Beth Moore: De víctima a portadora de la victoria

La historia de esta maestra de la Biblia, escritora y ministro, demuestra que Dios es capaz de darle un giro grandioso a la vida de cualquiera que se lo permita.
Son tantas las mujeres que asisten a las clases bíblicas que ofrece Beth Moore cada otoño y primavera, que los autos no caben en el estacionamiento. Pero estas condiciones no las detienen, ni a algunos hombres que también asisten. A lo que ella comenta: "Si un hombre viene a mi clase, se atiene a una conversación de mujeres, ahí se dará cuenta que está viniendo a un ambiente donde el ministerio es hacia las mujeres".

Pero el hecho que los hombres quieren asistir es un testimonio de la universalidad del mensaje de Beth, el cual en sus propias palabras es: "No importa en qué estado se encuentre, Jesucristo lo quiere a usted, y desea redimir su vida".

Ella describe las clases como "un estudio bíblico de la comunidad donde todas las denominaciones están presentes". La denominación no es la única variable. La diversidad de los grupos que llenan el santuario es una mezcla de jóvenes y mayores; profesionales y clase trabajadora; evangélicos, pentecostales-carismáticos; negros, blancos, asiáticos e hispanos.

¿Por qué tantas mujeres de diferentes trasfondos vienen a escuchar a la aclamada y eficaz ministro que antes sólo se conocía dentro de los círculos de la Iglesia Bautista del Sur? Fácil. Ella es brillante, cómica, franca y compasiva.

"La única razón por la cual empecé a enseñar en la escuela dominical es porque me rechazaron en el coro de campanas", confesó riéndose a carcajadas.

Vestida más bien como la instructora de aeróbicos que solía ser que una ministro, ella sabe llegar a las mujeres justo en el lugar donde se encuentran, con sus luchas y demás, y les deja saber que ella también ha estado allí. No se enfoca en asuntos doctrinales que distancian, sino que a propósito evita tópicos que desunen el Cuerpo de Cristo.

"Mi corazón es que estemos unidos", señaló. "Quizás interpretamos las cosas de manera diferente, pero podemos tener apreciación por los puntos de vista de unos y otros."

Pero lo más que atrae de los estudios bíblicos de Beth semana tras semana, es su desmedido amor por Dios y Su palabra, y su habilidad para compartir ese amor con su audiencia.

"Usted y yo hemos sido creadas para la pasión así que la vamos a encontrar, de una manera u otra", le expresó Beth a las damas. Su meta y el empuje de su ministerio, es ayudar a encontrarla a través de una relación con Él--a través de un intenso e imparable estudio de la Palabra.

Impacto mundial

Al día de hoy Beth, de 46 años de edad, ha sido muy exitosa en alcanzar esta meta. Mujeres alrededor del mundo están usando sus nueve manuales de estudio bíblico que han vendido más de 4.5 millones de copias desde que se publicó el primero, A Woman's Heart: God's Dwelling Place, en 1995. También están leyendo sus libros, como el que fue nominado para el medallón de oro Jesús, sólo Jesús; la escuchan en las conferencias de su ministerio Living Proof Live y otras alrededor del país; otras visitan su página de internet donde de paso son salvadas, sanadas y liberadas de cualquier atadura.

Una dama que comparte el mismo nombre y apellido de la autora quedó tan impactada que escribió: "A principios de noviembre del 2002, me topé con su página de internet (www.believingGod. com). Escuché su invitación para aceptar a Jesús aquí sentada en la sala de mi casa, no estaba segura si era así de fácil. Pero usted dijo: 'Por favor ore conmigo', y así hice. Beth, no le puedo explicar cuanto mi vida a comenzado a cambiar en apenas un par de meses. ¡Dios es muy bueno...muy bueno!"

Beth siente tanta pasión por ayudar a las mujeres a establecer y fomentar una relación con Cristo que hace llamados al altar para recibir salvación cada vez que ministra. En realidad son pocas las veces que acepta invitaciones para hablar en conferencias donde no se da esta oportunidad. "Voy tras dos cosas", manifestó. "Voy tras darle la prioridad a la alabanza y estar en la Palabra de Dios. También quiero una invitación a la salvación."

