
Cuando comencé mi carrera de orador, creía que motivar a las personas era la clave para ayudarles a tener éxito. Si consigo que avancen en la dirección correcta, pensaba, tendrán éxito. Hacía todo lo que podía para dar a las personas razones por las que trabajar duro. Intentaba hacerles reír, intentaba tocar su corazón.
¡El liderazgo es guiar! Identificar, desarrollar, capacitar y preparar a sus reemplazos como líder es una de las más importantes aportaciones al mundo.
Imagínese que su jefa lo ascendiera y llegara a su oficina el día en que comenzó a trabajar en su nuevo puesto y dijera: “¡Felicidades! Ahora usted es un líder de servicio que está en su lugar de liderazgo, persiguiendo la visión y llevando a cabo el plan. Parece que usted realmente conoce su propósito y tiene un don extraordinario en este campo de liderazgo. Sin embargo, no se acomode. Es tiempo de comenzar a preparar a sus sucesores”.
Se cree que Salomón escribió los primeros veintinueve capítulos de Proverbios y Eclesiastés, libros identificados por los eruditos como literatura de sabiduría bíblica. Proverbios consta de treinta y un capítulos, los dos últimos añadidos por una persona desconocida (tal vez hombres del rey Ezequías).
Mucho se ha hablado en estos últimos tiempos de un llamado “mover profético”. Sin embargo, permítanme hablarles de este tema a la luz de las Escrituras. La Biblia nos habla en Efesios 4:11 de los cinco cargos ministeriales: apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros; éstos son los cinco cargos principales de liderazgo en la Iglesia. Todos tenemos un llamado de liderazgo, por eso Jesús dijo: “Id, y haced discípulos a todas las naciones”. El discípulo, una vez es entrenado, se convierte en un líder ejerciendo de una manera u otra uno o varios de los cinco cargos ministeriales.
La Universidad
Oral Roberts (ORU por sus siglas en inglés) ha nombrado a William
"Billy" Wilson, de 54 años, como su cuarto presidente, comenzando el
1º de julio. ORU anunció el sucesor de Mark Rutland en una conferencia de
prensa ayer en el campus de Tulsa, Oklahoma.

Dios me hablo en una ocasión de que hay tres cosas que permanecerán para siempre: la fe, la esperanza y el amor (vea 1 Corintios 13:13). Dijo que el mundo tiene a la esperanza como un acontecimiento futuro, un deseo de lo mejor, y que tiene fe basada en lo que sucedió en el pasado. Dios me dijo: “Ese es el orden equivocado”. El mundo utiliza la palabra esperanza en el contexto de expresiones de deseos o expectativas dudosas acerca de lo que ocurrirá. Utiliza fe, enraizada en el pasado, para lo que ha sido. Un ejemplo podría ser: “Tengo fe en los bancos porque nunca han perdido mi dinero”, o “Tengo fe en la estabilidad del gobierno porque no ha habido disturbios últimamente”. Sin embargo, ninguno de estos conceptos puede producir poder. El concepto cristiano es completamente diferente, o debería serlo. Dios dijo que la verdadera función de la fe debería ser futurista, y la esperanza debería estar basada en el pasado, en lo que Jesús ya logro en la cruz. Esta esperanza entonces llega a ser una “segura y firme ancla del alma” (Hebreos 6:19). En esta configuración, tanto la fe como la esperanza ahora son creativas y tienen sustancia, “la certeza de lo que no se ve” (Hebreos 11:1, NVI). Aunque la esperanza trata de algo que estamos buscando, tiene su expectativa basada en algo solido y ya cumplido: la muerte y la resurrección de Jesús.
Biblia para la guerra espiritual - HD