La influencia maternal

Imaginen un hermoso velero con enormes velas ondeando sobre la superficie de un amplio océano azul-verdoso. Fuertes ráfagas de viento soplan contra las velas, llenando las amplias lonas que impulsen el velero hacia nuevos y diferentes lugares más allá de cualquier puerto que nunca se haya visto.

Como madres, nuestra influencia afirmativa es como la brisa que firmemente envía el velero de la vida de nuestros hijos a través de las aguas de la vida. Ayudar a nuestros hijos a alcanzar sus destinos-para alcanzar todo el potencial que Dios les ha dado-es uno de  los aspectos con mayor recompensa en nuestro trabajo como madres. Pero es preciso tener cuidado. Es muy tentador imponer nuestras expectativas a nuestros hijos, tratando de empujarlos hacia la dirección que nosotros queremos, en lugar de guiarlos hacia la dirección que Dios tiene planeada para ellos desde el comienzo de los tiempos. Nuestro reto es aprender a ser el viento para sus velas sin soplarlas fuera del curso que Dios ha fijado en sus vidas.



En su libro Champions Are Raised; Not Born la nadadora olímpica Summer Sanders opina, tal como indica la traducción a español del título del libro: "Los campeones se hacen, no nacen". Ella explica que ser buenos padres es la clave que hace que las experiencias en la vida de los niños sean positivas y poderosas. Sanders ganó dos medallas de oro, una de plata y una de bronce en las Olimpiadas de 1992 en Barcelona, España. Ella considera que sus padres fueron una gran influencia  para ella, y que la ayudaron a alcanzar ese nivel de competencia mundial. Su madre y su padre no la forzaron a triunfar, simplemente la apoyaron gozosamente con motivación positiva y constante confianza asegurándole que ellos siempre la respaldarían ganara o perdiera.  Ella considera que sus padres le dieron lo que muy pocos hombres y mujeres jamás reciben: "La infinita satisfacción y la confianza en sí mismo que se logra cuando se hace lo que a uno le gusta y se sabe que se está alcanzando el potencial total".



En el campo de la educación, podemos aplicar esta idea para identificar los estilos de aprendizaje de nuestros hijos (auditivo, visual o quinestésico). En el área de personalidad, podemos aprender a tratar a cada niño según su temperamento  (ya sea colérico, sanguíneo, melancólico o flemático). Cuando se trata de habilidades y talentos, podemos dirigir a nuestros hijos hacia actividades en las cuales demuestren sus aptitudes, (como deportes, música, arte, drama, académicos, etc.). De manera que tenga presente los siguientes cuatro pasos: vea el potencial, ofrezca oportunidades para crecer, establezca metas realistas y apoye sus esfuerzos.

Nuestros hijos no son como los demás, no son como nosotros ni como nuestro esposo, ni como sus hermanos. No son clones de otros niños en la escuela o en la vecindad. Podremos ver similitudes entre ellos y otros, en apariencia, en temperamento o en aptitudes, pero nuestros hijos son individuos únicos con sus propias cargas de potencial y posibilidades.



Entonces para poder ser madres positivas necesitamos ser estudiantes de nuestros hijos. Para que los podamos ayudar a crecer y a madurar en todo lo que da su potencial, tenemos que conocer a nuestros hijos, comprenderlos y reconocer tanto sus áreas fuertes como sus debilidades. Debemos ayudarlos a descubrir sus tendencias. Una vez que se les señale la dirección que Dios ha establecido para ellos, entonces podremos ser el viento en sus velas, ayudarles a alcanzar sus destino son sus propias metas y sueños.



Nuestros hijos se están embarcando hacia una emocionante aventura. ¿Quién sabe lo qué les depara el futuro? Solo Dios; Aquel que construyó sus barcos, traza sus cursos y quien ahora nos da el privilegio de ser el viento en sus velas. ¡Cómo madres positivas, que nuestra afirmación, motivación y amor incondicional les ayuden a llegar a su destino!



--Artículo obtenido del libro El poder de una madre positiva de Karol Ladd. Una publicación de Casa Creación. Usado con permiso.

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