Para romper las cadenas de esclavitud que Satanás tiene sobre su vida, lo único necesario es creer en nuestro Señor Jesucristo, porque Él ya rompió las cadenas en la cruz del Calvario y nos ha hecho libres.
Para tomar una decisión con respecto al cambio en su vida es necesario responder las siguientes preguntas: “¿Dónde quisiera estar mañana? ¿Quiero vivir como siempre he vivido?” Si su padre fue un mal negociante, usted no tiene por qué serlo. Si su madre vivió en temor, usted no tiene por qué vivir así. El Señor quiere que usted camine hacia su tierra prometida.
La visión es muy importante para establecer un objetivo claro en la vida del ser humano. Es vital que usted se visualice donde le gustaría estar. Para ello debemos diferenciar dos tipos de visiones: la visión natural y la espiritual.
Generalmente pretendemos ver la vida únicamente con los ojos naturales e inclusive nos ponemos lentes para ayudarnos a ver un poquito mejor. Con los ojos naturales vemos la vida de acuerdo a la mirada limitada de lo que podemos contemplar a nuestro alrededor.
Pero también están los ojos del espíritu. Estos son los que lo ayudarán a verse donde usted quiere y debe estar. Si usted no puede verse triunfante, victorioso...
Deseamos que siga leyendo este artículo o columna en la edición más reciente de Vida Cristiana digital. Si no se ha suscrito a la versión digital, le invitamos a que así lo haga, para que disfrute de los artículos más inspiradores y noticias más sobresalientes del mundo cristiano hispano. Suscríbase aquí.
Hace un tiempo leí una historia que me llamó la atención. Dice así: “Cierto preso por apoderarse de lo ajeno fue condenado a muerte, pero en su celda ideó un plan para conseguir la libertad. Llamó al alcalde y le dijo que era necesario que le permitiera ver al rey, pues tenía un secreto que no podía comunicarle a otro y que haría muy rico al rey y a su nación.
“Tratándose de un asunto tal, el condenado fue conducido a la presencia del monarca, a quien le reveló que era poseedor de un secreto mediante el cual el oro crecería como las uvas en las parras con tan solo sembrar una semilla que él tenía.
“Sugestionado por aquella revelación, el rey acompañado por sus ministros y por el preso se dirigió a las afueras de la ciudad a un lugar indicado por el preso, quien sacó de su bolsillo una moneda de oro, la que, según él aseguró, plantada en la tierra produciría un árbol en cuyas ramas crecerían monedas de oro. Cuando ya estaba todo listo para plantarla, el reo dijo que había una condición para que la moneda pudiera dar su fruto, y era que la mano que la plantara debía ser completamente pura, y nunca haber cometido ningún acto deshonesto. ‘Yo no puedo plantarla», aseguró el preso y se la entregó a su Majestad.’ El rey tomó la moneda con evidente nerviosidad y dijo: ‘Yo también me acuerdo que cuando era joven solía apoderarme de pequeñas cantidades del tesoro de mi padre. Por lo tanto creo que el primer ministro debe plantarla’.
“El primer ministro dijo: ‘Su Majestad, no querrá que este experimento tan importante sea expuesto a la posibilidad de fracasar por alguna falta de mi parte. Como yo recibo los impuestos estoy sujeto a muchas tentaciones, y es posible que mis manos no estén completamente limpias; así que, con su...
Deseamos que siga leyendo esta columna en la edición más reciente de Vida Cristiana digital. Si no se ha suscrito a la versión digital, le invitamos a que así lo haga, para que disfrute de los artículos más inspiradores y noticias más sobresalientes del mundo cristiano hispano. Suscríbase aquí.
Poner en práctica La excelencia debería ser un compromiso constante en nuestro camino. Debería atraer a los demás de la misma manera que las moscas son atraídas a la miel. El Señor es excelente en todos sus caminos, y todo lo que ha hecho lo hizo con excelencia. Somos sus representantes en esta tierra, y debemos manifestar su excelencia porque somos portadores de su gloria.
Biblia para la guerra espiritual - HD