Cómo es profanado el templo de Dios

Cuando la persona salva invita las cosas del mundo a entrar en su vida, deshonra su cuerpo.

Es necesario definir el templo para comprender cómo es profanado y defendido. El templo en que Dios vive hoy sobre la Tierra es el cuerpo de un creyente nacido de nuevo. Cuán sobrecogedora es esta idea de que Dios realmente mora en el creyente por su Espíritu Santo. Esto puede resultar confuso para algunos que formulan la pregunta: "Si el Espíritu Santo de Dios vive en mí, ¿cómo podrían también entrar en mí espíritus malignos?". ¿Cómo pueden el pecado y las ideas malvadas vivir en el templo de Dios? Los espíritus malignos pueden acceder al templo exactamente como las ideas malvadas y las acciones pecadoras: por decisiones que tomamos y puertas que abrimos.

Nuestro cuerpo es una trinidad; somos tres en uno. Somos un espíritu que tiene un alma que vive en un cuerpo. La mejor comparación que conozco es mirar a nuestro cuerpo, o más correctamente, a nuestro ser, como un tabernáculo o templo, como Pablo lo llama en 2 Corintios 5:1: "Porque sabemos que si nuestra morada terrestre, este tabernáculo, se deshiciere, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna, en los cielos". ¿Recuerda usted el tabernáculo del Antiguo Testamento? Tenía tres partes: un patio exterior, el lugar santo y el lugar santísimo. El lugar santo era dos veces más grande que el lugar santísimo.

El tabernáculo es una ilustración de nuestro ser. El patio representa nuestra carne, el lugar santo representa nuestra alma, y el lugar santísimo representa nuestro espíritu. El lugar santísimo es donde mora el Espíritu de Dios. Es importante comprender cómo se profana el templo. ¿Dónde vive en el creyente el Espíritu de Dios? ¡En nuestro espíritu! No en nuestra alma y carne; ésa es la parte de nosotros que podemos entregar a Dios o a la desobediencia.

Nuestra alma está formada por nuestra mente, voluntad y emociones. Nuestra carne es lo que puede ser visto, tocado y sentido. Tiene sustancia. El espíritu no tiene ninguna sustancia; es intangible. Es nuestro espíritu el que ha nacido de nuevo, y es en nuestro espíritu donde el Espíritu Santo de Dios establece su residencia. Quizás el espíritu es también el "hombre interior." Es muy importante comprender que somos una trinidad.

Somos un ser tripartito. El espíritu ha nacido de nuevo, y el alma y la carne están "siendo salvadas" cuando nos negamos a nosotros mismos y nos conformamos a la imagen de Cristo. Son el alma y la carne las que pueden ser habitadas por poderes demoníacos. Es en el alma donde tiene lugar la batalla espiritual, y, con frecuencia, se manifiesta en la carne.

La mente es el campo de batalla. La mente y el cerebro están separados, pero no puedo demostrarle científicamente cómo sé esto. El cerebro es físico; la mente es almática. Las semillas del pecado están en la mente, mientras que el fruto del pecado puede ser manifestado en la Carne. Los demonios no pueden poseer a un creyente, pero pueden "oprimir" a creyentes, y lo hacen, y la opresión tiene lugar en el cuerpo y el alma.

¿Usted recuerda cuánto se enfadó Jesús cuando entró en el templo y lo vio "profanado" por los que compraban y vendían y por los cambistas?

"Y entró Jesús en el templo de Dios, y echó fuera a todos los que vendían y compraban en el templo, y volcó las mesas de los cambistas, y las sillas de los que vendían palomas; y les dijo: Escrito está: Mi casa, casa de oración será llamada; mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones. Y vi nieron a él en el templo ciegos y cojos, y los sanó" (Mateo 21:12-14).

 

Deseamos que siga leyendo este artículo o columna en la edición más reciente de Vida Cristiana digital. Si no se ha suscrito a la versión digital, le invitamos a que así lo haga, para que disfrute de los artículos más inspiradores y noticias más sobresalientes del mundo cristiano hispano. Suscríbase aquí.

Lea Más


anuncio
anuncio
Vuelva a la página de inicio