En 1999, Pablo Olivares y su banda de rock pesado, Halógena, fueron secuestrados en la Ciudad de México. Conoce cómo esa radical experiencia frente a la muerte lo reencuentra con Jesucristo.
Así se cuenta la historia de un chico con sueños de fama. Su niñez se ca­racterizó por libres co­rridas en un amplio campo de la provincia Polvorines, donde (como buen súper héroe) rescataba al mundo desde las más altas ramas. El aire que se respiraba en su hogar era uno de incondicional, fiel y contundente servicio a Dios. Sus días empezaban y terminaban con una oración. Asistía tanto a los cultos en la iglesia como a los que se daban en su casa, y participaba de los estudios bíblicos que su mamá le enseñaba. Además, cantaba en el coro de la iglesia y guardaba el sábado.

Luego su actitud fue cambiando, en parte por la influencia de ciertos amigos en el colegio cristiano. Escuchó de una vida aventurera distante a la que se vivía entre las cuatro paredes de su iglesia. Cansado del Dios negativo y aburrido que le habían pintado, y frases como: "No hagas esto porque a Dios no le gusta", "No oigas esa música porque a Dios le desagrada", "No te dejes el cabello largo porque ofendes a los hermanos", "No vayas aquí ni allá porque es pecado", decidió averiguar qué había al otro lado. Se sabía la Biblia de rabo a cabo, pero lo menos que tenía era una relación íntima con Dios. Más bien era un chico activo que le fascinaba el rock pesado, y que soñaba con tocar en famosos escenarios. De manera que decidió hacer un pacto. Sabía claramente que no existía el intermedio: o estás con Dios o con el diablo. Así que, como pensaba que Dios no tenía interés en sus anhelos y sólo existía para juzgarlo, optó por buscar ayuda del diablo. A los 11 años de edad, hizo un pacto verbal con el enemigo, a cambio de fama y dinero. Pensó que nada iba a pasar, pero pasados algunos años, su ca­rrera artística comenzó a ascender. Desde entonces, se rebeló contra sus padres y pensaba que ir a la iglesia era lo más tonto que le podía pasar a una persona. Tan pronto pudo, se fue de su hogar y se dedicó a la música. Cortó toda relación con sus padres, ya que sentía que los odiaba. Esto no es puro cuento, es la versión resumida de los primeros capítulos de la vida de Pablo Olivares. Mas no se pierda el desenlace.

Pablo Olivares nació en Buenos Aires, Argentina, el 21 de febrero de 1973. Sus padres son Héctor Olivares y Beatriz Alonso, su hermana se llama Natalia, y tiene 33 años. A los 6 años de edad, se inició en la música en el coro de la iglesia Adventista del Séptimo Día donde se congregaba su familia. Viene de una familia cristiana de cuarta generación. De su familia, heredó el talento por la música, ya que sus tíos eran músicos y su mamá es cantante. Pablo también canta, y toca la viola y la guitarra. En 1990, estando internado en un colegio cristiano, formó su primera banda de rock llamada Último momento, cuyos ensayos los hacía a escondidas. Tenía tanta energía que lo tuvieron que cambiar de colegios por su conducta problemática.

A mediados de la década de los noventa, armó con unos amigos otra banda de rock pesado llamada Halógena. (A Pablo le surgió la idea de este nombre cuando al estar en un concierto, se apagó la mitad del escenario porque se había fundido una potente lámpara halógena.) Así se inició su carrera artística que duró 13 años. Halógena se codeaba con grupos de renombre en el mercado secular como Biohazard, Skid Row, White Snake y Rata Blanca; llegaron a ir a fiestas donde también estaban de invitados Kiss, Aerosmith, Van Halen, e hicieron giras internacionales por lugares como EE.UU., España, México y Panamá, entre otros. Pablo había llegado a la cumbre, el enemigo le dio la fama y el dinero que tanto anhelaba y, de paso, probó el ambiente del sexo, las drogas y la vida desenfrenada. ¿Y ahora qué? Otro concierto por supuesto; esta vez el festival Vive Latino, organizado nada menos que por MTV en la Ciudad de México.

