No hay nada tan estimulante como caminar cada día con el Espíritu Santo. Moverse y respirar en el poder de Dios. Escuchar la voz que llega a tu espíritu, y obedecerle, sea lo que fuere que te indique que hagas. Ir donde quiera te diga que vayas. Decir lo que te diga que digas. Ministrar a quien ponga en tu camino. Beber del manantial de su sabiduría mientras Él la imparte en tu corazón y tu mente.

¡Me gusta tanto vivir en la estela del Espíritu Santo! No hay nada que prefiriera hacer más que seguirlo en la batalla. Trato de no cuestionar nunca sus caminos, ni dudar de su perspicacia, y nunca vacilo en dejarme guiar por Él.

Muchas personas tratan de educar al Espíritu Santo respecto a lo que debería hacer. He oído a predicadores explicar cómo obra el Espíritu Santo, decir cómo piensa, lo que quiere y no quiere que hagamos. ¡Me pregunto si alguna vez se detuvieron a pedirle al Espíritu Santo permiso para hablar por Él!

El Espíritu de Dios no nos responde ni a ti ni a mí. No nos pregunta qué pensamos sobre su modo de hacer las cosas. Solamente nos pide que lo sigamos. No podemos ser más inteligentes que Él, y pocas veces podemos entenderlo. Es como un paquete de sorpresas que cada día espera abrirnos nuevas puertas de ministerio, entusiasmo y experiencias. Cuando crees que lo entendiste, te vuelve a sorprender.

¡El mayor enemigo del Espíritu Santo es nuestra agenda! A Él no le interesa trabajar por medio de nuestro programa de actividades: Él quiere llegar a ser nuestro programa de actividades. Quiere guiarnos a través del día, y no ayudarnos a planificarlo. Quiere sacudirnos y hacer caer nuestras rutinas y rituales diarios para que nos soltemos y confiemos en Él.

La oración más poderosa y efectiva que podamos decir es: "Jesús, entrego mi vida a la obra de tu Espíritu Santo. No tengo planes propios, no tengo agenda ni objetivos que haya elegido por mi propia cuenta, ni deseo que no haya sido puesto en mi espíritu por el tuyo. Quiero soltar mi vida y mi agenda. Renuncio al poder de Satanás sobre mi vida y a los pecados que me esclavizan ¡Tómame, Señor! Muéstrame dónde quieres que vaya, qué quieres que haga, a quién quieres que vea y qué quieres que diga. Ya no limitaré tu obra en mi vida ¡Tómame! ¡Moldéame! ¡Úsame! ¡Guíame! ¡Hazme un recipiente de tu Espíritu!"

En lugar de pasarte la vida orando por bendiciones, ora porque Dios te utilice para bendecir a otros. En lugar de esforzarte por estar cómodo y obtener riquezas y comida sabrosa, ora porque Dios te use para ayudar a otros a encontrar comodidad, consuelo, refugio y alimento. En lugar de buscar milagros, permite que Dios convierta tu vida en un milagro viviente de su voluntad.

Si quieres cambiar el mundo comienza por permitir que Dios te cambie. Deja que la pasión de Jesús sea tu pasión. Permite que el Espíritu Santo sea tu único guía y mentor a cada paso, cada minuto del día. ¡Permite que Dios haga arder tu corazón con una obsesión del alma!

--Extracto tomado del libro Obsesión del alma de Nicky Cruz. Una publicación de Casa Creación. Usado con permiso.

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VIDA CRISTIANA