La Escritura enseña lo que podemos hacer para atraer honra a nuestras vidas: "Adquiere sabiduría, adquiere inteligencia; no te olvides ni te apartes de las razones de mi boca; No la dejes, y ella te guardará; ámala, y te conservará. Sabiduría ante todo; adquiere sabiduría; y sobre todas tus posesiones adquiere inteligencia. Engrandécela, y ella te engrandecerá; ella te honrará, cuando tú la hayas abrazado"(Proverbios 4:5-8).

Abrazar la sabiduría le dará honra. El punto de comienzo de la sabiduría es el temor del Señor. Cuando temamos al Señor, creeremos y obedecemos la Palabra de Dios en todas las áreas de nuestras vidas. Desearemos obedecer siempre todos sus mandamientos y preceptos. Veo que hay personas que tratan de hacer que las Escrituras encajen en su estilo de vida o sus creencias; por tanto, cuando leen la Biblia, terminan leyendo lo que ellas creen, en lugar de creer lo que leen. Lo primero es engaño; lo segundo es el temor del Señor, que conduce a la sabiduría.

Las personas que se esfuerzan por vivir con justicia, amar la misericordia y caminar en humildad delante de Dios, son quienes están prontas a arrepentirse y creer; son quienes aceptan la corrección cuando es necesaria. Se nos dice: "Pobreza y vergüenza tendrá el que menosprecia el consejo; mas el que guarda la corrección recibirá honra" (Proverbios 13:18). Lo contrario a la vergüenza es la honra. Resista la corrección, e invitará a la deshonra; pero amar la verdad más que la comodidad o el placer personal atraerá honra.

Sencillamente, se reduce a esto: "Riquezas, honra y vida son la remuneración de la humildad y del temor de Jehová" (Proverbios 22:4). Dios promete honra si persigue usted la piedad. Puede que no llegue de inmediato, pero siempre llegará. Ahora que yo he estado ministrando por décadas, he observado a quienes caminan en las bendiciones duraderas de Dios. Para algunos, durante un periodo parecía como si su fidelidad no fuese a ser recompensada; sin embargo, mediante la firme paciencia, ellos finalmente vieron gran honra y bendición.

Para retener honra, debemos mantenernos humildes en espíritu. A pesar de lo abundantemente que Dios nos bendiga, debemos recordar siempre que no hay nada que no nos haya sido dado. Cuando Lisa y yo comenzamos en el ministerio itinerante no teníamos mucho, ni tampoco buscamos oportunidades. Nos propusimos entregarle nuestro todo a cualquier puerta que Dios nos abriera. Después de años de ver suplidas nuestras necesidades muchas veces en el último momento, Dios me habló en oración: "Hijo, voy a comenzar a bendecirte a ti, a tu familia y a tu ministerio de una manera que está por encima de tus sueños. Tendrás abundante provisión, y la influencia de tu ministerio llegará a ser mucho mayor. Sin embargo, también será una prueba para ti. En los momentos de sequedad, has confiado en mí para todo: lo que deberías hablar, cómo deberías gastar el dinero, dónde deberías ir y demás Cuando yo te bendiga abundantemente, ¿comenzarás a dar tus opiniones o seguirás buscándome a mí para saber qué decir? ¿Gastarás en dinero en cualquier parte o seguirás buscando mi consejo? ¿Ya no me mirarás a mí para ver dónde ir y qué hacer? ¿Olvidarás de dónde has venido?".

Luego dijo: "Hijo, la mayoría de quienes han caído lo hicieron en los tiempos de abundancia, no en los tiempos de sequedad".

Recuerdo caminar hasta casa (había estado fuera, en un lugar remoto cerca de nuestra casa) y contarle a mi esposa lo que Dios me había hablado en oración. Ella me miró seriamente y dijo: "John, si me hubieras contado sólo la primera parte, que Dios nos va a bendecir abundantemente, habría comenzado a bailar ahora mismo; pero al oír la advertencia, un temor santo me ha abrumado".

Yo asentí.

Pablo, durante toda su vida, se refirió a sí mismo como "el último de los apóstoles", "el menor de todos los santos", y "el primero de los pecadores". Él nunca olvidó de dónde venía y esta eterna verdad: que lo que él tenía, Dios se lo había dado. Por esa razón, escribió: "Porque ¿quién te distingue? ¿o qué tienes que no hayas recibido? Y si lo recibiste, ¿por qué te glorías como si no lo hubieras recibido?" (1 Corintios 4:7). Cuando vivimos humildemente delante de Dios de esta manera, no perderemos aquello por lo que hemos trabajado. Recuerde el versículo de la Escritura con el que comenzamos este libro: "Mirad por vosotros mismos, para que no perdáis el fruto de vuestro trabajo, sino que recibáis galardón completo" (2 Juan 8). Para evitar que perdamos el fruto de nuestro trabajo, se nos exhorta: "La soberbia del hombre le abate; pero al humilde de espíritu sustenta la honra" (Proverbios 29:23, énfasis añadido).

Observe la palabra sustenta. A medida que crezcamos en la honra, la mantendremos si vivimos en el temor del Señor y caminamos en verdadera humildad. Nunca olvide lo grande de la muerte de la que Jesús le liberó. Recuerde también su amor, y que el valor de cada individuo con quien está usted en contacto es igual de grande. Por tanto, honre a las personas, al igual que Él las honró al entregar su vida, y obtendrá usted honra, recibirá recompensas, y retendrá lo que ha recibido.

 

 

-- Extracto tomado del libro Honra y recompensa de John Bevere. Una publicación de Casa Creación. Usado con permiso.

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