Ocho horas

En 1999, Halógena llega a la capital mexicana para dar otro gran concierto. Pablo decide salir al Zócalo a comprar una guitarra. El bajista, el baterista y un asistente de su banda lo acompañan. Su manager, José Luis Botto, le había aconsejado que fuera con guardias de seguridad, pero entendió que no era necesario. Era una chico fuerte con tatuajes, piercing (con aretes en las orejas y otras partes del cuerpo) y de cabellos largos pintados; nadie se iba a meter con él, así que se fueron solos en un taxi. Llegan y un chico de veintitantos años les abre la puerta del auto, y le dice a Pablo: "Yo tengo lo que tú necesitas". Pablo se sorprende y piensa que le estaba hablando de la guitarra, así que le explica el modelo que andaba buscando. Cada vez que entraban y salían de una tienda de instrumentos musicales, el muchacho volvía a acercársele para decirle lo mismo. Tal fue la persistencia, que Pablo decidió acompañarlo para ver qué era lo que tenía que ofre­cerle. Comienzan a caminar todos juntos hasta que llegan a un siniestro callejón. El muchacho sacó una pistola, otros cinco tipos fuertes y armados los rodean y les dicen que se trataba de un secuestro. Los llevaron a una casa donde había gente que se drogaba.

Comienzan las negociaciones. La disquera no accede a pagar la recompensa. Pasaban las horas, y la línea entre la vida y la muerte se hacía cada vez más estrecha. Cada uno tenía un hombre armado a su lado. Curiosamente, el secuestrador a cargo de Pablo le pedía disculpas por lo que les hacían, le decía que lo tenían que hacer para pagar por sus drogas. Aunque también los insultaban y les decían que los iban a matar. El secuestrador que velaba a Pablo le dijo que esa noche iban a dormir con ellos. Ahí Pablo le dijo: "Mátame, yo no voy a ningún lado". En ese instante, el baterista se desmaya y se lo llevan a otro cuarto. Pablo se angustió aún más, pues no sabía si iban a matar o violar a su amigo. Al rato, traen de nuevo al baterista, y éste le dijo a Pablo: "Lo convencí de que no te mate". Para ese tiempo, Pablo ya estaba casado con su esposa, Lorena Buda, de 31 años, desde hacía ocho años. Tenían a su hijo mayor, Matías, quien tiene 7 años, y Lorena estaba embarazada del segundo, Alejo, ahora de 6 años.

De repente, uno de los secuestradores le puso una pistola en la cabeza y a gritos le preguntó: "¡¿Crees en Dios?!". A lo que el cantautor, confuso, contestó desde sus entrañas: "¡Sí!". El hombre le aseguró: "Si hubieras dicho que no, te hubiera matado". Ahí Pablo sintió un calor fuerte, y escuchó una voz que le decía: "Te estoy cuidando".

"Fue un poder que manipuló toda la situación y cambió la escena. Empecé a sentir que ya no era yo", explicó este hoy apasionado por Jesús. Cuenta que ya luego no le importaba nada, sólo le cuestionaba a Dios por qué había ido a salvarlo si él era una basura. Un inmenso amor y una fuerte paz se apoderaron de él. Luego, los secuestradores los dejaron abandonados en un campo oscuro y les ordenaron que caminaran sin mirar atrás. Todos pensaron que ahí los matarían a tiros, pero se dieron cuenta que los hombres se habían ido. Corrieron más rápido que el mejor atleta olímpico. Llegaron al hotel, Pablo recogió sus pertenencias, y regresó a Argentina como un hombre lite­ralmente nuevo.

Ni el manager ni los integrantes de Halógena entendían su actitud, él sencillamente les dijo: "Dios me vino a buscar, me salvó. No soy más el de antes". Así, sin pensar en todos los contratos con Fonovisa que perdería, ni las demandas ni las burlas que podían atacarle, se fue para no volver. Ya la fama y el dinero no eran la prioridad en su vida. Fueron ocho horas entre la vida y la muerte, pero a Dios sólo le tomó unos segundos transformar su corazón. Vida Cristiana le preguntó qué siente por los secuestradores, y respondió: "Amor, si yo servía al mismo Satanás que sirven ellos". Añadió que planifica ir la cárcel en el país azteca, aunque en realidad no sabe si se los va a encontrar, pero igual siente el deseo de ir y compartir sobre el infinito amor de Jesús.

