Cambie su actitud

Dios usa cada circunstancia de nuestra vida para trabajar en nosotros.

Cuando reflexionamos en todo lo que ha sucedido en nuestra vida, y cómo Dios ha obrado de manera providencial, tenemos que darle gracias por su Hijo Jesucristo. Porque es por medio de Él y por la fe en Él que tenemos acceso a esa gracia que nos mantiene firmes, como declara Romanos 5:2-5.

Es posible que algunos se lamenten de su pasado; otros, su­pieron cómo sobreponerse y salir adelante; y otros, puede que sigan atrapados en las circunstancias que les han rodeados por años sin saber tan siquiera cómo salir de ahí.

He escuchado y visto a muchos creyentes que aún continúan batallando por años con los mismos problemas. Pero nunca se han preguntado: ¿Qué si el problema soy yo? Y me refiero, primordialmente, a nuestra actitud frente a las circunstancias de la vida.

La primera vez que entendí esto, mi esposo y yo estábamos pasando por diferentes situaciones a la misma vez: nuestras finanzas eran escasas, habían problemas en el ministerio que participábamos y, a la vez, gastábamos nuestras energías en “apagar fuegos” que surgían de momento en nuestro núcleo familiar. Por más que nos esforzábamos por hacer las cosas bien, más grave se ponían las situaciones. Me aferraba de las disciplinas espirituales que había conocido: guerra espiritual, ayunos, declaraba palabra sobre las situaciones, pero los problemas seguían ahí.

De pronto, llegó a mi espíritu un entendimiento que hasta ese momento no había conocido. Como si el Espíritu mismo me dijera: ¿Qué si estoy tratando con tu actitud frente a estas situaciones? ¿Qué si quiero que dejes de hacerlo tú y me dejes hacerlo a mí? ¿Qué si tienes que “morir a ti misma” como Jesús lo hizo? El problema no era las circunstancias, sino mi actitud frente a las circunstancias.

 

 

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