El deseo de Beth es enfocarse en estos dos propósitos, por eso es que mayormente participa en las conferencias que organiza su ministerio, las cuales planifica LifeWay, la casa editorial de sus manuales de estudio.

De la misma manera que su carrera como conferencista ha crecido dentro de los bordes de los EE.UU, también le están surgiendo invitaciones en el extranjero. En los últimos años ha enseñado en Israel, Grecia, Inglaterra, Alemania, Filipinas, Singapur, Suiza y Sur África.

No cabe duda que el ministerio de Beth está haciendo la diferencia. En una reciente encuesta hecha por la revista norteamericana Today's Christian Woman (La Mujer Cristiana de Hoy), se le catalogó como la tercera en la lista de mujeres que han tenido un gran impacto en la vida de los lectores en los pasados cinco años, sólo la precedían la ministro carismática Joyce Meyer y Stormie Omartian, autora de El poder de la esposa que ora y otros títulos similares. La revista Christian Reader la nombró como la "Maestra de la Biblia de EE.UU". Su alma máter, la Southwest Texas University, la nombró alumna distinguida del 2001 y la Howard Payne University en Brownwood, Texas, le concedió el grado honorario de doctora en humanidades.

Un comienzo inverosímil

¿Cuál fue la respuesta de Beth a toda esta notoriedad hacia sus enseñanzas? No podía estar más sorprendida. Ambos, ella y Keith, su esposo desde hace 25 años, están maravillados con la manera en que Dios la está usando. "Sabemos que es un milagro porque nuestra vida ha sido extraída del abismo", señaló.

Cuando Keith leyó sobre su esposa en el artículo de portada de la revista Christian Reader, comenzó a llorar, confesó Beth. Ambos se pusieron de rodillas y clamando dijeron: "¡Ayúdanos Dios a no avergonzar el Cuerpo de Cristo!"

Beth explicó: "No esperábamos ese artículo porque no me entrevistaron. En cierto modo quiero pensar, Si soy la Maestra de la Biblia de los EE.UU., ¡el país está en problemas!".

El asombro de Beth es entendible, considerando sus comienzos. Nacida, según sus propias palabras, como la hija de un oficial del ejército en Green Bay, Wisconsin y criada en el pequeño pueblo de Arkadelphia, Arkansas, dio muy pocos indicios de su futuro cuando más joven. La cuarta de cinco hijos, era tan introvertida que casi no hablaba.

"Era la niña más insegura que se puedan imaginar", manifestó Beth. "Era bien tímida y a punto del llanto todo el tiempo, y me halaba los cabellos por montones."

Beth no fue siempre así. Su mamá Aletha Green, quien falleció en 1998, le contó que en sus primeros años no tenía miedo de expresar cómo se sentía. Hasta tuvo un hábito que quizás fue el más profético en cuanto a lo que se aproximaba. Constantemente escribía garabatos en bloques de papel que le rogaba a su mamá que le trajera del supermercado. Incluso antes de aprender a escribir se inventó su propia cursiva y redactó historias originales.

"No fueron cosas espirituales, sino simples historietas", señaló Beth. "Pero más tarde las podía sacar y en mi mente sabía qué había escrito."

Su tendencia natural a hablar se vio suprimida cuando comenzó a sufrir abuso antes de los cincos años por una persona cercana a la familia. El abuso fue intermitente, pero duró hasta poco antes de terminar la escuela elemental. Esa experiencia tuvo un impacto devastador en su personalidad. "Me encerré en mí misma por completo", manifestó. Beth añadió: "También tuve momentos maravillosos durante mi niñez. Pero cuando eres victimizada eso opaca lo demás. Sucedió tan temprano en mi vida que se alojó en la fibra que me indicaba cómo relacionarme con los demás. Formó mi manera de verme y cómo me sentía por los demás. Cuando tenía siete años, sentía tanta vergüenza de mí misma y no podía articular por qué. Recuerdo estar sentada en la iglesia, sujetándome la cabeza y pensando, Alguien sabrá. Vestía un manto de vergüenza, fue terrible."

