Antes de conocer al Señor Jesús, tenía problemas físicos y emocionales. Después de dos meses de asistir a la iglesia, cada problema emocional que había experimentado fue sanado y borrado. Por ejemplo, no importa cuán enojada me sienta, ya no digo malas palabras. Este cambio realmente me sorprendió, porque yo ni siquiera pedí por esta sanidad, y en ese entonces no sabía que Dios pudiera hacer tal cosa. Fue durante este tiempo que le pedí al Señor que sanara mis problemas físicos, y lo fue haciendo poco a poco. Al mirar atrás, puedo ver cómo yo pecaba en aquel tiempo, con o sin conocimiento de ello, y comprendo que por esa razón Él no podía sanarme rápidamente. Ahora comprendo que, en muchos casos, el pecado trae enfermedad.

Soy cristiana desde marzo de 1992. Desde entonces, sólo he ido al doctor en pocas ocasiones (para exámenes físicos), pero he ido al dentista muchas veces. Al comprender que el Señor Jesús sufrió treinta y nueve latigazos por nuestras enfermedades, someto cada una de mis dolencias a Él.

A veces siento dolor, pero Él siempre me sana. Algunas veces, Él me sana instantáneamente, pero en otras ocasiones, toma su tiempo. Cualquiera que sea el caso, he aprendido que nada es imposible para nuestro Señor. Dependo totalmente de Él, porque sé que Él me cuida.

Una vez, hace alrededor de cinco años, sufrí de una severa irritación en la garganta. Nunca antes había sentido tanto dolor debido a la garganta irritada. Apenas pude dormir por dos noches consecutivas debido al dolor, pero no tenía ningún deseo de tomar medicina o ir al doctor. Cada esfuerzo por tragar era increíblemente doloroso.

En mi dolor, pensaba en las heridas que Jesús tuvo que soportar por mí, y lloraba de amor por Él, al comprender que mi dolor no podía compararse al que Él había sufrido por mí. En comparación, mi dolor no era nada. Sentía que yo lo había crucificado. Desde que tuve esa maravillosa revelación y experiencia de sanidad, si me da catarro, no dura por más de uno o dos días, mientras que antes duraban de una semana a un mes.

Sé que tengo muchos dones de mi Señor y Dios, pero hasta ahora no he tenido la oportunidad de ministrarlos a otros, excepto cuando testifico y oro. Sin embargo, sé que tengo dones de sanidad, porque cada vez que siento algún dolor en mi cuerpo, simplemente pongo mis manos en ese lugar particular para sanidad.

Cuando hago esto, instantáneamente siento un calor que viene sobre mi cuerpo, y mi ser físico experimenta tal unción que mi cuerpo tiembla poderosamente. A veces, soy sanada inmediatamente, otras veces toma más tiempo.

Cuando el Señor no me sana instantáneamente, continúo suplicándole por mi sanidad hasta que Él la concede. El Señor me dijo: "La oración persistente es contestada, porque aquellos que realmente creen esperan ser sanados por mí. Así que continuamente piden, hasta que reciben".

También me dijo: "La oración impaciente nunca recibirá nada de mí". Quienes no conocen la Palabra de Dios lo suficiente no pueden tener la fe o la paciencia para recibir todas sus promesas. Cuando no conoces la Palabra de Dios ni sus promesas, no tendrás el deseo de orar.

Lo primero que muchos cristianos hacen cuando están enfermos es ir al doctor, en lugar de echar fuera al diablo, orando al Padre en el nombre de Jesús, escudriñando sus corazones para ver si hay pecado en ellos y arrepintiéndose. Sin embargo, hay ocasiones en las que el Señor nos dirige a ir al doctor.

Tal ocasión tuvo lugar cuando mis muelas cordales me estuvieron molestando por un tiempo. El Señor no sanó esta condición por largo tiempo, así que le pregunté el porqué. Simplemente me dijo que me las sacara.

Obedecí y fui al dentista inmediatamente. El dentista me sacó una radiografía, y me extrajo las muelas. No hay nada imposible para Dios, pero en ocasiones Dios escoge no sanarnos.

Es importante para nosotros escuchar y conocer la voz de Dios en tales situaciones. A veces, sin embargo, es muy difícil entender lo que el Señor quiere que hagas. Ora siempre primero y pídele que te muestre lo que debes hacer. Entonces, no importa la decisión que venga a tu corazón, si sientes paz al respecto, obedece a Dios.

-- Extracto tomado del libro ¡El cielo es tan real! de Choo Thomas. Una publicación de Casa Creación. Usado con permiso.

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VIDA CRISTIANA