En el Antiguo Testamento leemos de un hombre llamado Job que se encontró batallando por entender el porqué. Su mundo vibrante y fructífero se detuvo en seco cuando Dios permitió que sufriese la pérdida de sus posesiones, sus hijos y su salud. Él no podía entender por qué le sucedía eso, ya que había sido un hombre noble y recto. Los no tan amigos de Job trataron de darle respuestas, apoyándose en lo que ellos creían que era una premisa lógica. Pensaban que el sufrimiento era simplemente un resultado del pecado. Dios finalmente les hizo saber que ellos no hablaban con certeza sobre Él.

Dios respondió amorosamente las inquietantes preguntas de Job. En lugar de explicar las razones por las que Job sufría, Dios amablemente dirigió a Job de regreso a una confianza auténtica en un Dios al que él no podía entender. Dios preguntó a Job: "¿Dónde estabas cuando puse las bases de la tierra? ¡Dímelo, si de veras sabes tanto!". Dios condujo a Job a un entendimiento más profundo de su inmenso poder y omnisciencia. Job finalmente declaró a Dios: "Yo sé bien que tú lo puedes todo, que no es posible frustrar ninguno de tus planes.¿Quién es éste -has preguntado-, que sin conocimiento oscurece mi consejo? Reconozco que he hablado de cosas que no alcanzo a comprender, de cosas demasiado maravillosas que me son desconocidas. De oídas había oído hablar de ti, pero ahora te veo con mis propios ojos".

Debemos preguntarnos: ¿estamos dispuestos a confiar en Dios aun cuando no entendamos sus caminos? Es difícil, lo sé. Respuestas directas serían mucho más agradables. ¿Cómo crecemos hasta el punto de la confianza? ¿Cómo podemos descansar en los brazos de un Dios amoroso cuando no podemos entender por qué Él permite ciertas dificultades? Ciertamente, no podemos conocer todas las respuestas, pero a medida que nos acercamos a Dios, comenzamos a llegar a conocer quién es Él y lo que trata. Desarrollamos una confianza en el Dios que nos ama. En este pasaje sobre Job, observe que dijo que había oído hablar de Dios, pero que ahora le había visto con sus propios ojos. Job pasó de un punto de conocer de Dios a un lugar de experimentarlo verdaderamente.

Job pudo poner su confianza en un Dios al que conocía, y no sólo en uno del que había oído. Lo mismo es cierto con nosotros. Podemos encontrar opiniones de personas sobre Dios en libros, comentarios, editoriales, y hasta sermones los domingos, pero debemos llegar a conocerlo por nosotros mismos. Una búsqueda de la verdad acerca de Dios nos conducirá a un entendimiento de que se puede confiar en Él. Una cosa es saber sobre Dios de manera distante; otra muy distinta es experimentarlo a Él de forma cercana y personal. A medida que le conocemos, nuestros corazones son atraídos a una relación de amor con Él.

San Bernardo de Clairvaux dijo: "Si comenzamos a adorar y a acudir a Dios una y otra vez al meditar, al leer, al orar, y al obedecer, poco a poco Dios se nos da a conocer mediante la experiencia. Entramos en una dulce familiaridad con Dios, y al gustar lo dulce que es el Señor, pasamos a un Dios amoroso, no por causa de nosotros, sino por causa de Él mismo". Podemos caer en brazos de un Dios al que conocemos y amamos, pero es difícil confiar en alguien a quien no conocemos personalmente.

-- Extracto tomado del libro Prospere, no sólo sobreviva de Karol Ladd. Una publicación de Casa Creación. Usado con permiso.

 

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VIDA CRISTIANA