Como si la victimización no fue suficiente para hacerla que se apartara, a los cinco años tuvo un accidente que hizo que sus dientes de leche se le incrustaran en las encías. Cuando le salieron los dientes permanentes, en vez de nacerle perpendiculares le crecieron hacia afuera. Fueron tantas las burlas en la escuela que sus padres tuvieron que llevarla a un ortodoncista.

A manera de justificar el tiempo y el gasto requerido, Aletha le dijo a su esposo, Albert: "Tú no sabes si Dios va a usar su boca algún día".

"Pensaba, ¿Usar mi boca?", manifestó Beth. "Esta era la niña que se cubría los labios con sus manos en todo momento. Nunca las bajaba. No me gustaba hablar en voz alta."

En cuanto a las palabras de naturaleza profética de su mamá, Beth comentó, "Pienso que es tan cómico porque ¡wao y cómo se abrió mi boca!"

De la derrota a la victoria

Como muchos niños que son víctimas, Beth no le compartió a nadie, ni a su familia, el abuso que estaba viviendo. No se dieron cuenta del interminable círculo de derrota--un patrón habitual de pecado, remordimiento y arrepentimiento que ella describe como peor que el mismo abuso--que experimentó en sus años de adolescencia y a principio de sus veinte.

Beth trató de ignorar su pasado, indicó, porque por muchos años pensó que ese era el objetivo de la vida cristiana--olvidarse de eso y cubrirlo con manifestaciones externas de religiosidad. Pero cuando llegó a los 30, se vio forzada a "lidiar con sus cosas", expresó.

"Ese monstruo que había estado tratando de esconder por tanto tiempo se levantó como un Goliat de nueve pies y de repente todo mi pasado regresó. Pasé por una temporada de total desesperanza." Interesantemente, esa temporada empezó a finales de los años ochenta, justo después que Beth escribió su primer estudio bíblico, pero antes de ser considerado para publicarse. Ella no tenía idea que Dios estaba a punto de desarrollar su llamado como escritora y ministro de la Palabra, pero dice que el enemigo sí.

"Ahora sé sin duda que fue el enemigo detrás de mí, su meta era destruirme", señaló. "Sabe la gran amenaza que es para él cualquiera que aprende a manejar la espada del Espíritu."

Beth cree que Satanás sabía que al ella estudiar la Palabra, y animar a otras a que hicieran lo mismo traería sanidad, y él quería prevenirla de continuar su trabajo. Pero sus ataques, en vez de causar que se detuviera, sólo le dieron más determinación para buscar más de Dios. En ese tiempo ella había estado estudiando las Escrituras intensamente por cinco años bajo el tutelaje de Buddy Walters, el hoy pastor de la iglesia Triangle Community en Raleigh, Carolina del Norte, quien dio una clase de doctrina bíblica en la Primera Iglesia Bautista del Sur de Houston. Su amor por la Palabra inspiró tanto a Beth que ella cuenta que después de la primera clase corrió a su auto, cerró la puerta, miró al cielo y dijo: "No tengo idea de qué fue eso, pero yo lo quiero".

El Señor respondió instantáneamente a su oración. "Fue como si el Señor hubiese agarrado un fósforo encendido y lo clavara en mi corazón, y una aventura amorosa se inició", manifestó Beth.

"Hasta el día de hoy todavía no me siento satisfecha, quiero más. Amo la Palabra de Dios. Me encanta buscarlo a través de las Escrituras y compartirle a otros sobre Su palabra."

Esta experiencia "fue el principio de la sanidad para mí", confesó Beth. Mas la liberación completa no se dio hasta que aprendió, a raíz de sus propios estudios, sobre la importancia del Espíritu Santo en la vida del creyente--algo que no se enseñaba comúnmente en su iglesia cuando ella se criaba.

