Cuando Jesús entra en la escena de la mujer samaritana, no lo vemos juzgándola por su reputación, sino que Él tenía un propósito para su vida. Había visto su corazón y descubierto lo que la tenía cautiva, atada al pecado y tenía la respuesta a su necesidad.
El Señor le ofrece un agua diferente: agua viva, diciéndole que al beber de ella no volvería a tener sed jamás. Muchas veces nos concentramos solamente en la frase "agua viva", pero Jesús estaba puntualizando algo más. Él había descubierto la verdadera sed de esa mujer, la necesidad que estaba escondida en su alma. Él supo que lo que ella estaba buscando en esos hombres era amor, valor, protección, seguridad. Sin embargo, cada vez estaba más vacía de amor. Estas mismas heridas la seguían impulsando a buscar otra fuente de amor y a cometer error más errores.
Jesús sabía que el agua de vida podría llenar su corazón del perfecto amor de Dios, saciando así su sed y dándole libertad. Él le mostró su condición y al hacerlo se le reveló como el Mesías, para que ella pudiera entender de qué tipo de agua le estaba hablando.
No solo corrigió su conducta, sino que también sanó lo que la hacía comportarse de tal manera. La respuesta no era señalarla ni exigirle un cambio; estaba en el poder que Jesús tenía para sanar su corazón quebrantado y oprimido. Su sed fue saciada y, además, descubrió la verdadera fuente de amor de donde provenía su valor. La samaritana comprendió que la respuesta a su necesidad siempre estaría en Dios.
Cuando terminó de hablar con Jesús, su vida había cambiado, su corazón había sido sanado, su cautiverio había desaparecido y la opresión del pecado se había ido. Preguntarás: ¿Cómo lo sé?
Antes de este encuentro con Jesús, ella se escondía de los demás, pero cuando bebió del agua de vida, cuando Jesús llenó su necesidad, salió directamente al pueblo. No solamente no tuvo vergüenza de ser vista, sino que le habló a todo el que se encontraba en su camino, dando testimonio de Cristo. Muchos de lo samaritanos creyeron en Él. Su vida cambió de tal forma que impactó la de mucha gente.
Ese es el propósito de Dios en medio de su pueblo. Él conoce la necesidad y no ha venido a condenar, sino a dar libertad, a ayudarte a vencer lo que no puedes, a sanar lo que está enfermo dentro de ti para que seas libre. Solo debes recibirlo en tu corazón y estar dispuesto a beber de Él.
¡Qué impresionante es ver a Jesús presentarse delante de tu necesidad, aun cuando tu vida está en pecado! ¡Cuán importante es oír su voz y no temerle! Pues el cambio que experimentó la mujer samaritana se produjo por haber estado en su presencia. No hay razón para alejarte de Dios, cuanto más cerca estés de Él, mayor bendición y libertad habrá en tu vida.
Recuerda que Él no busca nada para sí, su amor es incondicional y eterno. Reconocer esta verdad te permitirá tener la certeza de que Dios será siempre la única solución y esto te sostendrá, aun cuando el consejo de Dios no encaje en tu lógica o sea lo más difícil de hacer para ti. Nada te desenfocará de la verdad absoluta de Dios. Por lo tanto, el consejo que viene de Él será siempre el mejor que podamos recibir.
Cuánto más comprendamos su amor, más podremos ser guiados por Él. No basta con saber que Jesús nos ama, sino lo que ello significa, vivirlo, experimentarlo, pues antes de conocerlo, tal vez, nunca habíamos sido expuestos a un verdadero amor.
-- Extracto tomado del libro Dile adiós al pasado de Cristina de Hasbún. Una publicación de Casa Creación. Usado con permiso.

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VIDA CRISTIANA