso, cuando entre en el atrio de la oración, le pedirá que siga avanzando. Ha entrado en la presencia de Dios a través de la puerta que es Jesucristo; pero Dios quiere que prosiga.

Cuando los hijos de Israel salieron de Egipto, su viaje comenzó en el desierto. En realidad, era un lugar de bendición, hasta que permanecieron allí por demasiado tiempo. Este lugar bendito pronto se convirtió en el lugar de maldiciones. Esto revela nuestro tercer paso: seguir el patrón de Dios para la oración.

Una vez que ha entrado al atrio a través de las obras de Cristo, habrá varios niveles de oración por los cuales debe pasar para llegar al lugar de entrega total a Dios en oración e intercesión. La primera etapa dentro de la puerta es la oración del atrio. Mucha gente entra en los atrios del Señor, abraza la religión, y nunca penetra profundamente en su presencia. Dios quiere guiarnos por el atrio al lugar santo, y finalmente al lugar santísimo donde experimentaremos su gloria y la llevaremos de vuelta al reino terrenal. Debemos obedecerle en cada paso para poder seguir avanzando.

Dios dio los límites y las instrucciones para el atrio en Éxodo 27:9- 18. Éste corresponde a la experiencia inicial de conversión. Prepara el camino para usted en el reino del Espíritu y permite que Dios continúe edificando sobre ese fundamento. Todo aquel que recibe a Jesús puede entrar en el atrio. Es un lugar de lavamiento y arrepentimiento, un lugar al que entramos con acción de gracias por lo que ya ha hecho.

El atrio estaba iluminado por luz natural. A través del plan de salvación, Dios le ha ofrecido luz eterna, pero todavía no ha recibido revelación eterna. Aun se encuentra bajo la influencia de la luz natural. Entonces, aunque es salvo, está constantemente expuesto a los elementos naturales. Si permanece en el atrio, las opiniones carnales y las circunstancias terrenales estorbarán su búsqueda de Dios. Una y otra vez, se verá forzado a aceptar los métodos y las conversaciones de hombres mortales.

El pueblo de Israel se reunía en el atrio. Discutían sus opiniones acerca de Dios y otras cosas -y esto les impedía acercarse más a Él. Cuando los israelitas "murmuraban", quejándose los unos a los otros de lo que creían que Dios estaba haciendo, sus murmuraciones demoraron su progreso. Las circunstancias y relaciones empeoraron.

Les siguió juicio. ¡El parloteo en el atrio estorbará sus oraciones! Está bien que disfrute de su nueva familia espiritual, pero prosiga hacia Dios. Honre a Dios, adórelo, y continúe avanzando.

Usted va en camino al lugar santísimo vía al lugar santo, donde únicamente los sacerdotes pueden entrar. Todo creyente puede entrar al atrio. Todos pueden orar en el nombre de Jesús, pero un intercesor debe estar calificado por Dios para orar eficazmente a favor de otros. Quienes oran en el atrio son inconstantes. Oran cuando quieren. Claman a Dios cuando se encuentran en emergencias, cuando parece que algo terrible va a destruirlos. También permanecen en modo de alabanza. Admiran a Dios, pero nunca establecen una relación con Él. Por ende, no pueden recibir la revelación de su corazón o la carga de lo que Él desea llevar a cabo en la tierra.

Quienes oran en el atrio nunca llegan a la etapa en donde se declara "Venga tu reino..." En lugar de eso, dicen: "Soy salvo". "Sé quién es Dios." Pero nunca pasan de los atrios a la intercesión porque no conocen a Dios lo suficiente como para entender el corazón de Dios o agonizar por Él en oración.

Quienes oran en el atrio se centran en el lavamiento, la limpieza y las cosas materiales. Viven para decir: "Dame...", "necesito...", porque aún se encuentran en el estado infantil de ser limpiados. Aún se sienten inseguros de quiénes son en Cristo, por lo que estos creyentes naturales pasan la mayor parte del tiempo orando por sí mismos.

Pasar por la puerta es una bendición maravillosa. Reconocer a Dios como su Proveedor, Paz, Justicia, Estandarte de Protección, etc., es todavía mejor. Sin embargo, cuando se estanca en este modo -alabarle, adorarle y santificar su nombre- permanece enfocado en lo que usted necesita en vez de hacerlo en quién es usted en Cristo.

Las oraciones de "dame esto, dame aquello" lo mantienen centrado en las cosas materiales; Dios quiere llevarlo hacia lo sobrenatural.

Para atravesar esta etapa y convertirse en intercesor (lo cual significa llegar a ser embajador de Dios), debe avanzar por el atrio hasta la fuente y el altar de bronce. Aquí es donde comienza a rendir su vida a Dios, despojándose de todo aquello que no es la voluntad divina. Aquí es donde Él comienza a capacitarlo para servir en intercesión.

-- Extracto tomado del libro,  El lugar secreto de Juanita Bynum. Una publicación de Casa Creación. Usado con permiso.

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