Fue lo que marcó la diferencia entre vivir un ciclo de vida de derrota y caminar en victoria, señaló Beth. "Aparte que al Dios exponer la víctima en mi corazón y al ir sanándome, me enseñó el rol del Espíritu Santo y el poder de Su palabra. Comencé a orar para que mi carne autodestructiva fuera crucificada, que el Espíritu del Dios vivo fuera resucitado en mí y que comenzara a vivir en mí, esto causó una diferencia del cielo a la tierra."

Mirando retrospectivamente, Beth agradece que su sanidad fue un proceso y no un suceso instantáneo. "Ahí fue cuando aprendí a vivir de Él, fue cuando me enamoré apasionadamente de mi Señor. Fue en ese momento que comencé a recibir Su Espíritu como RCP (Resucitación Cardiopulmonar) --y eso me transformó totalmente."

Dado que Dios la ha redimido completamente de su turbulento pasado, Beth se siente llamada a ser una "prueba viviente" de la verdad que predica dondequiera que va--que Dios transforma vidas y que usará a cualquiera que se lo permita. "Ese es mi testimonio", señaló. "Eso es lo que voy a gritar desde el tope de la montaña hasta el día que muera, que Dios liberará y salvará a cualquiera y usará a cualquiera que coopere con Él. Lo sé porque lo hizo por mí--y Él no tenía nada bueno con lo cual trabajar aquí."

Desde que fue sanada, Beth también ha superado otros retos difíciles, incluyendo la pérdida de un hijo adoptivo cuya madre biológica lo quiso devuelta, el fallecimiento de su mamá por cáncer y la pérdida de una compañera de trabajo y amiga íntima a quien el Señor la impulsó a iniciar su propio ministerio. Aún así ella no ha regresado al ciclo de derrota que experimentó en el principio de su vida.

Su victoria envía un mensaje alto y claro a las mujeres que están luchando con circunstancias difíciles: Dios no sólo tiene una respuesta, Él es la respuesta.

Como para resaltar la magnitud de lo que ha hecho por ella, Dios recientemente la llevó de regreso al pueblo donde se crió y allí se presentó como escritora, maestra de la Biblia y la fundadora del ministerio Living Proof. Diez mil personas fueron a escucharla.

En la recepción una vez terminado el evento, una mujer se le acercó y le dijo: "Quiero que conozcas a mi amiga. Ella da clases con tus estudios bíblicos en la vieja iglesia a la que asistías en Arkadelphia." Beth se emocionó a enterarse que los materiales que ha escrito se están usando en el mismo lugar donde ella sufrió tanta vergüenza de joven.

Fue un momento determinante, según puntualizó. "Fue en ese instante que confirmé que Dios le había dado un giro total a mi vida--y verdaderamente había hecho un milagro en mí."


Apoyo familiar

Cuando Beth Moore enseña se encuentra sola en la tarima, sin embargo, su esposo y sus hijas juegan un papel crucial tras bastidores.

El esposo de Beth Moore, Keith, no ministra junto a ella cuando está en el púlpito. Así tampoco sus hijas Amanda y Melissa. Mas todos son parte vital del ministerio, y desde un principio, según señala Beth. Cada uno apoya lo que ella hace.

"Mi esposo no trabaja para el ministerio y tampoco es parte de alguno en específico excepto que sea para apoyar el mío", manifestó. "Él está en la junta directiva, y es el esposo más maravilloso."

Según Amanda, 23, su mamá no está exagerando. "Papi es el fanático número uno de ella", señaló. "Él la admira al ver cómo Dios la usa."

El único momento que Keith expresó objeción, fue a principios cuando Beth tan pronto Dios se lo pidió dejó de dar clases de aeróbicos y empezó a escribir estudios bíblicos. Esas clases al menos traían al hogar un poco de dinero extra. En ese tiempo, los manuales de enseñanza bíblica no eran publicaciones que la gente compraba; eran una herramienta de estudio que ella preparaba gratis para las damas que estaban asistiendo a sus clases bíblicas los jueves en la mañana en la iglesia Metropolitan Baptist de Houston.

Keith no entendía la disposición de Beth de invertir tanto tiempo en un proyecto por el cual no le estaban pagando. "Él no comprendía por qué yo trabajaba tan duro sin recibir nada", comentó Beth.

