Recientemente la mamá de una joven muy cercana a mí, me llamó para decirme que su hija soltera de 19 años está embarazada. De primera intención no supe qué decir. Luego, repetí uno de los estribillos del mundo, es decir lo que ya ella había oído un sinfín de veces; "Eso se debe al tabú de hablar sobre el sexo en nuestros hogares hispanos".

Mi consciencia inmediatamente quiso enmendar semejante error. Le escribí y le pedí disculpas. Entonces sí le dije la verdad; existe el tabú, el cual es hablar de Dios y Sus enseñanzas.

Todos somos responsables de esa epidemia social. Porque si sabiendo la verdad, que es la que nos da la libertad, y no la verbalizamos, entonces somos partícipes de cada bebé que nace fuera del matrimonio. Es tener la llave de la vida eterna y no pasársela a nadie.

¡Qué importa lo que opinen de uno!, no se puede vivir atado a complacer los oídos de la gente, la verdad es una y sólo se encuentra en la Biblia. Aunque ya lo sabía, esa fue mi gran lección.

Este fue mi reto. No sabía cómo llevarle el mensaje de salvación a esta joven que no tiene una relación personal con nuestro Señor. Sí sabía que no quería unirme al escrutinio general bajo el cual ya estaba sometida, pero tampoco podía aplaudirle el pecado.

"Háblale del amor de Cristo y su perdón", me dijo el Espíritu Santo a través de una amiga. Así hice.

"Pídele que cubra con Su manto de perdón a tu hijo. Busca de Él, lee todo lo que tiene para ti. Su amor es infinito y no te condena, mas el primer paso es reconocer y pedir perdón por las obras que son una ofensa contra Dios. Este es el acto de humildad que marca la diferencia y trae la oportunidad de nacer de nuevo".

Luego se me ocurrió, ¡Ah! Música. Eso es. A los adolescentes se les habla con música, no con sermones largos y complicados. Qué mejor que jóvenes hablándole a jóvenes en ritmo. De manera que junto con la carta le envié un disco compacto con música que le llegara al corazón, música que le diera la bienvenida a su criatura y la esperanza de un mejor futuro.

Por eso es que debemos apoyar a los grupos musicales de jóvenes cristianos, ellos saben llegar a lo rincones que a veces los adultos no tienen idea de cómo alcanzar. Tienden a confrontan los ataques que más les acechan de una manera simple y efectiva. Llevan la palabra de Dios ya sea en colores, jerga, vestimentas y música en común. Atraen a los pies de Jesús a esa generación que pide a gritos su razón de ser, que busca amor y completa comprensión, y que exige la verdad sin rodeos.

Jamás quiero decir que a ellos se les deje toda la responsabilidad. Este compromiso sigue siendo de todos. Sí tenemos que reconocer la inmensurable labor que ejercen bandas cristianas como: Zona 7, Forte, 33dc, Parousia, VCV, Alas de Aguila, Rescate, Torre Fuerte, Michael Rodríguez y tantos otros ministerios musicales.

Precisamente la historia principal (pág 42) de esta edición es una entrevista al grupo de Guatemala, Parousia. Le invito a conocerlos, y le aseguro que estos jóvenes le ayudarán a poner en perspectiva mis palabras.

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