Deambula lo que quieras, que aquí te espero

Cuando Vida Cristiana le preguntó a Pablo por qué pensaba que Dios había permitido que viviera esa experiencia, manifestó: "A veces tienen que pasar cosas para que entendamos su poder, y para sacarnos esa venda de los ojos que nos pone Satanás. Yo estaba seco, requemado, lleno de egoísmo y odio. Cuando Dios te saca ese velo, uno puede ver la realidad. Es tan grande su amor que espera pacientemente. Es una lástima que muchos chicos se pierdan porque crean que Dios no los va a perdonar, yo les demuestro con mi vida que Él perdona todo. Mientras vos tengas vida, no importa lo que hagas, tenés una oportunidad".

En el aeropuerto, se encontró con su madre quien nunca había dejado de orar por él. Por más de 10 años, se estuvo reu­niendo con un grupo de damas para pedirle a Dios por su hijo. Pablo asegura que fueron esas oraciones las que lo salvaron. Ya luego, el nuevo comienzo no fue fácil, pues no es cierto que la vida del cristiano es un camino sin espinas. "El primer año fue muy duro, porque Dios pulió mi vida y eso duele. Cuando el Señor te saca de la mugre que traés, no te limpia con un jaboncito, te limpia con piedras pómez", comentó este "siervo de Dios, divertido y súper sensible", como lo describe su esposa. Muchas iglesias no le dieron la oportunidad de cantar y compartir lo que Dios había hecho en su vida. Durante los primeros años de su conversión, trabajó de panadero y obrero, entre otros quehaceres, para sustentar a su familia. Laboraba hasta 14 horas diarias y, en los fines de semana, visitaba algunas iglesias donde le permitían compartir su experiencia.

Un día, iba de camino al trabajo temprano en la mañana, cuando escuchó una voz interna que le decía que fuera a cierto lugar. Llegó a un bosque brumoso. Agarró su devocionario, empezó a caminar y hablarle a Dios. "Señor, ¿cuál es tu propósito?, ¿por qué no me mataste? ¿Por qué me haces esto? Siento que no te estoy sirviendo", le gritaba angustiado. Cada vez que leía el devocionario, el Señor le decía: "Sos un egoísta y un mentiroso". En llantos, le pedía perdón y que lo cambiara. Pasó todo el día, hasta que por último Jesús le dijo: "Te voy a dar todos los deseos de tu corazón. Y te voy a dar más de lo que alguna vez imaginaste".

Pablo, que había pasado un largo desierto después de su salvación, que hasta había carecido para comer, lo menos que se imaginaría fue que hace un año firmaría con CanZion Producciones, y que su primer álbum cristiano, "Luz en mi vida", sería nominado al GRAMMY Latino 2005, Dove y dos premios Arpa. "Este disco fue la oportunidad de agradecerle por tanto amor…por mi familia, mi esposa, mis hijos, y tanto más", expresó este joven que, más allá de cantar, lo que desea es servir a Dios y compartir el amor que lo transformó. Pablo Olivares ya no va tras la popularidad y el dinero; ahora su deseo es ver a sus hijos enamorados de Jesús, y alcanzar a los jóvenes con su mensaje. De hecho, cuando le preguntamos a Lorena qué es lo más que ama de su esposo, respondió: "Su pasión por Jesús, su compasión por la gente, su seguridad al caminar con Cristo. ¡Gracias, Pablo, por compartir tu vida a mi lado!".

Joven, que sin saberlo andas por la vida deambulando, buscando a donde ir, a lo mejor te preguntas si serías merecedor de tanto amor o si lo que Dios hizo por Pablo lo haría por ti. Hagas lo que hagas y vayas donde vayas, Él pacientemente espera. Porque "ninguna cosa creada nos podrá separar del amor de Dios" (Ro. 8:39). Además, "de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna" (Jn. 3:16). Tanto amor sí está disponible para ti, y en estos momentos te invita a responderle: "¡Sí!". Sin prisa aguarda para restaurar tu alma.


Brenda M. López de Teixeira trabaja para Strang Communications y es escritora independiente en Orlando, Fla.
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VIDA CRISTIANA