Nuestras decisiones determinan nuestro futuro. "Hay camino que parece derecho al hombre, pero su fin es camino de muerte" (Pr 16:25). Siempre hay gracia para nuestros errores. Sin embargo, las decisiones son diferentes de los errores. Nuestro libre albedrío puede oponerse al poder creativo y a la perfecta voluntad del Creador. El verdadero peligro viene cuando en el presente tomamos decisiones que hacen que el Señor aparte su oído de nosotros cuando clamemos en el futuro. Si usted decide contra la voluntad de Dios, tal vez llegue un tiempo en los días venideros en que necesite que Él intervenga en su vida. Cuando superponemos nuestra voluntad a la voluntad de Dios se genera un cambio en nuestro proceso de pensamiento. Nos engañamos a nosotros mismos, y el engaño genera cambios en las relaciones. "Adán, ¿dónde estás tú?" El primer efecto de las decisiones equivocadas es en nuestra relación con el Señor. Dios sabe que hemos interrumpido nuestra comunión con Él. Más importante aún, nuestra elección equivocada afecta nuestra relación con otros. Mi esposa, Pam y yo solíamos leer a nuestros niños un libro acerca de lo que ocurre cuando se quiebra la confianza. La vitalidad de nuestra conciencia se debilita, se ensombrece, y por último puede cauterizarse de modo que no encontremos gracia en tiempo de necesidad. No sólo nos resulta difícil encontrar al Señor sino que perdemos nuestra propia autoestima. Necesitamos victoria, pero nos hundimos en la tragedia. "Todo aquel que comete pecado, infringe también la ley; pues el pecado es infracción de la ley. Y sabéis que él apareció para quitar nuestros pecados, y no hay pecado en él. Todo aquel que permanece en él, no peca; todo aquel que peca, no le ha visto, ni le ha conocido" (1 Jn 3:4-6).

La gente del reino debe hacer la voluntad de Dios. Somos una nación que está sobre todas las naciones. De modo que, aunque a veces tomemos malas decisiones y elijamos mal, sea acerca del líder de una nación, con quien nos asociamos, cómo administramos los suministros que se nos dan, el compañero equivocado con quien nos casamos, o las malas decisiones en los negocios, ¡Dios en su gracia puede darnos un plan para reformar nuestro futuro! Sin embargo, nuestras elecciones afectan la porción que se nos ha dado para administrar en la vida.

--Tomado del libro Cómo redimir el tiempo de Chuck Pierce. Una publicación de Casa Creación. Usado con permiso.
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VIDA CRISTIANA