Después que Eliseo vio a Elías ascender al cielo, el profeta fue a la ciudad de Jericó e hizo su primer milagro. Los hombres de la ciudad enfrentaron una crisis ambiental: El agua estaba contaminada, lo más probable que de sulfuro y otros químicos que habían caído en forma de lluvia cerca en Sodoma y Gomorra en años anteriores. Estos venenos habían dejado la tierra estéril (vea 2 Reyes 2:19-22), estaban probablemente afectando al pueblo y los animales así como a las plantas.

Así es que Eliseo llevó a cabo un acto audaz y profético. Echó sal al agua y proclamó: "Así ha dicho Jehová: yo sané estas aguas, y no habrá más en ellas muerte ni enfermedad" (v.21). Su proclamación trajo sanidad inmediata.

Esta oscura historia en el Viejo Testamento nos da una ilustración del poder del evangelio. El mensaje de Jesucristo nos sana. El Espíritu Santo da vida donde reinó la muerte. Neutraliza los venenos que causan la esterilidad espiritual. Él equilibra el nivel de pH (la alcalinidad del agua) de manera que el crecimiento espiritual y la vitalidad sean posibles.

Todos deseamos disfrutar de una vida espiritual saludable. La triste verdad es que muchos de nosotros estamos estériles por los peligrosos aditivos. Hemos creído un evangelio diferente, uno adornado con legalismo -una religión basada en acciones y en la salvación por obras- cuando sólo Cristo es nuestra única fuente de vida.

El mismo Jesús se refirió a esas toxinas como ‘la levadura de los fariseos' (Lucas 12:1). Nos dijo que el tipo de religión de los fariseos, que lucía bien desde afuera, era mortal y contagioso.

¿Se ha contagiado usted? Al examinar estas ocho características de un espíritu religioso, usted puede hacerse su propia prueba de pH.

  1. Un espíritu religioso ve a Dios como ser frío, riguroso, distante, estricto y exigente, en vez de como un Padre accesible y amoroso. Cuando basamos nuestra relación con Dios en nuestra habilidad para desempeñar servicios espirituales, negamos el poder de la gracia. Dios no nos ama porque oremos, leamos la Biblia, asistamos a la iglesia o atestigüemos, aunque millones de cristianos piensan que Dios se molesta si no desempeñan estas y otras obligaciones a la perfección. Por consiguiente, luchan por encontrar verdadera intimidad con Jesús.

  1. Un espíritu religioso le da énfasis a hacer obras para mostrarle a los demás que Dios los acepta. Nos engañamos al creer que podemos ganar la aprobación de Dios por medio de un código de vestimenta, ciertas disciplinas espirituales, determinados estilos de música o hasta posiciones doctrinales.

  1. Un espíritu religioso desarrolla tradiciones y fórmulas para lograr metas espirituales. Confiamos en nuestras liturgias, política denominacional o programas hechos por el hombre para obtener resultados que sólo Dios puede dar.

  1. Un espíritu religioso se torna sombrío, cínico e hipercrítico. Esto puede amargar completamente un hogar o una iglesia. Entonces, cuando se expresan verdadero gozo y amor, éstos se convierten en una amenaza para aquellos que han perdido la simplicidad de la fe verdadera.

  1. Un espíritu religioso enorgullece y aisla, al pensar que su rectitud es especial y no puede asociarse con otros creyentes que tienen diferentes estándares. Las iglesias que han permitido estas actitudes, se convierten en elitistas peligrosamente vulnerables a la decepción o las prácticas ocultistas.

  1. Un espíritu religioso desarrolla actitudes severas y juzgadoras hacia los pecadores, aunque aquellos que ingieren ese veneno típicamente luchan contra hábitos pecadores que no le pueden admitir a nadie más. Las personas religiosas rara vez interactúan con no creyentes, porque no quieren que su moral superior se contamine por ellos.

  1. Un espíritu religioso rechaza la revelación progresiva y se niega a abrazar el cambio. Es por ello que muchas iglesias se tornan irrelevantes para la sociedad. Se enfocan tanto en lo que Dios hizo hace 50 años, que se quedan atascadas en una era y no pueden moverse hacia adelante cuando el Espíritu Santo comienza a dar un nuevo entendimiento. Cuando los grupos religiosos se niegan a cambiar con la nueva directriz de Dios, se convierten en "odres viejos" y Dios debe encontrar vasijas más flexibles que están dispuestas a implementar cambios.

  1. Un espíritu religioso acosa a aquellos que discrepan con sus pretensiones de superioridad moral y se enoja cada vez que el mensaje de la gracia amenaza quitarle su religiosidad. Un religioso enfadado usará los chismes y las calumnias para difamar a otras personas y quizás hasta use la violencia para probar su punto. De hecho, Jesús le advirtió a sus discípulos: "Os expulsarán de las sinagogas; y aun viene la hora cuando cualquiera que os mate, pensará que rinde servicio a Dios" (Juan 16:2).

Si el veneno de la religión ha contaminado su caminar con Dios, pídale que derrame sobre usted un fresco entendimiento de su gracia en su espíritu estéril, y espere que su nueva vida fluya a través de usted.

--J. Lee Grady es el editor de la revista Charisma.

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