El amor es lo más grande del mundo. Primera de Corintios 12:31 nos enseña que el amor debe ser el número uno en nuestra lista de prioridades espirituales. Debemos estudiar el amor, orar por el amor y desarrollar el fruto del amor, practicando el amar a los demás. Aprendemos en Gálatas 5:22, 23 que el amor es uno de los nueve frutos del Espíritu disponibles para aquellos en quienes vive el Espíritu Santo de Dios.

Dios es amor, así que cuando andamos en su amor, permanecemos en Él. Ya que andamos en el amor de Dios, al recibirlo y expresarlo, no debemos engañarnos pensando que podemos amar a Dios mientras odiamos a las personas (vea 1 Juan 4:20).

Buscamos muchas cosas durante nuestra vida, esperando encontrar satisfacción en ellas. Pero sin amor, estas cosas no alcanzan a cumplir la meta deseada. Cuando invertimos nuestro tiempo y energía en cosas que no nos satisfacen, nos sentimos frustrados.

El amor es lo mejor a lo cual podemos entregar nuestra vida. Me llevó cerca de cuarenta y cinco años darme cuenta que mis prioridades estaban mezcladas y que el amor no era lo principal en mi vida. No era la primera prioridad, pero era necesario que lo fuera. El compromiso de aprender cómo andar en amor ha sido la mejor decisión que he tomado como cristiana.

El amor no sólo bendice a los demás; también bendice a quien ejecuta la acción de amar. Concentrarme en ser una bendición para los demás me ha brindado gozo. Lo encuentro emocionante.

Todos necesitamos convertirnos en estudiantes del amor, destacándonos en la más importante de todas las cualidades: el amor.

--Extracto tomado de La Biblia de la Vida Diaria de Joyce Meyer. Una publicación de Casa Creación. Usado con permiso.

Use Desktop Layout
VIDA CRISTIANA