Se negó a cesar de insistirle a Jesús

Marcos 10:47 dice: "Y oyendo que era Jesús nazareno, comenzó a dar voces y a decir: ¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí!". Bartimeo estaba decidido a seguir tratando de alcanzar al Señor y pedirle, aunque era ciego y vivía cada día en una oscuridad que no cambiaba. Cuanto más sentía que la multitud lo estorbaba o que el Señor lo ignoraba, tanto más fuerte y audaz se tornaba. Como era ciego, no podía distinguir cuán cerca estaba de su respuesta. Sólo gritó persistentemente.

Del mismo modo, a menudo no distinguimos cuán cerca estamos de ser transformados y que tenemos a nuestro alcance el avance decisivo. Su clamor conllevaba un sentimiento de abandono. Era similar al clamor de Jesús en la cruz cuando dijo: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?" (Mateo 27.46). Solemos pensar del mismo modo, sintiendo que nadie conoce lo profundo de la oscuridad que estamos experimentando. Podría compararse con un niño perdido en una tienda, que no puede encontrar a sus padres.

La primera vez que Bartimeo"gritó"llamando a Jesús, dijo la palabra griega boao (Lucas 18.38), que significa gritar o clamar. Es una palabra fuerte que indica un clamor profundo y a voz en cuello. Y cuando más gente trató de hacerlo callar, él "gritó" mucho más, krazo (v. 39), que es una palabra griega totalmente diferente. Significa gritar en el siguiente nivel de intensidad e incluso hacer un escándalo. Ahora tenía que chillar aún más fuerte porque debía hacerse oír por encima de la multitud que le decía que se callara. Se negaba a aceptarlo. Esto es importante porque revela cómo tomó la decisión de no permitir que otros, o incluso él mismo, le impidieran ser transformado en la presencia del Señor. Inicialmente gritó fuerte, pero cuando se dio cuenta de que su momento de cambio se le podía escapar, usó un grito diferente. Fue un grito que atrajo la atención del Señor.

Marcos 10:51 dice: "Respondiendo Jesús, le dijo: ¿Qué quieres que te haga? Y el ciego le dijo: Maestro, que recobre la vista". Bartimeo no vaciló en decirle a Jesús lo que quería: quería cambiar; quería ver. Estaba cansado de andar en tinieblas y de tropezar por la vida. Esto es importante porque frecuentemente, hasta que decidamos que queremos cambiar, no lo haremos. Usted debe estar decidido a cambiar y estar insatisfecho con su estilo de vida o situación actual.

Jesús le preguntó a Bartimeo qué quería. Su respuesta al Señor en el versículo 51 fue específica cuando dijo: "Que recobre la vista". Cuando usted es específico con respecto a qué áreas realmente quiere cambiar, muestra la diferencia entre una decisión tomada con el corazón y una tomada con la cabeza. El nivel de clamor de Bartimeo revelaba la profundidad del deseo de cambiar que tenía desde su corazón. Cuando no es específico con respecto al cambio que se desea, entonces aún no es una decisión del corazón que traerá resultados satisfactorios.

Marcos 10:46 dice: "Entonces vinieron a Jericó; y al salir de Jericó él y sus discípulos y una gran multitud, Bartimeo el ciego, hijo de Timeo, estaba sentado junto al camino mendigando". Jesús estaba saliendo de Jericó, y para este mendigo ciego era ahora o quizás nunca. Jesús iba en dirección distinta, y Bartimeo tuvo que decidir que ahora -no más tarde- era la única forma de aprovechar su momento. Él podría haber usado cualquier excusa para no apropiarse de este momento. Muchos siguen manteniendo en el mismo estilo de vida, sin cambios, porque sienten que todo debe ser perfecto -incluso ellos mismos- antes de que el cambio pueda tener lugar en su vida.

Marcos 10:48 dice: "Y muchos le reprendían para que callase, pero él clamaba mucho más: ¡Hijo de David, ten misericordia de mí!". Si Bartimeo iba a capturar su momento y hacer que el Señor cambiara su vida, no podía molestarse por lo que le dijeran los demás. Con frecuencia, el diablo usará a otros, o incluso a espíritus demoníacos para decirnos que no sirve de nada, que dejemos de orar o que no esperemos un cambio. Bartimeo quería cambiar, y otros trataron de hacerle sentir que no era su momento para hacerlo. La verdadera conversión de su vida viene cuando usted está resuelto a cambiar y no se basa en los sentimientos de otros. Sólo usted puede iniciar el cambio que lo lleva de las tinieblas a la luz.

Marcos 10:50 dice: "El entonces, arrojando su capa, se levantó y vino a Jesús". La capa de este mendigo ciego era la cobertura de un hombre ciego. Se la usaba para muchas cosas, como por ejemplo para mantenerlo abrigado, y se la extendía para que los transeúntes depositaran dinero en ella. Al arrojar su capa a un lado, reveló que estaba listo para deshacerse de su "manto de seguridad" o prenda familiar. Nos ilustra una forma de salir de nuestra zona de comodidad para depender totalmente de la nueva vida que el Señor da.

Cuando se trata de cambio, puede ser instantáneo o puede suceder progresivamente a través del tiempo a medida que tomamos decisiones para ser diferentes cada día. Jesús escogió a un hombre llamado Simón, cuyo nombre significaba "que se inclina como un junco con el viento", y lo convirtió en un Pedro, que significa "la roca". Pedro tuvo que atravesar una serie de cosas que lo transformaron de alguien que era como un junco que volaba y se inclinaba en dirección al hombre, en una roca estable que más adelante se convirtió en un poderoso apóstol del Señor.

La Biblia dice que somos transformados a su imagen. El cambio no siempre es fácil, ni necesariamente agradable. Cuando nos tomamos en serio el hecho de cambiar y ser más como Cristo, como lo hizo Bartimeo, quizás haya quienes traten de desanimarnos. Pero no podemos inclinarnos ante su influencia. Cuando Bartimeo estaba clamando, la multitud intentó influenciarlo para que se callara. Es importante estar atento por si hay gente y cosas que le dicen que se calle o que se aleje de Dios en su momento de necesidad más urgente. Siempre hay quienes tratarán de desalentar su clamor radical hacia Él y querrán que lo modere hasta silenciarlo. Es importante clamar aún más, manteniendo la influencia mundana fuera de su vida y venciendo a la oscuridad como el ciego Bartimeo. Su disposición a hacer a un lado su propia seguridad le trajo aparejado un cambio permanente.


-- Extracto tomado del libro No deje de insistirle a Dios de Hank Kunneman. Una publicación de Casa Creación. Usado con permiso.

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