A pesar de su resistencia inicial, ella ha contado con "todo su apoyo y gozo" según explicó. Tal vez eso se deba a que está tan convencido como Beth del mensaje que Dios le ha dado a ella.

"Mi esposo diría lo mismo que yo", expresó. "Nosotros no nos apuntamos para esto, no lo buscamos, ¡no sabemos ni que hacemos aquí! Somos dos vidas que han sido extraídas del abismo. Simplemente queremos que la gente sepa que hay redención plena en Jesucristo."

Keith no es el único que cree en lo que Beth está haciendo. Amanda, quien ahora trabaja para el ministerio Living Proof, y Melissa, 20, estudiante de teología en el Instituto Bíblico Moody de Chicago, desarrollaron "una profunda admiración y un llamado por y para esto", dijo Beth.

"Ambas apoyan al cien por ciento el ministerio, y qué es lo que esta familia ha sido llamada a representar, lo cual es la gracia de Dios para cualquier buscador...En igual medida todos sentimos esto muy fuerte en nuestros adentros."

Amanda concuerda. Ella está muy contenta por el impacto que el ministerio de su mamá ha tenido especialmente entre jóvenes universitarias, según compartió. Recientemente se graduó de la Texas A & M University, donde pudo apreciar cómo las enseñanzas de Beth han cambiado la vida de las estudiantes.

Aun en sus comienzos, las niñas ya aceptaban el llamado de su mamá. Parte de la razón por la que nunca desarrollaron ningún resentimiento contra ese llamado es porque el impacto inicial que tuvo en sus vidas fue mínimo. Aunque Beth tuvo sus primeros compromisos como conferenciante a principios de la década del ochenta, cuando estaba embarazada de Melissa, la mayoría de las actividades de su ministerio comenzaron a surgir cuando ya las niñas estaban en la escuela. No fue hasta que estaban en la intermedia que ella empezó a escribir de tiempo completo.

"Uno casi puede mirar el crecimiento del ministerio según la altura de las niñas", manifestó Beth. "Literalmente, creció a medida que ellas crecían."

Periódicamente en los fines de semana cuando las niñas estaban pequeñas, Beth viajaba a ministrar, pero siempre salía los viernes en la noche y regresaba los sábados en la tarde así no se alejaba de su familia por mucho tiempo. El resto del tiempo se dedicaba a ser una ama de casa. Cuando sí tenía que viajar, sus hijas seguían su estilo de vida "completamente normal", comentó Beth, ya que Keith tomaba las riendas y se encargaba de que así fuera. "La única diferencia es que sus cabellos lucían muy diferentes", expresó en broma la autora.

Según la perspectiva de las hijas el único sacrificio ha sido la ocasional falta de privacidad en lugares públicos, aunque ambas admiten que los beneficios han sido mayores. "Desde que tengo uso de razón mi mamá ha estado enseñando", expresó Amanda. "Nuestra familia se ha sacrificado, pero las bendiciones que hemos recibido han sido mucho mayores."

Melissa estuvo de acuerdo: "Ha sido un placer dejarla que proclame la obra redentora de nuestro Salvador, nunca me arrepentiré de eso. El testimonio de las damas que han aprendido a encontrar esperanza en la Palabra de Dios a través del ministerio de Mami nunca dejarán de sobresalir sobre los pocos retos que hemos afrontado como familia".

Según Beth, ambas han sido "maravillosas" en todo. "Creo que Dios escoge a los hijos para un ministerio como este tanto como escoge al cónyuge y a los padres", manifestó.

Aunque han experimentado ciertos desafíos a raíz de los compromisos para enseñar, Beth piensa que ha habido un propósito para ello. La cantidad de mujeres cuyas vidas han sido transformadas a raíz de su ministerio apoya su alegría de que sus hijas "invirtieran en el Reino cada vez que le dieron a su mamá un beso de despedida".


Maureen D. Eha, la editora asociada de las revistas Charisma y Spirit Led Woman, logró esta entrevista exclusiva, ya que Beth Moore no suele conceder audiencias con los medios.
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