Nuestra iglesia moderna ha desarrollado un proceso de pensamiento engañoso concebido y originado por una enseñanza desequilibrada de la gracia. Con mucha frecuencia escucho acerca de la gracia en referencia a una excusa o coartada para una vida de desobediencia. Para decirlo con más franqueza, se usa como justificación para estilos de vida carnales autogratificantes.

Muchos círculos cristianos reenfatizan las bondades de Dios hasta la negación de su santidad y justicia. Este giro hasta la extrema izquierda ha ocasionado que muchos pierdan su gusto por el consejo de Dios. No difiere mucho de un niño que no está acostumbrado a una dieta balanceada porque sólo come lo que quiere. Con ello se le quita al niño no sólo el gusto de algunas comidas sino también la nutrición que su cuerpo necesita de ellas.

Nunca desarrollaremos apetito por las cosas que no hemos probado. Para permanecer equilibrados debemos mirar "la bondad y la severidad de Dios" (Romanos 11:22, énfasis agregado). Si nuestro consejo no está balanceado tenemos una tendencia a desarrollar un entendimiento de Dios retorcido o sesgado. En conversaciones y púlpitos he escuchado a creyentes y líderes utilizar la gracia y el amor de Dios como excusa para desobedecer. La gracia es inmerecida y cubre, pero no de la manera en que se nos ha enseñado.

Esa falta de equilibrio se ha infiltrado en nuestro pensamiento tan bien que sentimos la libertad de desobedecer a Dios en cualquier momento que nos sea inconveniente. Nos aseguramos de que la gracia cubra nuestra desobediencia. Después de todo, Dios nos ama y entiende cuán ocupados estamos, y nos quiere felices ¡a cualquier costo! ¿Correcto? Seguramente, no solemos verbalizar este proceso de pensamiento, sin embargo existe.

Tal pensamiento se invalida por el fruto que vemos en la iglesia. Por desdicha, no es poco común encontrar miembros de la iglesia que son irreverentes hacia todas las formas de autoridad. Hacen su voluntad, son tercos, insubordinados y destinados y controlados por sus diversas lujurias.

Persiguen el estilo de vida y las posesiones del mundo y las llaman bendiciones del Señor. Inconscientes de su engaño, descansan seguros, sosegados por un falso sentido de seguridad basado en la gracia de Dios. La gracia de Dios no es simplemente una coartada. Sí, cubre, pero va más allá, nos capacita y da poder para vivir una vida de obediencia.

 

 

-- Extracto tomado del libro Prohibido el paso al enemigo de John Bevere. Una publicación de Casa Creación. Usado con permiso.

 

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VIDA CRISTIANA